*Nota de la Editora: Esta es la tercera historia de la serie #DesafialaEdad de perfiles de adultos mayores que día a día hacen importantes aportaciones a la sociedad puertorriqueña. La publicación, que saldrá los miércoles e irá acompañada de un Facebook Live los jueves a las 11:00 a.m., se hace para celebrar el Mes de los Adultos Mayores gracias al apoyo de AARP Puerto Rico.

Su esfuerzo y dedicación han llevado a Myrna Rivera a vivir momentos de gran satisfacción profesional a través de más de 30 años años de carrera, convirtiéndola en una exitosa analista certificada en el manejo de inversiones y una de las personas más destacadas en el mundo de las finanzas en Puerto Rico.

Hoy continúa trabajando con la misma pasión que el primer día, con una agitada agenda, ayudando a los clientes del sector público, individuos, familias y el tercer sector con sus inversiones. Su día comienza a las 4 am poniéndose al día con las noticias y páginas de finanzas para ver cómo están los mercados. Así puede tener una idea de cómo le irá la jornada que termina usualmente de noche, sostuvo.

En medio de la pandemia por el COVID-19, Rivera ha estado activa en extremo pues el cierre en Puerto Rico coincidió casi con el fin del trimestre y tocó  ofrecerle a sus más de 100 clientes la orientación y educación necesaria para entender por qué sus inversiones se han reducido. 

Pero su vida no siempre fue así. Nacida en Coamo en la década del 50, Rivera -quien no precisa con exactitud su edad- nunca imaginó que se convertiría en consultora de inversiones, pero la vida le puso personas en su camino que la fueron guiando hasta el lugar en que se encuentra al presente: reconocida corredora de inversiones y fundadora de una de la principales casas de corretaje del país, Consultiva Wealth Management Corp. En realidad construyeron sobre la  inclinación que mostró desde niña hacia las matemáticas y el ejemplo de planificación financiera que obtuvo de sus padres.

“Yo digo que mis primeros maestros de planificar financieramente fueron mis papás”, dijo.

Sus padres, con salarios de obreros en Estados Unidos, a donde emigraron cuando ella tenía meses de nacida, lograron tener una casa y darle todo lo que necesitaba a la familia sin que nunca el tema de la escasez saliera a relucir en el hogar, aseguró. 

Rivera pasó 14 años de su vida en Nueva York. Primero vivió en el Bronx y después en Long Island, donde cursó desde el segundo al octavo grado.

Su padre era ebanista y la madre, aunque era enfermera, trabajaba como costurera en una fábrica. Según ella, por la naturaleza de estos trabajos, donde “no hay espacio para (cometer) errores”, ella aprendió la importancia de la estética y el rigor.

Myrna 1956Durante su niñez aprendió a tocar el violín y la guitarra. Esta última la aprendió con su padre, quien también era músico.

Recuerda como ayer el momento que, sin dominar el español por haber pasado la mayor parte de su niñez en Estados Unidos, regresó a vivir junto a sus padres a Coamo cuando tenía 13 años. Allí  vivió en la barriada Turquía, lugar del que tiene bonitos recuerdos de la escuela, de sus maestros y de sus primos. En este lugar obtuvo su formación cultural puertorriqueña.

“La primera vez que yo fui a la plaza de Coamo era como entrar a una postal. Hermosísima”, recordó con emoción.

“La vida fue una delicia (en Coamo)”, agregó.

Al terminar la escuela superior, Rivera, para quien las matemáticas en la escuela eran “como mascar chicle”, hizo un bachillerato en artes con concentración en matemáticas de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Cayey.

Mientras estudiaba en la universidad, los profesores le aconsejaron que siguiera estudios graduados, “pero yo no sabía qué era eso, yo estaba estudiando para salir y casarme”, confesó. En esa época, era normal que las mujeres se casaran jóvenes, explicó. 

Su meta en ese momento era estudiar para convertirse en maestra, ya que “a lo más que tú podías aspirar en esa década era a ser servidor público”.

Lehman 1974 fotoSin embargo, siguió el consejo de sus profesores y se fue a Nueva York a hacer una maestría en matemáticas, en contra de la voluntad de sus padres, quienes no estuvieron de acuerdo con la decisión de regresar a Nueva York.

Tras graduarse de maestría de Lehman College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, tuvo un encuentro casual con unas amistades, donde una de ellas le aconsejó que se preparara para el mundo corporativo, al tiempo que le recomendó que llamara a una persona que la podía ayudar a buscar empleo. Así lo hizo. Tuvo varias entrevistas y al final escogió trabajar en una compañía donde formó parte de un equipo que laboraba en programas de computación a la medida para la industria de la finanzas. Allí trabajó por 7 años.

“Allí es que yo descubro los bancos, las aseguradoras, las casas de bolsa”, sostuvo.

Luego se cansó del frío y decidió regresar a la Isla, donde empezó a buscar empleo por medio de una compañía que se dedicaba a ayudar en la búsqueda de trabajos. El lugar ubicaba en el edificio Popular Center. Un día, contó, el ascensor abrió frente a la casa de corretaje Merrill Lynch, que era su cliente más grande en Nueva York. Se bajó, entró y preguntó por el gerente general. Le presentó una propuesta improvisada y le dijo que, aunque ella era analítica y no sabía nada de bonos y acciones, ella no lo iba a defraudar si le daba empleo.

Y así fue. Pasó un examen y le dieron el trabajo de broker a los 27 o 28 años.

“Empiezo a adiestrarme para coger las licencias, en ese proceso voy entendiendo el proceso del dinero, los grandes capitales, las bolsas de valores y los mundos de los mercados”, indicó.

En ese momento, de 25 brokers en Merrill Lynch, solo había 4 mujeres. A nivel general, habían aproximadamente 10 mujeres en esta industria y “40 años más tarde no ha cambiado”, aseguró.

Sus primeros clientes fueron la Unión General de Trabajadores, la Cooperativa de Vivienda Ciudad Universitaria y la Cooperativa Oriental. 

“Esos fueron mis pininos”, sostuvo. 

Luego fueron surgiendo clientes del sistema público (Gobierno) ciudadanos y privados.

Myrna M Rivera Official Photo 2Rivera, luego quien trabajó 17 años en Smith Barney, se siente satisfecha por ayudar a los capitales colectivos, y del tercer sector de este país a crecer porque “amo lo que ellos hacen”, dijo en referencia a las organizaciones.

“Yo pude alinear mis destrezas, mis talentos, mis pasiones, mis ideologías y filosofías individuales. Las pude conjugar y crear un espacio para yo levantarme todas las mañanas y hacer país, y eso no tiene precio”, indicó. 

Entre sus legados, figura crear las primeras políticas de inversión para fondos públicos de Puerto Rico. Eventualmente se acogió como política pública por el Gobierno.

En el 1999 fundó Consultiva International, hoy día Consultiva Wealth Management Corp, una empresa independiente de asesoría de inversiones, que desarrolla, implementa y supervisa estrategias y políticas de inversión para instituciones, entidades gubernamentales e individuos.

Ha recibido varios reconocimientos en el ámbito profesional y personal, entre ellos haber sido seleccionada como una de los 100 hispanos más influyentes de la Business Magazine y el premio de excelencia John Ellis por su desempeño como consultora de inversiones en Smith Barney y sus predecesores, entre otros.

El más reciente fue el nombramiento que le hizo el Concilio de Puerto Rico de los Escuchas como “Ciudadano Distinguido del Año 2020” por representar los valores y filosofía del escutismo.

Unos que tienen gran significado emocional para ella fueron haber sido reconocida como “hija de Coamo” en el Festival del Río y como “coameña ausente” en las fiestas patronales del pueblo.

Myrna and Lin Manuel Miranda 1Amante de la lectura, los buenos documentales, conciertos, Rivera también preside la organizaron Pro Arte Musical, la más longeva produciendo conciertos de excelencia musical con artistas locales y mundiales. 

En medio de la emergencia por el COVID-19, Rivera aconsejó a los adultos mayores a escuchar buena música y a reflexionar sobre lo que realmente los hace felices porque “todo lo que necesitas es gratis”. Por ejemplo, una conversación con un amigo, un paseo o compartir una buena comida con alguien que quieres mucho.

Rivera es parte de los 1.3 millones de adultos mayores en Puerto Rico que siguen activos trabajando y que forman parte vital de la economía y de la sociedad puertorriqueña. Según datos de un estudio hecho por Oxford Economics para AARP en 2015, el grupo de personas con más de 50 años representa el 37% de la población y aporta $25,000 millones a la economía de Puerto Rico. 

En cuanto a su futuro, Rivera no tiene planes de retiro.

“Francamente yo no me planteó cuándo me voy a retirar”, aseguró. 

“Esto ha sido una vida de muchas bendiciones, que me abrió gente maravillosa que me ayudaron a ver lo que yo no había visto en mi misma”, puntualizó.