El mindful sex parte de la práctica del mindfulness, entendida como “buscar la atención plena”, aplicada al encuentro íntimo, explicó la sexóloga Ivelisse Bruno Ortiz.
En el ámbito sexual, se trata de “que haya una atención plena en el acto”, sin distracciones ni expectativas, favoreciendo una conexión consciente con el propio cuerpo y con la pareja.
“Lo que busca es que estemos más conectados con el cuerpo”, afirmó, subrayando que al liberar expectativas el encuentro evoluciona a uno “más relajado” y con “más disfrute en cuestión de las sensaciones”.
Hizo hincapié en que esta práctica no es lo mismo que el tantra. Aunque reconoció similitudes, puntualizó que el tantra era “más bien una filosofía de vida” que integra lo energético y lo espiritual, mientras que el mindful sex no requiere adscribirse a una filosofía, sino ejercitar la presencia en el momento. “No requiere tanta profundidad”, resumió.
Beneficios del mindful sex
En cuanto a los beneficios, sostuvo que la atención plena contribuye a disminuir el estrés y la ansiedad, factores que, según la experta, “boicotean” el encuentro sexual. Al centrar la experiencia en la sensación y no en el rendimiento, ayudaba a reducir inseguridades corporales y presión por el desempeño, aclaró.
“Que lo importante sea cómo estás conectado con las sensaciones en la acción en vez de la proyección y el rendimiento”, sostuvo al describir la esencia de este tipo de encuentro.
Según su experiencia, este cambio puede incidir positivamente incluso en dificultades sexuales, al fomentar una reconexión con el cuerpo.
Por su parte, Aisha Molina Calderón, doctoranda en sexualidad humana, puntualizó que su trabajo con mindfulness se centra en utilizar la atención al cuerpo para “recuperar la seguridad, el consentimiento interno y esta autonomía corporal y de placer luego de una experiencia traumática”. A diferencia de enfoques centrados en el rendimiento, subrayó, aquí no se trataba de placer obligatorio, sino de reapropiarse del cuerpo y del placer luego de una experiencia de trauma”.
Molina Calderón señaló que una de las mejoras más significativas fue la disminución de la disociación durante el encuentro sexual. En este marco, tras una vivencia traumática, dijo, muchas personas sobrevivientes tendían a desconectar mente y cuerpo. El mindfulness ayuda a disminuir estos momentos de “huir de la cabeza” y a mantenerse presente durante el acto. Contribuye a reducir la vergüenza y la autocrítica corporal, además de aumentar la sensación de seguridad y control.
La doctoranda insistió en que el deseo solía aparecer como efecto secundario de la seguridad. Por eso, su propuesta seguía una secuencia clara: primero la seguridad, luego la tolerancia a las sensaciones y finalmente el erotismo. Este orden resulta clave para personas con antecedentes de trauma, ya que ayudaba a disminuir flashbacks y a aumentar la tolerancia corporal sin forzar el placer, aseguró.
Bruno Ortiz añadió el impacto de esta práctica en la comunicación de pareja. A su juicio, muchas relaciones operan desde una lógica “programada”, mientras que la atención plena exige verbalizar deseos y sensaciones. Esto fortalece la confianza y profundiza la conexión, dijo.
Además, vinculó la práctica con una mejor calidad de vida. “Podemos tener mejor calidad de sueño porque estamos con mayor presencia”, sostuvo.
Sobre el desconocimiento del mindful sex, Bruno Ortiz opinó que se debe a los tabúes en torno a la sexualidad y a una educación limitada, muchas veces influida por la pornografía y centrada en el orgasmo como meta. Frente a esa lógica de “descarga”, propuso desacelerar y dedicar tiempo a caricias, respiración y conexión mutua.
“No es solamente acostarnos y tener un orgasmo”, sostuvo, sino asegurarse de que “el uno y el otro quiere estar aquí”, precisó.
Recomendó practicar con paciencia. “Es una práctica que requiere práctica”, dijo. Advirtió que al inicio puede resultar incómoda o frustrante, pero animó a no descartarla. Con intención, estudio y, si era necesario, guía profesional, afirmó, los beneficios terminan por manifestarse e integrarse en la vida sexual y cotidiana.
Mientras, Molina Calderón sugirió, para comenzar, crear un espacio físico seguro, trabajar la respiración y realizar un escaneo corporal que permitiera identificar tensiones. Los primeros ejercicios, aclaró, no tenían que ser eróticos. Deben ser prácticas seguras, pausadas y con consentimiento que devuelvan al cuerpo la sensación de control y presencia, dijo.
Molina Calderón sostuvo que, en una cultura que prioriza el coito y la eyaculación masculina, esta práctica exige un cambio consciente.
No se trata de “llegar al final”, sino de “volver a habitar el cuerpo con agencia, con sentimiento, con ternura”, puntualizó.



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