El alzhéimer representa en la actualidad un problema de salud pública que debe trabajarse con celeridad por sus significativas consecuencias sobre el bienestar de los seres humanos y, aunque la enfermedad no tiene género, las mujeres tienen dos veces más probabilidades de experimentarla.

Por mucho tiempo los científicos han buscado responder la interrogante de por qué ocurre esto. Y, aunque en el principio se atribuyó a que las mujeres vivían más tiempo que los hombres; siendo el envejecimiento uno de los principales factores de riesgo, hay otras prácticas, estilos de vidas y elementos socioculturales que pueden tener protagonismo en el desarrollo de la enfermedad y otras demencias. 

Según la Asociación de Alzheimer, líder en investigaciones sobre la enfermedad, las mujeres no solo corren un mayor riesgo de desarrollar alzhéimer, pues además están más propensas a convertirse en cuidadoras de las personas que viven con la enfermedad. 

En Estados Unidos, por ejemplo, casi dos tercios de los estadounidenses con alzhéimer son mujeres. Puerto Rico no está muy lejos de esto y, de hecho, en algunas de las estadísticas referencias aparece siendo parte de las jurisdicciones de la nación estadounidense.

En el archipiélago, además, son las más que ejercen el rol de cuidadoras, destaca el Perfil del cuidador informal del adulto mayor en Puerto Rico, creado por la Escuela para Cuidadores de Adultos Mayores de la Pontificia Universidad Católica.

“En el estudio hecho por la Pontificia Universidad Católica se ve que son las mujeres las que, en mayor cantidad, son cuidadoras. Algunas ya lo son desde los 46 años. Es decir, más jóvenes de lo que nos imaginamos”, explicó Ana Gratacós, de la Asociación de Alzheimer y Desórdenes Relacionados de Puerto Rico y vicepresidenta de Alzheimer Iberoamérica.

El factor socio cultural, precisamente, se ha vinculado al deterioro de la calidad de vida de la mujer y, sobre todo, al deterioro cognitivo. Con elementos que abarcan desde la desigualdad económica hasta la falta de acceso a servicios educativos y de salud, los cuales repercuten sobre la calidad de vida de ellas. 

Por lo roles de género que se le asignan a la mujer, muchas llevan estilos de vidas en los que el estrés y la quemazón (en muchos casos, a raíz del cuidado de otros adultos mayores) provoca que se deteriore la alimentación, la higiene del sueño, la actividad física y otras prácticas diarias e importantes para la promoción de la salud cerebral

“El cerebro de la mujer está más ocupado que el de un hombre y cuando tienes un cerebro ocupado y sin momentos de silencio o de calmarlo, estás haciendo que esas millones de neuronas trabajen más de la cuenta”, señaló el neurólogo Carlos Barreto Miranda.

Los cambios hormonales también tienen un papel sobre la enfermedad. Sobre esto, el doctor subrayó que esto llega a hacer el cerebro más propenso a daño neuronal y, además, situaciones emocionales como el estrés crónico, un elemento perjudicial para la salud cerebral. 

“Mucho estrés te va a subir el cortisol, por lo tanto, esto le hará daño a las neuronas y las células del cerebro”, enfatizó el doctor. 

“Si tú estás en ansiedad, overthinking, estrés, tú estás poniendo el cerebro a trabajar doble y vas a hacer una producción de tóxicos al doble. El cerebro no está capacitado para trabajar con esa cantidad y de ahí la enfermedad neuronal”, agregó el neurólogo. 

Otro factor que aún se investiga es el que apunta a diferencias particulares en la estructura del cerebro de la mujer. 

Un estudio, que se presentó en unas de las conferencias de la Asociación de Alzheimer, sostiene que las diferencias estructurales y funcionales del cerebro de una mujer podría acelerar la propagación de tau, una proteína que se relaciona con el envejecimiento y enfermedades neurodegenerativas.

Por otro lado, la carga emocional que implica ser cuidador también tiene consecuencias en la calidad de vida de algunas mujeres. 

“La sociedad le pone mucho énfasis al rol de la mujer y sus prioridades. No significa que no hay hombres que ocupen los roles, pero la mujer no solo tiene sus tareas habituales y las domésticas, también se le impone ser cuidadora”, comentó Dorian Mills, terapeuta ocupacional y colaboradora de la fundación De Frente con el Alzheimer, Inc.

Como cuidadora de su mamá por los pasados años y colaboradora de la fundación, reconoce todos los desafíos que enfrentan las mujeres que quedan a cargo de estos pacientes y cómo, en ocasiones, se deja de un lado priorizar la salud propia. 

Hay que tener tiempo para uno y hay que buscar la ayuda psicológica si es necesaria. También buscar el apoyo de la familia, en mi caso yo conté con mi papá, mi hermano, sus hermanas. Fuimos un equipo. Pero mucha gente no tiene eso”, contó Mills. 

Mencionó, de igual forma, que hace falta más solidaridad y empatía hacia el cuidador, pues se tiende a juzgar por las decisiones que toma. Por ejemplo, le expresan que no sale de la casa. Pero si lo hace, le dicen que no debería hacerlo. También si decide llevar o no al paciente a un hogar.

“No importa lo que hagas, como cuidador se te crítica”, sostuvo y comentó, además, que antes del fallecimiento de su mamá, buscó -junto a su familia- darle la mejor calidad de vida. 

Buscan seguir educando sobre el alzhéimer

Gratacós recordó que muchas veces se olvida la gran cantidad de carga que tiene una mujer cuidadora sobre sus hombros.

“Se tiende a creer que porque es una mujer soltera o retirada es una obligación que le toca. El alzhéimer no es una enfermedad de una sola persona, es una enfermedad de la comunidad, todos nos vemos afectados”, subrayó la portavoz de la Asociación de Alzheimer y Desórdenes Relacionados de Puerto Rico.

De hecho, en la búsqueda de seguir educando sobre el tema en la Isla, recientemente se celebró el XIV Congreso Iberoamericano de Alzheimer en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Gratacós fue una de las anfitrionas del evento y explicó que este sirvió para que profesionales de la salud y la investigación, a nivel mundial, se reunieran en un mismo lugar. 

En el mismo se ofrecieron datos sobre el panorama actual que se vive en América Latina y el Caribe, con alrededor de 14 millones de personas experimentan demencia y cuyos números podrían incrementar de cara al 2050. 

Asimismo, se habló sobre las diversas herramientas interdisciplinarias en el manejo de la enfermedad, entre ellas la danzaterapia para el desarrollo cognitivo y emocional.