La violencia juvenil que vive Puerto Rico actualmente es un problema que va más allá del hogar, apuntaron profesionales que trabajan con el tema. Es una combinación de factores estructurales, económicos, de desigualdades y la irresponsabilidad del Estado; que generan un panorama complejo y deja expuestos a niños y jóvenes todos los días.

Sin un compromiso real por parte del gobierno y las comunidades, y sobre todo que se desarrollen estrategias y protocolos efectivos para erradicar la situación, la niñez seguirá cargando con las fallas del sistema, al menos así coincide el Frente Amplio de Acción Social, un grupo multisectorial comunitario e interdisciplinario que analizó el escenario de recrudecimiento de la violencia juvenil.

“El entorno en donde vivimos es uno de muchas desigualdades y exclusión. Mientras más desigualdades económicas y socioeconómicas, más vamos a ver un alza en muchos de estos síntomas sociales. […] Las escuelas vendrían siendo un reflejo de toda la violencia estructural”, explicó la doctora Nellie Zambrana, psicóloga educativa.

Ambientes de precariedad desembocan en muchos estresores entre personas que viven en desigualdades económicas y bajo niveles de pobreza. De acuerdo con el doctor Eduardo Lugo, profesor y especialista en psicología social comunitaria, en los últimos 15 años las tasas de pobreza en el archipiélago se han mantenido por encima del 50 por ciento en las niñeces y las juventudes. Pero, no se ve el sentido de urgencia -por parte del gobierno- de atender el problema con premura.

“No quiere decir que las personas pobres son violentas. Quiere decir que los ambientes en los que se propicia la pobreza desemboca en estresores, que a la vez inciden en cómo se sienten, procesan sus emociones o cómo obtienen los recursos para trabajar con estrategias preventivas”, sostuvo Lugo. 

Esta suma de factores se proyecta, en ocasiones, en el entorno escolar. En las últimas semanas Puerto Rico se ha levantado con noticias desalentadoras que ocurren en o fuera de las aulas. 

La violencia en el entorno escolar

Para la doctora Ángeles Acosta, especialista en Autismo y Diversidad Funcional, lo que se ha visto sobre los incidentes de acoso escolar, por ejemplo, demuestran que los protocolos actuales no están funcionando, especialmente contra una población muy vulnerable: los niños y niñas con necesidades especiales. 

Dentro de los contextos escolares, estos menores no tienen protecciones, aún cuando las estadísticas del 2020 planteaban que una tercera parte del estudiantado forma parte del programa de educación especial.

“El problema de la violencia que pueda generar un niño, niña o adolescentes es multifactorial y no podemos verla desde una perspectiva simple. Hay factores que están fuera del contexto escolar, que tienen que ver con la comunidad, con el Estado, con la pobreza. Es una situación compleja”, precisó Acosta. 

Otro tema que aún no parece abordarse con urgencia por el Departamento de Educación es el acoso racial. Sobre esto, la doctora Edda López, activista de derechos humanos y antirracista, dijo que la agencia escolar normaliza que haya ese tipo de violencia dentro de su sistema. 

Ante esto, muchos niños y niñas negras enfrentan cotidianamente el acoso de sus pares sin que se vean consecuencias sobre quien perpetúa el patrón.

“Es importantísimo que el Secretario de Educación y toda su agencia reconozca que se crean unas huellas emocionales, que muy probablemente tomarán tiempo en sanar”, reiteró López.

No hay una reflexión personal ni institucional de cómo se siguen perpetuando los prejuicios raciales en un Puerto Rico que supuestamente está mezclado, pero que le niega la dignidad a las personas negras, incluyendo a las infancias y juventudes”, puntualizó. 

Si bien mucho se dice que ‘las escuelas son reflejo de la violencia social’, la profesora y activista Lourdes Torres, representante de Educamos, cuestionó si no es también el gobierno (y sus instituciones y corruptibilidad) síntoma o reflejo de esto. 

No se puede creer que la escuela es la única institución llamada a reparar cualquier asunto sobre la violencia, dijo. 

Hay un ejemplo de complejidad que estamos olvidando. Son todas las instituciones del gobierno, desde las universidades hasta la oficina de Salud. La violencia son un montón de cosas que estamos viviendo y percibiendo”, continuó.

En términos de coyuntura geopolítica está es una realidad inherente y, además, la orden del día. Entonces, las poblaciones juveniles son las que más rápido son señaladas. 

“Es bien importante dejarle claro a la población que el Departamento de Educación, como proyecto educativo de país, dejó de ser nuestro hace mucho tiempo. Pienso que, desde hace unos 30 años, ha habido unos planes más meticulosos de restarle autonomía a las comunidades escolares en Puerto Rico”, afirmó Torres.

Sobre quienes quienes buscan responsabilizar exclusivamente a madres, padres y cuidadores, les recordó que es esencial mirar al tejido social, en el que hay tres elementos responsables: las secuelas de mano dura del Estado hacia poblaciones vulnerables, el desmembramiento social de las olas migratorias y los recortes, las políticas de austeridad y el costo de vida.