Pese al creciente interés en las relaciones no monógamas consensuadas, la falta de educación y de profesionales especialistas, y de acompañamiento, refuerzan los prejuicios sobre otras formas de establecer vínculos. 

La mononormativa, como se le denomina a la creencia social y cultural de que la monogamia es la única forma válida, correcta y exitosa de tener relaciones, influye en cómo se entiende el amor, los vínculos y hasta en el ámbito clínico, explicó la sexóloga Yahira Reyes, en el diálogo No monogamia consensuada: mitos y realidades.

“Es esta creencia social de que la monogamia es la forma ideal. Si no la cuestionamos, terminamos replicándola, incluso en relaciones no monógamas”, comentó, por su parte, la psicóloga chilena, Valentina López.

El abordaje clínico de este tema se expone a sesgos frecuentes y parece común que algunos profesionales de la sexualidad o la salud mental interpreten -automáticamente- a la no monogamia como un problema, en vez de distinguir si el conflicto real está en la dinámica relacional u otros factores como la comunicación, apego y los límites, señaló López, especialista en el tema. 

Enfatizó que prácticas como asumir que abrir una relación es un problema, incluir a terceros sin necesidad clínica o desconocer las herramientas específicas para trabajar con estos vínculos, puede ocasionar más daño que apoyo. 

Inclusive, uno de los errores más frecuentes, aseguró, es asumir que la no monogamia es la causa de los conflictos. 

La invalidación emocional en espacios terapéuticos, que suponen ser seguros, puede lacerar la confianza de una persona (llegando a ocultar cosas de su vida), aislarse y/o sentirse en constante culpa. 

“Es como decir a la persona que lo que siente no tiene lugar”, hizo hincapié López. 

“Muchas personas están explorando estos vínculos sin recursos ni apoyo profesional adecuado, lo que puede generar confusión, aislamiento o malas prácticas en relaciones”, comentó Reyes.

Sin embargo, más allá de la oficina del psicólogo, hay implicaciones sociales y legales, como lo podría ser la falta de reconocimiento legal en múltiples procesos, estigma familiar, invisibilización y temor a ser juzgados o señalados, afirmó López. 

Porque hablar de relaciones abiertas, poliamor o vínculos diferentes genera incomodidad y rechazo. 

Aún más en el contexto de Puerto Rico, en donde las estructuras familiares tradicionales están arraigadas a la religión. 

“Muchas familias viven ocultando su estructura por miedo”, sostuvo Reyes.

Explicó, además,  que muchos y muchas enfrentan juicios sociales, vacíos legales y falta de representación, porque no tienen un modelo o referencia.

Un mito común sobre la no monogamia

Un mito muy común y que preocupa, coincidieron las especialistas, es el de creer que estas personas tienen un mayor riesgo a infecciones de transmisión sexual. 

De hecho, los no monógamos, de acuerdo con Reyes, presentan índices más bajos, pues tienden a comunicar abiertamente. 

“El riesgo no está en la cantidad de vínculos, está en el silencio”, dijo.

“No es la cantidad de parejas lo que determina un riesgo, sino las decisiones que se toman en cada interacción”, continuó. 

Ambas concordaron que, las personas en relaciones no monógamas suelen tener mayor comunicación, más negociación de acuerdos y mayor conciencia sobre salud sexual. 

La no monogamia obliga a negociar sobre cada aspecto del vínculo, incluyendo las expectativas, los límites, acuerdos y necesidades, continuó. 

Aunque, reconoció, que el camino no está exento de dificultades, pues abrir una relación no es una decisión simple ni que se toma de inmediato. Implica, por ejemplo, cuestionar creencias, enfrentar miedos y desarrollar habilidades emocionales. 

Por eso, el primer paso, no es cambiar el modelo de una relación, más bien se trata de trabajar en el autoconocimiento. ¿Qué realmente se quiere?, ¿Qué se necesita?, pueden ser preguntas claves, de acuerdo con las profesionales. 

Reconocieron que, ante la carencia de recursos y/o especialistas, muchos individuos encuentran apoyo en comunidades digitales. Espacios en los cuales validan sus experiencias y se sienten más acompañados. 

“Acompañar no es dirigir ni corregir, es darle el espacio a las personas para entender lo que están viviendo. […]  Sentirse acompañado puede hacer la diferencia entre un proceso doloroso y uno transformador”, planteó López.

Pero, ¿esto propone reemplazar la monogamia? Reiteraron que no, sino de ampliar opciones y no imponer un modelo. 

“Educarse no significa que tengas que cambiar tu forma de relacionarse, pero sí te permite tener un espacio más seguro para otro”, puntualizó.

Existen diferentes tipos de no monogamia, que pueden ir desde el poliamor hasta la poligamia, relaciones oscilantes y abiertas y la polifidelidad, apunta un artículo. 

Se estima que, al menos, un 21 por ciento de las personas en los Estados Unidos se han involucrado en la no monogamia consensuada en algún momento de sus vidas. 

Autonomía, experimentar la plenitud sexual, crecimiento y pragmatismo son algunas de las motivaciones por las cuales algunos deciden estas relaciones, describe un artículo del 2021.