Aunque algunos titulares recientes sobre medicamentos que “reducen el riesgo de demencia” suenan prometedores, la evidencia debe interpretarse con cautela, señaló José Carrión Baralt, catedrático en el Programa de Gerontología de la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico. 

El título es muy atractivo… te captura, pero cuando lo lees te das cuenta de que parte del artículo es un refrito de estudios de hace ya varios años”, destacó el también psicólogo clínico y epidemiólogo.

Aclaró que muchos de los medicamentos más señalados como “exitosos” para evitar el desarrollo de demencias, como aquellos utilizados para la hipertensión y la diabetes, no actúan directamente contra enfermedades como el alzhéimer o demencia por cuerpos de Lewy. 

No es tanto porque el medicamento tenga unas propiedades específicas contra la enfermedad de Alzheimer ni la demencia. Lo que tienen esos medicamentos es que reducen el impacto de otras enfermedades o condiciones que ya se sabe que son factores de riesgo para la demencia”, sostuvo al señalar reportajes recientes sobre el tema.

¿Qué es la demencia?

Por su parte, el psiquiatra Raúl López Menéndez planteó que antes de hablar de medicamentos que “reducen el riesgo” de demencia, es necesario entender qué se está tratando de evitar. 

“Lo primero es empezar a definir qué es la demencia”, sostuvo. 

Para López Menéndez, la demencia es un síndrome clínico caracterizado por la pérdida progresiva de funciones cognitivas como memoria, lenguaje y función ejecutiva, lo que eventualmente interfiere con las actividades del diario vivir. Además, recalcó que la demencia no solo es mental, sino que también es física.

Explicó que existen múltiples tipos de demencia, aunque todas comparten un elemento central: la degeneración progresiva del sistema nervioso. En ese proceso, dijo, la glía juega un rol esencial. La glía es como la red que conecta una neurona con otra. No basta con tener neuronas, lo importante es que estén comunicadas. 

El alzhéimer es la forma más común de demencia, representando aproximadamente entre el 60% y el 70% de los casos a nivel mundial según estimaciones de salud pública. A nivel biológico, se asocia con la acumulación de placas de beta-amiloide y ovillos de tau en el cerebro, que alteran la comunicación entre neuronas y contribuyen al deterioro progresivo de la función cognitiva. Sin embargo, la ciencia aún no considera que exista una única causa, ya que se trata de un proceso multifactorial influido también por genética, edad y otros factores de riesgo.

Mientras, explicó que la demencia vascular ocurre cuando se dañan los vasos sanguíneos del cerebro, lo que reduce el flujo de oxígeno y nutrientes y provoca un deterioro progresivo de las neuronas, generalmente a través de pequeños infartos o lesiones acumulativas.

Además, existen otros tipos como la demencia con cuerpos de Lewy, asociada a acumulación de alfa-sinucleína, y la demencia frontotemporal, que afecta principalmente la conducta y el lenguaje; en muchos casos, especialmente en personas mayores, pueden coexistir varios procesos y dar lugar a demencia mixta.

López Menéndez subrayó que la demencia suele comenzar mucho antes de que sea evidente. La demencia empieza a 20 años antes de que nadie se dé cuenta, advirtió al recordar que para cuando aparecen los olvidos notorios el proceso está bastante avanzado.

Medicamentos para tratar los síntomas

En cuanto a medicamentos, explicó que la FDA ha aprobado fármacos para tratar síntomas o progresión, pero no para prevenir. “Para reducir el riesgo de la demencia no hay ningún medicamento que haya sido aprobado por la FDA”, dijo tajantemente. 

A esto, Carrión Baralt añadió: “Hasta donde yo sé, no”. Incluso tratamientos existentes como Aricept o Namenda no se aprueban como preventivos. “La FDA ha dicho: No, no hay evidencia ni siquiera de fármacos que retrasen el comienzo de la demencia”, enfatizó en consonancia con López.

Adicionalmente, López Menéndez mencionó investigaciones preliminares sobre sustancias que podrían tener efectos indirectos, como la curcumina, que está asociado con la reducción de la neuroinflamación, y estudios en Europa con antiinflamatorios a largo plazo y microdosis de THC. Sin embargo, aclaró que estos hallazgos “están a nivel de pura investigación” y no se han convertido en tratamiento.

Carrión Baralt enfatizó que la mayoría de estos hallazgos que defienden el logro de ciertos medicamentos para reducir el riesgo de desarrollar la demencia no provienen de ensayos diseñados específicamente para prevenir esta condición. 

“Dado que no fueron ensayos hechos específicamente para esto, sino resultados secundarios, lo único que tenemos es esa visión global”, explicó. En ese sentido, el efecto observado suele ser indirecto o simplemente una asociación. 

Uno de los ejemplos más llamativos es el de la vacuna contra la influenza. Aunque algunos estudios han encontrado una reducción notable en riesgo de demencia, advirtió que podrían intervenir otros factores. “La gente que se vacuna es gente que suele ir más al médico, que suele cuidarse más, que suele seguir las instrucciones”, indicó. Por eso, es muy posible que la vacuna contra la influenza no haga absolutamente nada contra la demencia, sino que refleja un estilo de vida. Ese fenómeno se conoce como “sesgo del usuario sano”. 

Según el especialista, el impacto del estilo de vida es enorme. “Aparte de la genética y la edad, los factores de riesgo más fuertes son factores asociados con estilos de vida”. Es decir, diabetes, hipertensión, colesterol alto, obesidad, sedentarismo y depresión. Si las personas se cuidan, van a tener un riesgo menor porque van a estar expuestas menos tiempo a esos factores, resaltó. Su recomendación final fue leer estos reportajes “de una forma crítica”, adoptar hábitos saludables, pero recordar que “estamos jugando el juego de las probabilidades”.

Para López Menéndez lo más consistente sigue siendo el estilo de vida. “Lo que reduce la incidencia de demencia hoy en día, es el ajuste al estilo de vida”, indicó, citando dieta mediterránea, no fumar, no beber y reducir estrés como factores determinantes. “Eso [el estilo de vida], 50 años más adelante tiene mucho que ver en si tú vas a desarrollar demencia”, subrayó en consonancia con el experto Carrión Baralt.