Con el nuevo año llegan nuevas resoluciones que suelen conllevar rigidez, frustraciones y la creencia de que si hay pausas en el trayecto será imposible lograrlas. Por eso, hoy se habla de intenciones, que son flexibles y se adaptan a las metas de cada persona, sin ver los tropiezos como el peor fracaso.
Cada año las resoluciones típicas como bajar de peso, conseguir pareja, un empleo o hogar se repiten entre las personas; sin embargo, con los meses las ideas del vision board se esfuman por la falta de motivación, retos u obstáculos en el camino o porque se consideran poco flexibles.
Estas resoluciones tienden a ser rígidas, extremas y, en ocasiones, poco realistas para el contexto de vida de una persona, por lo que, en cuestión de tiempo, se desiste de ellas.
Según la doctora Yaritza Pérez, psicóloga clínica, “las resoluciones de Año Nuevo muchas veces parten de una mentalidad de ‘todo o nada’ y esto provoca que esas metas se abandonen con la sensación de que esto no es para mí”.
Cuando estas son muy grandes o rígidas, el cerebro puede bloquearse y no sé saber cómo actuar, explicó.
“Es como pararse frente a una pared enorme y no saber cómo escalarla. Puede hacernos sentir abrumados, con pensamientos como ‘no voy a poder’, ‘no soy suficientemente bueno’ o ‘esto es demasiado para mí”, continuó.
Este bloqueo dificulta la planificación y hace que la persona no pueda identificar soluciones prácticas para llegar a la meta. Por eso, al percibirse como incalculable, muchas veces se rinde antes de tiempo.
Y en personas con ansiedad, por ejemplo, resoluciones rígidas pueden intensificar los síntomas. En lugar de algo positivo, se convierte en una fuente adicional de presión y estrés. “Y lo que buscamos con estas metas es mejorar nuestra calidad de vida, no aumentar la ansiedad”, afirmó.
Un estudio cuantitativo sobre las metas de nuevo año y su correlación con el compromiso entre las personas señala que propósitos bien establecidos pueden contribuir a niveles más altos de felicidad. Las metas pueden alcanzarse o abandonarse dependiendo del nivel de compromiso. Por esto, de 999 encuestados, 762 personas (93 por ciento) abandonó sus resoluciones en febrero. Mientras que, solo 53 personas (6.5 por ciento) lograron completarlas.
Detalla la investigación que entre las resoluciones más comunes figuran mejorar el estado físico, dinero o finanzas, salud, relaciones, carrera y educación, entre otras.
“Estamos intentando integrar hábitos nuevos mientras dejamos atrás las rutinas conocidas, y ese proceso puede tomar entre 60 y 90 días. Cuando se no lograr de inmediato, aparece la frustración, la ansiedad, la culpa y hasta la vergüenza”, reiteró la psicóloga clínica.
Un ejemplo de esto lo puede ser la incorporación de actividad física, que aunque es necesaria en al menos un mínimo de 150 minutos (ejercicio aeróbico moderado) o 75 minutos para una actividad más intensa, de acuerdo con las estipulaciones universales, intentar hacer 6 días a la semana suele ser un choque con la cotidianidad de una persona, que incluye trabajo, familia y actividades extracurriculares adicionales.
Asimismo, y en otros casos, la búsqueda de una nueva pareja, un nuevo empleo, un viaje sin planificación.
Intenciones creativas para una mayor flexibilidad
“No suelen lograrse (las resoluciones) porque tienden a ser rígidas e insostenibles. Se basan en estándares de exigencias externas, en la fuerza de voluntad o en rutinas demasiado estrictas, que no son realistas a largo plazo. Además, solemos querer cambiarlo todo a la vez, y eso no siempre es posible”, describió, por su parte, la doctora Jeannielys Fernández, psicóloga clínica.
La especialista en salud emocional enfatizó en que, contrario a resoluciones, se debe hablar de intenciones creativas, ya que permite a un individuo moverse hacia un enfoque con mayor flexibilidad, adaptativo y realista.
Las intenciones creativas permiten conectar con el tiempo presente y con los pequeños pasos que se dan en el trayecto a la meta.
“En contraste, las resoluciones suelen centrarse únicamente en el resultado, sin considerar el camino que hay que recorrer para llegar hasta allí”, sostuvo.
Cuando se establecen, es importante preguntarse: ¿por qué quiero este cambio?, ¿para qué lo quiere? Las respuestas pueden dar luz sobre el propósito y el deseo genuino, recordó la doctora Fernández.
“Las intenciones son prácticas a corto plazo enfocadas en el presente. Cuando las trabajamos desde el aquí y el ahora, abrimos espacios para el cambio continuo. Si un día el plan no sale como esperábamos, la intención nos permite aceptar que no pasa nada, que hay que ajustar algunas cosas y seguir alineados”, señaló.
Recomendó a las personas a conectar las intenciones con los valores personales, pues de esta forma podría ser más significativas y duraderas. Además, a establecer prioridades y recordar que no siempre se podrá cambiar todas las áreas de la vida a la vez. No es realista ni sano.
Identificar la intenciones y reconocer cuál es la más importante, para así poder enfocarse en esa primero y más adelante las otras.
“Cuando intentamos abarcar demasiado, aumenta la frustración y disminuye la constancia”, enfatizó.
Consejos para no abandonar las intenciones
- Crear una lista de intenciones creativas.
- Identificar los valores personales antes de establecer una intención.
- Preguntarse: ¿Por qué quiero este cambio y para qué?
- Asegurarse de que la intención nace de una motivación interna y no de presiones externas.





