Adentrarse en el mundo swinger como pareja puede ser algo tanto positivo como negativo. Todo depende de la pareja y las circunstancias en las que se encuentra a la hora de decidir entrar en esta práctica, coincidieron expertas entrevistadas por Es Mental.

En Puerto Rico, ser swinger significa compartir de alguna forma parejas. “María y José se encuentran con Jorge y Susana. José está con Susana y María está con Jorge, pero no necesariamente tienen que participar todos. Una de las personas puede decidir mirar”, ejemplificó la sexopedagoga Zaida Lorenzo Vargas.

Hay distintas variaciones dentro de la práctica, indicó la sexóloga Ivelisse Bruno Ortiz en consonancia con Lorenzo Vargas. Es un modelo relacional que se clasifica entre las relaciones no monogámicas consentidas. Se trata de una relación en la que la pareja principal tiene una relación abierta en el que pueden compartir sexualmente con otras parejas. Se supone que ese vínculo sea únicamente sexual. 

Según una publicación sobre el tema, el «intercambio de cónyuges» ha ocurrido históricamente. Desde los registros disponibles, indicó que surge desde la década de 1940 a través de los llamados «clubes clave», como se los conocía en ese momento. En los años 50, fue denominado como «intercambio de esposas.»

No está claro cuántos adultos participan actualmente en el swinging, pues tal como precisó Lorenzo Vargas, se trata de una comunidad cerrada y una práctica arropada por múltiples prejuicios y tabúes. Sin embargo, según el artículo, los expertos estiman que sea un 2% o menos, las parejas que lo practiquen. No obstante, apuntó a un estudio de la Alianza de Swing Club de América del Norte que determinó que un 15% de las parejas de Estados Unidos lo han intentado al menos una vez en sus vidas casadas.

Según Lorenzo Vargas, lo más importante es tener un código o unas reglas internas, pues el respeto es esencial. La comunicación entre parejas es fundamental. Antes, se debe de discutir aspectos como hasta dónde van a compartir, cómo se van a relacionar y los dos estar de acuerdo con la pareja elegida. 

La sexopedagoga compartió que el acercamiento lo suelen hacer entre las dos mujeres o entre los dos hombres, de ser parejas heteronormativas. En este marco, Bruno Ortiz añadió que es fundamental buscar información sobre lo que conlleva esta práctica, cuestionarse si eso es lo que desean, estar consciente de los riesgos, ser responsable y evaluar si tiene la inteligencia emocional que requiere, y ambos tienen que estar interesados y dispuestos. 

Mientras, Lorenzo Vargas recomendó hacer preguntas libremente a personas que tengan experiencia en la práctica o incluso a las personas con quienes quieren empezar a hacerlo, orientarse bien y estar seguro o segura de que es lo que buscan como pareja.

El lado positivo y negativo del mundo swinger

En cuanto a beneficios de ser swinger, opinó que uno de los principales sería gozar del acuerdo con la pareja y compartir con otras parejas, gozando mutuamente de un placer sexual y social.  Por su parte, Bruno Ortiz destacó que, de hacerse correctamente y tomar en consideración a todas las partes antes de empezar, puede traer beneficios como un aumento en confianza y seguridad, poder tener interacciones y experiencias diferentes. 

Del otro lado, algunas de las secuelas negativas de esta práctica, de no llevarse a cabo correctamente o no estar de acuerdo ambas partes, es empezar con secretos, hacer encuentros fuera del acuerdo entre los cuatro, dijo Lorenzo Vargas. Esta desventaja sería la posibilidad de cometer una infidelidad fuera del acuerdo, especificó.

Bruno Ortiz mencionó que otro error comúnmente cometido es que se hace por complacer a una parte de la pareja, después vienen los sentimientos de culpa, molestia, entre otras sensaciones que afectan a nivel individual y de pareja. “Si no se está bien como pareja, puede ser una práctica que empeore la relación”, advirtió al detallar que la inseguridad, desinformación, confusiones, conflicto como otras de las consecuencias si no se es claro y tampoco se llega a un acuerdo mutuo.

La comunicación de parejas y tener estar consciente de lo que está asumiendo, son dos de las partes más importantes, dijo Bruno Ortiz. Asimismo, Lorenzo Vargas opinó que si uno de los integrantes de la relación es celoso o celosa, el hacer swinging puede traer repercusiones innumerables. 

Se han encontrado que la mayoría de las personas que hacen swinging son parejas que llevan mucho tiempo juntas y que en etapas tempranas de su relación nunca lo habían considerado. En estos casos, hay un tipo de madurez distinto, opinó Lorenzo Vargas. Esto no quiere decir que no funcione en jóvenes, sino que la mayor parte de quienes incurren en esto son parejas de muchos años. 

De hecho, según Bruno Ortiz, los jóvenes tienen potencial de abrir puertas a una mayor apertura hacia el mundo swinger. Desde su experiencia, comentó que hay muchas parejas que están interesadas en incurrir en relaciones no monógamas.