Mañana, miércoles, conversaremos por Facebook Live con Héctor Hernández Loubriel, presidente de la Asociación de Psicología Escolar, y con Adriana Iriarry, madre de universitarios, sobre la transición de los jóvenes a la universidad, gracias al apoyo de FHC First Healthcare. ¡Sintoniza a través del Facebook de Es Mental o de FHC – Salud Mental!

El proceso de transición de los jóvenes a la universidad puede ser muy estresante para ellos y para sus padres, por lo que es vital que tengan una preparación en actividades de la vida cotidiana y conocer sus destrezas y debilidades a la hora de escoger qué carrera estudiarán.

Héctor Hernández Loubriel, presidente de la Asociación de Psicología Escolar, dijo que el apoyo familiar es crucial en el proceso de transición a la vida universitaria de los jóvenes, sobre todo en conocer sus áreas de fortaleza y áreas de necesidad.

Por ejemplo, indicó que es importante que conozcan qué se les hace más difícil, si son buenos en matemáticas o no, si les gusta más las actividades manuales o actividades al aire libre.

“Conociendo a nuestros hijos y teniendo unas buenas destrezas de comunicación, yo creo que se nos haría o se nos facilitaría el proceso de poderlos ayudar en esa transición a lo que es la vida universitaria”, expresó.

Dijo que está generación tiene la peculiaridad de ser nativos tecnológicos, por lo que les interesa el acceso rápido al dinero, a trabajar y a tener unas condiciones de vida. Agregó que es bien común que esta generación se interese por profesiones diferentes a las tradicionales, como por ejemplo,  influencers o youtubers.

“Nosotros como adultos, muchas veces nos resistimos a esos cambios, entonces, tenemos que también orientarnos en el proceso de qué cosas son las que están ahora mismo disponibles en cuanto la la ofrecimientos académicos, para también poder orientarlos, porque muchas veces los adolescentes no tienen toda la información o no tienen el interés de buscarla, y nosotros tenemos que ser un poco proactivos para darle y ofrecerle distintas opciones que se amolden a su realidad y a sus intereses”, explicó.

El apoyo de un consejero o de un psicólogo escolar también debe formar parte de la transición, dijo. Recomendó que si el estudiante está confundido en el proceso, debe buscar ayuda profesional para una evaluación de intereses vocacionales. De esta forma podrá “clarificar algunas dudas que tenga en el proceso o poder identificar donde están sus áreas de fortaleza, que muchas veces se desconocen”.

“Puede ser que yo quiera estudiar ingeniería, pero yo soy malísimo en matemáticas. Pues eso es como el pronóstico de un fracaso, porque en mis fortalezas no caen las matemáticas y yo quiero ser ingeniero y sé que voy a coger veinte mil clases de matemáticas. Pues yo tengo que, en base a mi realidad y mis objetivos, elegir alguna otra profesión que realmente responda mejor a mi fortaleza”, dijo.

¿Qué pasa si mi hijo no quiere ir a la universidad?

Hernandez Loubriel dijo que no necesariamente un estudiante que llegue a la universidad va ser exitoso, ya que, por ejemplo, no todos terminan sus estudios porque muchas veces entran al programa de estudios de bachillerato sin saber qué les gusta y sin saber a los cambios que se van a  enfrentar,  tanto a nivel académico como social. 

Indicó que si de antemano el estudiante no quiere ir a la universidad porque no se ve estudiando cinco años, hay universidades que tienen ofrecimientos de cursos cortos, los que pueden ajustarse a los intereses de los estudiantes, incluyendo la tecnología o áreas técnicas.

“Hay algunas (carreras) que son rápidas, que pudieran interesarle, que podrían también tener mucho éxito y ser muy productivos en la sociedad, sin tener que tener un bachillerato, una maestría o un doctorado. No todos van a llegar allá, pero sí queremos que tengamos ciudadanos productivos en nuestra en nuestra sociedad”, expresó.

Agregó que la universidad es un negocio también, ya que se hace una inversión de tiempo, dinero y esfuerzo, el que, cuando se termina de estudiar, ya sea bachillerato, maestría o doctora, tiene que haber un retorno de la inversión, “y si es algo que no te hace feliz, pues no van a tener ese retorno de inversión de lo que estás haciendo”.

“Muchas veces he escuchado a mucha gente ‘Mira, yo hice el título para engavetarlo, para dejar a mami y a papi callados y después me fui a estudiar lo que realmente a mí me apasiona’,  y nunca ejerció eso, que lo que hizo fue botar tiempo y dinero, por cumplir las expectativas de los padres”, contó.

Agregó que muchas veces los padres tienen que reajustar sus expectativas hacia los hijos porque lo más importante es que sean felices con lo que hagan. Dijo que para algunos padres el que su hijo no desee estudiar es como un sinónimo de fracaso, puesto que la expectativa de éxito está asociada con los aspectos académicos. 

Aconsejó a los padres escuchar a sus hijos, ser realistas en lo que son sus áreas de fortalezas y necesidades y buscar ayuda de los recursos escolares (consejero, psicólogo u orientador). Dijo que en ocasiones personas fuera del núcleo familiar pueden ver la situación de una forma más objetiva y ayudar a los padres a entender a sus hijos mejor. También recomendó que los padres se hagan parte de la toma de decisiones y entiendan que sus hijos pueden pasar por un duelo ante los cambios, como dejar amistades que tal vez han estado con ellos toda la vida. Incluso, dijo que a veces pueden expresar que no quieren estudiar, pero es porque están pasando por este duelo. Por eso, recomendó a los padres ser compasivos y dejar que sus hijos procesen sus emociones.

“Son cosas tan básicas como si tu hijo sabe hacer compra”

Adriana Irizarry, madre de una joven universitaria y de otro jóven que también cursó estudios universitarios, sostuvo que, antes de que los estudiantes entren a la universidad, es importante que tengan las experiencias y las destrezas necesarias para adaptarse a lo que sería una vida en la universidad.

Entre estas destrezas y experiencias, mencionó la disciplina académica, manejo del horario y organización.

En cuanto a las destrezas emocionales, mencionó el factor madurez como uno vital, sobre todo cuando el estudiante va a estudiar lejos de su casa, como ha sido el caso de sus hijos. En este escenario, dijo que los jóvenes deben poder planificarse, tomar decisiones, poder manejar estar lejos de su familia y  tener destrezas de vida.

“Son cosas tan básicas como si tu hijo sabe hacer compra, cocinar,  sabe lavar ropa, tiene que cambiar la cama”, dijo

“Muchas veces los padres hacemos más de la cuenta y ellos no tienen la experiencia de hacerlo solos”, agregó.

Mencionó además que los jóvenes deben estar preparados para poder ir a una cita médica solos, manejar un presupuesto, ir a una farmacia, resolver problemas y comunicarse con sus profesores.

En su caso, contó que su hijo empezó a bajar las notas,  por lo que  tuvo que salir de la universidad un semestre. Luego volvió y se cambió de concentración con algo que era más afín para él y se graduó de ingeniería, mencionó Irizarry. 

Por eso, subrayó la importancia de que los jóvenes sepan que deben comunicarle a sus padres si ocurre alguna situación como ésta, ya que existen alternativas para recuperarse de un fracaso académico

Además, por la experiencia con su hijo, mencionó que se pueden dar casos donde las destrezas y habilidades de los jóvenes no estén a la par con lo que están estudiando.

Irizarry también aconsejó a los padres a hablarle a sus hijos sobre el costo de la universidad porque en ocasiones no conocen el valor del dinero y lo que implica, por ejemplo, tomar préstamos que tendrán que pagar una vez se gradúen.