La crisis gubernamental, los sismos y el huracán María, en estos últimos años, podrían propiciar el desarrollo de estrés colectivo, el que a su vez puede generar síntomas de trastorno de estrés postraumático (PTSD), de manera individual, según expertos entrevistados por Es Mental.

A esto se suma la “desestabilidad” que surge cuando ocurren eventos, como los sismos recientes, que acaban con las rutinas a las que la sociedad se encuentra acostumbrada, según el doctor en antropología social, Martín Cobián Rivera.

“Observar a una persona en una situación de estrés puede ser suficiente para hacer que nuestro cuerpo libere cortisol, que es la hormona del estrés”, explicó la psicóloga Myriam Pérez Ruiz. “Nuestro cerebro no sabe distinguir entre lo que es una amenaza real y una amenaza imaginaria”.

El PTSD es un trastorno que surge luego de atravesar un momento traumático en el que el bienestar físico corre peligro, definió la psicóloga. El trauma puede sufrirlo la persona en carne propia o por medio de un familiar. El estrés colectivo, por su parte, es un conjunto de síntomas somáticos que el afectado transmite a las personas con las que entra en contacto.

Curiosamente, en términos neuropsicológicos, el estrés colectivo se origina en las neuronas espejo. Pérez Ruiz mencionó que estas neuronas reflejan o imitan todo lo que el individuo ve. Por ejemplo, si una persona llora o ríe es probable que la otra lo haga también.  

“Eso aplica a personas, que conforme a su labor, están expuestas a estresores”, como por ejemplo, los policías que trabajaron durante la emergencia del huracán María, mencionó. Igualmente, “los que están expuestos a escenas que podrían ser traumáticas”.

Para subsanar los traumas que podrían ocasionar PTSD, es importante que se provea seguridad, esperanza y estrategias de manejo de ansiedad, recomendó el psicólogo clínico Domingo Marqués Reyes.

“Si tú me preguntas a mí, te diré que tenemos que proveer seguridad, esperanza y estrategias de manejo de ansiedad. Eso también va a aumentar lo que conocemos como el crecimiento postraumático”, opinó en referencia a los refugios que se han establecido al sur de la isla tras los sismos registrados en esa zona.

El crecimiento postraumático es un término que se utiliza en la psicología para enmarcar el desarrollo personal o grupal que se vive una vez se enfrenta un trauma. Los boricuas que se han lanzado al sur a llevar suministros tras los sismos sentidos lo ejemplifican.

Organizaciones sin fines de lucro, empresas privadas, gremios profesionales e instituciones académicas han conducido a los refugios en el sur de la isla a entregar suministros a los damnificados por la secuencia sísmica que comenzó el 28 de diciembre de 2019.

“Si la gente ve cada día que el refugio mejora, que la gente se va moviendo; si en ese refugio se dan charlas para manejar la ansiedad, definitivamente”, disminuirán las probabilidades de desarrollar síntomas de PTSD, opinó.

Sin embargo, “en donde no lo haya, aumentan las probabilidades”, advirtió el también profesor de la Universidad Carlos Albizu.

Marqués Reyes dijo que la exposición constante a personas con traumas similares o iguales en los refugios disminuye la esperanza que es necesaria para subsanar o evitar el potencial desarrollo sintomatológico de PTSD. Instó a que las instituciones tomen acción al respecto.

El pasado viernes, 24 de enero, los campamentos base de los damnificados por los sismos, en Yauco y Ponce, se inundaron por las torrenciales lluvias. Algunos damnificados perdieron lo poco que perdían, mientras otros durmieron con los pisos de sus casetas mojados. 

 “Normales” las protestas

El surgimiento de campamentos gestados por la ciudadanía al sur de Puerto Rico en reacción a los temblores refleja un intento de volver a la “normalidad”, según el doctor en antropología social, Cobián Rivera. 

“Cuando el Estado entra en crisis, es natural que la gente se organice para demandar lo que el estado no está a sus ojos ofreciendo”, mencionó. 

Como los temblores acabaron con el comienzo del nuevo año, en el que se acostumbra a retomar rutinas laborales y académicas –al retrasarlo todo por la emergencia—, a juicio del antropólogo social, esto representa un cambio en la rutina a la que los puertorriqueños se encontraban acostumbrados. 

Las protestas, agregó, son un reflejo de cómo los puertorriqueños han percibido que la “normalidad” a la que estaban acostumbrados no sirve más a sus necesidades. En este caso, el gobierno.

“Cuando se rompe con la normalidad, claramente lo que ocurre es un proceso de desestabilidad”, explicó Cobián Rivera. “Cuando hay quiebre de esa normalidad, hay un quiebre del sujeto”.

Cobián Rivera dejó claro que, en toda sociedad, las protestas son una expresión social saludable.

“El sismo es un agravante porque lo que demuestra es que el Estado, como está, no puede conservarse. Lo que teníamos como la norma no puede seguir siendo la norma porque ha quedado, de alguna forma, carente de legitimidad”, expresó.

“Lo que está de fondo en las protestas es una crisis de Estado”, puntualizó el antropólogo social.