(Foto: Paola Marchena)

La corrupción representa para un país graves problemas sociales. Perpetúa la desigualdad, dispara la desesperanza, exacerba la frustración y propicia actos violentos o ilegales. Por eso, erradicarla es necesario para el progreso social de Puerto Rico. 

Cuando se habla de corrupción se hace referencia al desvío de los procesos y recursos gubernamentales que tenían como fin la justicia social para otros propósitos. Con la corrupción, motivos ajenos hacen que esos recursos y fondos se desvíen para beneficiar a grupos diferentes o individuales. Es decir, lo que estaba destinado para corregir que algo estaba mal se dirige a otra cosa y ese mal que había que atender se agudiza en lugar de ser subsanado. 

Hace 12 días el país parece haberse levantado de un largo sueño desde el cual observó pasivamente y por años actuaciones incorrectas de parte del Estado sin concertar una acción contundente de denuncia y de cese. Las 889 páginas del chat de Telegram, reveladas por el Centro de Periodismo Investigativo, en el que el gobernador Ricardo Rosselló y los miembros de su equipo más cercanos se burlaron de los muertos, hicieron comentarios transfóbicos, homofóbicos, insultaron a mujeres, personas gordas, pobres y concertaban cómo manipular los medios de comunicación fueron la gota que colmó el vaso. El país despertó y unido ha rugido por los pasados días para sacar a Rosselló de su silla y comenzar lo que parece una revolución por “limpiar la casa”.

Finalmente, el gobernador terminó por renunciar a su cargo.

Históricamente, Puerto Rico ha evidenciado cómo la corrupción ha agravado el panorama de servicios de salud, ha impactado adversamente al sistema de educación – renglón en el que debemos mencionar en particular los niños y niñas de educación especial –, los recursos disponibles para la seguridad, entre otros asuntos. 

“Entonces, observamos que lo que pudo haberse resuelto o mejorado no se da o se retrasa. Mantienes una herida abierta y agregas otra segunda herida que es la desesperanza y la falta de confianza de la sociedad en las instituciones”, explicó la doctora Silma Quiñones, presidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.  

Quiñones explicó que, cuando el individuo nota que los fondos están adjudicados pero no llegan a ayudarle, reacciona de dos maneras: o confía en que llegarán más tarde o pierde la confianza por más que las autoridades digan que la ayuda llegará, planteamiento que remonta al paso del huracán María, en 2017 y la demora en las ayudas al pueblo y el mal manejo de los recursos disponibles. 

“Vemos cómo a nivel individual la persona se sale del sistema para resolver y hacer lo que sea necesario para aliviar su situación. Ahí vemos el crimen, los robos, los asesinatos que tienen que ver con el trasiego de drogas, la economía subterránea, el montaje del crimen organizado – que mantienen comunidades que de otra forma no saben cómo satisfacer necesidades básicas”, observó. 

De acuerdo con Quiñones, la coyuntura histórica que vive el país debe motivar a la ciudadanía a mejorar la forma en que se discierne sobre las personas que lideran. “Tenemos que mantener cierto grado de malicia y aceptar que alguna persona o pueden tener un impacto positivo, pero también conductas que pueden ser negativas. La gente no es toda buena o toda mala, es importante discernir entre lo que se dice y lo que hacen. Es importante responder a las alertas y no confiar a ciegas de nadie. Esto es una lección sobre lo político pero también sobre lo personal. Hemos aprendido a que debemos ser más activos en el proceso de descifrar la verdad de la mentira en todos los ámbitos”, dijo. 

Cuando la corrupción está arraigada en nuestra historia, ¿cómo hacemos para restaurar la credibilidad?

“Siempre podemos adelantar algo, pero hay unos problemas serios que parecen inamovibles. Cuando el gobierno electo representa al país y está motivado a hacer por el país de una manera equitativa funciona. El problema es el sistema político partidista que típicamente pone a unos en contra de otros, esa dinámica es el planteamiento de cómo salimos de ahí y trabajamos todos en la misma dirección. Vemos que no adelantamos las causas”, sostuvo sobre el  nivel colectivo. 

A nivel individual, la psicóloga exhortó a los ciudadanos a ser conscientes y tener siempre presente que se debe ser responsable y trabajar no solo por el bien propio, sino también por el de de los demás. “Que el malestar no permanezca en la queja. Urge fomentar los valores de integridad y honestidad.  No se adelantan las causas pensando en uno mismo”, indicó. 

Quiñones advirtió que Puerto Rico debe siempre tener en mente que “hay países mucho más corruptos, países con necesidades y faltas mucho más profundas y nosotros no somos agradecidos y parte de la corrupción es querer más y más y más cuando ya tú tienes”.

Cuando la corrupción no es atajada también genera frustración y sentimiento de impunidad en el pueblo. 

“La sensación de impunidad puede ser alimentada por diversos factores legales, entre los que se encuentra, además de la falta de control efectivo y trabas previas a la corrupción, situaciones como la no restitución de los fondos o bienes extraídos a través de la corrupción, la confirmación o no anulación de los efectos jurídicos derivados de los actos inmersos en corrupción etc.”, según establece el artículo “Causas y Efectos de la Corrupción en las Sociedades Democráticas”, de Javier Miranzo Díaz, investigador de la Universidad de Castilla-La Mancha, en España.