Ocupar espacios para quitarle el poder de autoridad a una mujer, llamarle ‘mi amor’ a una periodista durante una entrevista y hasta expresar públicamente que en Puerto Rico ‘las mujeres no quieren parir, pero sí comprarse un carro o viajar’, son tan solo algunos de los ejemplos de los micromachismos que viven diariamente las mujeres en la Isla, incluyendo en ámbitos como la política.

El micromachismo, precisamente, suele normalizar expresiones, actitudes y prejuicios, basados en violencia hacia la mujer, desde cualquier ámbito, ya sea familiar, laboral, social y político, como se ha visto con el alcalde de Arecibo, Carlos Ramírez, quien en televisión nacional culpó a las mujeres por el cierre de la sala de obstetricia del Hospital Pavía al no desear la maternidad.

Se trata de microviolencias o microabusos en los que se procura que el hombre quede, en muchos casos, en la posición de dominio, expone la investigación Relación de dominio: Machismo, micromachismo, sexismo y violencia de género. 

“Sí pueden irse a viajar, sí pueden irse de wikén a janguear y no pueden criar un hijo”, fueron las expresiones de este Alcalde. 

Sin embargo, no ha sido el único, pues en marzo de este año el secretario del Departamento de Salud, Carlos Mellado López, dijo que la baja en la natalidad es un problema serio, porque las mujeres no quieren parir. 

Asimismo, recientemente el legislador Jorge “Georgie” Navarro le llamó “mi amor” a la periodista Milly Méndez en medio de una entrevista radial.

Estas actitudes machistas también se pudieron apreciar durante la primera conferencia de prensa de la gobernadora electa de la Isla, Jennifer González Colón, y en la cual el senador Thomas Rivera Schatz, ocupó su espacio en el podio, sin respetar su rol como primera mandataria. Tal actitud provocó gestos de incomodidad en González Colón, analizó la experta en comunicación no verbal, Vanessa Marzán Toro.

Marzán Toro dijo, además, que el tiempo que se tomó respondiendo las preguntas de la prensa (quienes también actuaron de forma machista al centrar las preguntas exclusivamente en el senador), detonan un sobre uso del espacio o la búsqueda de protagonismo, acciones características del micromachismo

«Todos los candidatos políticos deberían ser conscientes de cómo están ocupando espacios referentes a las compañeras, desde los espacios corporales, pero también al responder las preguntas de los medios’’, apuntó.

La especialista en el tema explicó también que en ámbito de la política otros micromachismos pueden verse con la expansión corporal, en la que se adoptan posturas para ocupar más espacios (sentarse con piernas abiertas o los brazos extendidos) para proyectar dominancia, miradas despectivas o condescendientes; interrupciones gestuales, como levantar la mano o hacer gestos mientras una mujer habla, expresiones fáciles de juicio o desdén, como fruncir el ceño, suspirar o sonreír de forma sarcástica, entre otros.

“Lo ideal es que todos los partidos políticos no solamente hablen de equidad e igualdad en sus plataformas, de forma escrita, sino que los ciudadanos podamos ver esa equidad en las acciones y sobre todo en las apariciones mediáticas”, resaltó. 

Por su parte, la doctora Melany Ruiz González, psicóloga clínica y del Departamento de Consejería para el Desarrollo Estudiantil de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, explicó que las manifestaciones más comunes del micromachismo son la invisibilización, la subestimación de las capacidades de la mujer, las expectativas de género y la necesidad de control. 

«Muchas mujeres experimentamos micromachismos cuando nuestras opiniones y deseos son ignorados o minimizados en espacios de trabajo o familiares. Constantemente, las mujeres estamos expuestas a comentarios que, aunque podrían parecer sutiles son todo lo contrario, ejercen violencia y representan juicios discriminatorios por el simple hecho de ser mujer. Podríamos hablar de ejemplos que van desde “el rosa para las nenas y el azul para los nenes” hasta “las mujeres ya no quieren parir y la excusa es el costo de vida», señaló Ruiz González.

Aseguró, también que este tipo de expresiones (las del alcalde) son representativas de ignorancia y denotan el desconocimiento de las realidades y vivencias de las mujeres. Siendo una forma de violencia que debe denunciarse y rechazarse. 

Por su parte, la trabajadora social, Laura S. García Soto, de Siempre Vivas, en Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, aseguró que es muy irresponsable que un hombre privilegiado (desde su género, su posición de poder y su salario), exprese en un foro público este tipo de comentario y, por consiguiente, demuestra que no está en contacto con las preocupaciones y problemáticas que enfrentan las personas en su propio país, en lo particular las mujeres. 

Una narrativa que promueve el machismo, partiendo de la visión tradicional del rol femenino, siendo vista como «un molde genérico, que debe cumplir con unas tareas preestablecidas», sostuvo.

«Le falta tanta profundidad al pensamiento de este alcalde, que me asombra y me preocupa que esté en una posición de liderazgo, en donde puede tomar decisiones que afectan las vidas de sus compueblanos», agregó. 

Todo esto afecta la calidad de vida de las mujeres, recordó García Soto, y promueve dinámicas desbalanceadas de responsabilidades y desacredita la labor y el esfuerzo de su trabajo. Entonces, cuando una mujer señala estos desbalances de poder puede llegar a ser tildada de histérica, exagerada y quejona. 

«Cuando estas injusticias se ignoran, se perpetúan, se normalizan; se acumulan. Mentalmente eso puede llevar a una mujer a frustrarse, sentirse impotente, atrapada en su condición, a dudar de sí misma y de su realidad, a difuminar sus límites para adaptarse (a su propio detrimento) y a continuar vinculándose con personas que no las ven como pares ni como merecedoras del mismo trato que todos los demás», enfatizó la trabajadora social.

Las experiencias de violencia hacia la mujer, desde todas sus manifestaciones, pueden tener un impacto significativo en la salud mental de las mujeres. La literatura precisa que, en temas como la depresión, se han encontrado índices significativamente más altos para las mujeres que habían experimentado violencia en sus vidas, en comparación con la población general de mujeres. 

El estar expuestas a expresiones micromachistas se puede generar inseguridad, frustración, afectar la autoestima, crear impotencia, limitar la autonomía y perpetuar la violencia, planteó, por su parte, la psicóloga clínica.

Estos tipos de comentarios hieren, ofenden, revictimizan y cargan, continuó.

«En casos donde las mujeres están diariamente expuestas, podrían desarrollar depresión, ansiedad, trauma por invalidación y síndrome de “burnout” en contextos laborales», puntualizó Ruiz González.

Acciones donde se manifiesta el micromachismo

El micromachismo se manifiesta en otras acciones o prácticas diarias, descritas por García Soto como:

  1. En el espacio laboral: Muchas veces se tiene la expectativa de que las mujeres en la oficina son las que deben preparar el café y tomar las notas, aunque no tengan un rol secretarial.
  2. En la escuela: Se asume que cuando los asuntos de las crías son atendidos por el padre, la madre no está presente o es irresponsable (aunque asuma otros roles dentro de la crianza, que no sean necesariamente el de ocuparse de los asuntos escolares).
  3. En la familia: Se espera que en la familia sean las mujeres quienes asuman los roles de cuidadora cuando se enferma algún familiar o envejece. Sin embargo, esto no siempre se espera de los hombres de la familia, aunque tengan la misma o mayor disponibilidad que las mujeres. 
  4. También en la familia: Al hijo varón se le permite salir con sus amistades y tener pareja, mientras que a la hija se le imponen los roles de limpieza en la casa, no se le permite salir y el padre amenaza a cualquier prospecto amoroso que tenga.

Finalmente, Ruiz González apuntó a que el llamado debe ser la educación temprana, para que las nuevas generaciones crezcan conscientes de los micromachismos y sus efectos. Asimismo, hizo énfasis en la importancia de la visibilización de estas conductas, a la denuncia para generar conciencia y cambiar actitudes y que se cree de espacios los cuales las mujeres puedan hablar abiertamente sobre sus experiencias con el micromachismo, sin temor a represalias.