Es temprano en la mañana, estás alistándote para salir al trabajo, y justo cuando llegas al auto te percatas que olvidaste el teléfono celular.  Regresas a buscarlo, y cuando por fin emprendes la marcha, escuchas en la radio que el tráfico está paralizado ante un accidente vehicular muy cerca del lugar en el que laboras. De inmediato quedas absorta en un monólogo interior: “llegaré tardísimo”, “no delegarán más responsabilidades en mí”, “soy un completo fracaso…”

Con suerte esta tragedia a la que te sometiste durante los 25 minutos de camino, solo ocurrió en tu mente, pues llegaste a tiempo y sin mayores contratiempos. La capacidad de pensar es un componente esencial en nuestras vidas. Es un elemento necesario para planificar, tomar decisiones y comunicarnos. Pasamos nuestros días pensando en todo tipo de cosas, el problema no es que pensemos, es quedarnos atrapados en pensamientos que distraen nuestra atención, usualmente en opiniones de lo que está ocurriendo en el momento presente. 

Mindfulness, o atención plena, es una habilidad que nos permite ser menos reactivos a los acontecimientos que experimentamos, y nos hace más conscientes de los contenidos de nuestra mente. Podríamos definirlo como el proceso de prestar atención al momento presente con curiosidad y sin juicios, observar los sucesos tal cual son, sin la necesidad de cambiarlos. El mindfulness implica ser capaz de aceptar, e incluso dar la bienvenida a lo que no se puede cambiar, en lugar de luchar por controlar situaciones que escapan de nuestro control. 

Podemos aprender mindfulness con ejercicios formales e informales. La práctica formal está  asociada a la meditación, algo así como la observación deliberada de nuestro cuerpo y de nuestra mente. Esta práctica sostenida permite entrenar la atención, observar sistemáticamente el contenido de nuestra mente y saber cómo funciona. Mientras que la práctica informal se refiere a la aplicación de estas destrezas a la vida diaria, como por ejemplo, cuando estamos comiendo o caminando. Practicar la atención plena mientras nos involucramos en actividades habituales, nos ayuda a estar atentos en lugar de reaccionar automáticamente.

Es muy común que las personas que luchan con el estrés o la ansiedad utilicen el mindfulness como una técnica para calmarse o relajarse, y sí, mindfulness de la respiración u otros ejercicios nos ayudan a tranquilizarnos y a desactivar nuestro sistema de alarma, pero en realidad es mucho más que eso. La práctica consistente de atención plena puede ayudarle a generar nuevas formas de relacionarse con sus pensamientos, abrirse a todas las experiencias, incluso a las difíciles. Nos ayuda a reconocer que los pensamientos y sentimientos están separados de nosotros, sin necesariamente “enredarnos” en ellos.  

Un importante efecto neurobiológico de la meditación mindfulness es que desactiva la red neuronal por defecto (RDN). Esta red está activa siempre que nuestra mente se distrae, algo que conforme señalan los estudios ocurre un 46.9% del tiempo que estamos despiertos. Lo interesante de este dato es que durante ese tiempo estamos inmersos en el pasado o en el futuro, o intentando resolver problemas reales o imaginarios, por lo que la RDN se relaciona con la ansiedad y la depresión. 

De otro lado, numerosos estudios han demostrado que la práctica de mindfulness formal puede ayudar a disminuir: la ansiedad, el insomnio, el estrés, el dolor crónico y los síntomas de fibromialgia. Mientras que se ha encontrado que puede ayudar a mejorar: la calidad de vida, el bienestar psicológico, la satisfacción con la vida, el funcionamiento sexual y del sistema inmunológico.  Estudios recientes han determinado que fortalecer la capacidad para mantener una atención plena puede aumentar la telomerasa, una enzima necesaria para mantener los telómeros, es decir, los extremos de los cromosomas que mantienen las células vivas. 

Richard Davidson, uno de los estudiosos más prominentes de este tema, expone que diez horas de mindfulness durante un periodo de dos semanas fortalece la atención y la memoria operativa. Sin embargo, si deseamos resultados duraderos, debemos establecer una práctica continua. Es como ir al gimnasio, si queremos fortalecer los músculos de nuestro cuerpo, debemos entrenar consistentemente.  

Por su parte, Daniel Siegel plantea que el propósito de una práctica mindful es hacer una pausa y huir de las múltiples exigencias que ocupan nuestra vida. El psiquiatra estadounidense sostiene que aprender a realizar prácticas de tiempo interior cada día, tiene como resultado mentes más sanas, cerebros más integrados y relaciones más compasivas.

En fin, hacer del mindfulness un estilo de vida, no implica que dejes de tener una respuesta emocional a lo que pasa en tu vida. El simple hábito de prestar atención a cada momento, puede que te libre de olvidar el teléfono celular la próxima vez que salgas al trabajo, o quizá cuando te encuentres en medio de un tapón, optas por aprovechar esos 25 minutos para escuchar tu música favorita. Como establece Jon Kabat-Zinn, fundador del programa de reducción de estrés basado en mindfulness (MBSR, por sus siglas en inglés), “si no estás presente mentalmente en los pequeños momentos, podrías estar perdiéndote la mitad de tu vida”.

*La autora es psicóloga licenciada con especialidad en consejería psicológica.