Son muchos los momentos en donde nos encontramos diciendo “sí” cuando queremos decir “no”, y luego nos frustramos o molestamos porque no fuimos honestos. Sentimos que andamos complaciendo al mundo y al resto de las personas, menos a nosotros mismos.

Esto es por todas las personas que a menudo escucho decir “yo no quiero” o “yo no quería” y como quiera acceden a situaciones o a conductas. Desde niños con amistades que los exponen a hacer cosas que no quieren, les dicen o hacen cosas que no quieren. Jóvenes en relaciones de pareja que acceden a actos que no quieren, como tomarse una foto de sus partes íntimas o comenzar una relación sexual porque el otro quiere. Adultos en trabajos permitiendo cosas que no quieren y personas en relaciones de maltrato, sometidas constantemente a lo que no quieren. Más simple, en el diario vivir, cualquier situación que no quieres y como quiera accedes.

Si evaluamos aspectos de crianza y mensajes externos, podemos notar el porqué es común actuar de esta forma. Sobre todo en la cultura del “ay, bendito”, donde complacer y ayudar a otros es algo muy importante. Decir “sí” y ayudar se asocia con ser buena persona. Si por alguna razón no puedes, se siente pena y a veces culpa. Muchas personas se ofenden si no estás para ellos y en nuestro país, incluso, si les rechazas una taza de café o comida. Entonces, asociamos el ayudar y decir “sí” con ser buenas personas y el rechazar algo con ser malo. Es cuando nos preguntamos si hacemos las cosas porque queremos o porque tenemos que complacer continuamente a los demás.

Durante la crianza, algunos padres enseñan a sus hijos a decir “sí” a todo porque eso es obedecer. Cuando el niño(a) intenta decir lo que quiere y piensa sobre algo, se le regaña, castiga y se le impone otra idea diferente a la que ya trae. De esta forma, el niño(a) pierde, poco a poco, la idea de poder comunicar con seguridad lo que quiere o no quiere o nunca logra desarrollar asertividad.

Escuelas, iglesias y clubes piden ayudas, dinero y constantes colaboraciones para eventos y se crea la presión social de decir “sí” ante todo, aún cuando no se puede. Entonces, cuando evalúas tu alrededor, vives entre una cosa y otra diciendo “sí”, “sí” y “sí” cuando por dentro estás “no puedo, no quiero y no debo”.

¿Cuán importante es negarse a algo y poner límites? ¿Cuán importante es desarrollar la destreza de asertividad, donde con seguridad y respeto expresamos lo que verdaderamente sentimos, queremos y pensamos desde temprana edad? Es sumamente importante, a pesar de que no ha sido lo aprendido ni lo que se nos ha dicho que está bien hacer.

Comenzando porque ser honestos con nuestros deseos es uno de los derechos principales del ser humano. También, porque durante toda la vida las personas se topan con experiencias agradables y desagradables y decir NO puede ser la clave para el éxito. Decir “no”, no tiene nada que ver con ser mala persona. Al contrario, tiene que ver con ser honesto contigo mismo y lo que quieres en la vida. Tiene que ver con lograr tener una vida que te llene a ti porque sigues tus intereses y no los de otros. Porque te escuchas primero y puedes decir “esto lo quiero o no lo quiero”, “me llena o no”, “me gusta o no”… y, luego,  actuar con seguridad a tono con tu respuesta.

¿Qué hacer? Primero reconocer tus derechos y los beneficios de negarte cuando quieres y sea necesario hacerlo. No des respuestas inmediatas, espera y piensa lo que realmente quieres hacer y luego contesta con honestidad. Práctica asertividad. Así te expresas de manera correcta y sin ofender a nadie. Un ejemplo es “me encantaría, suena bien, pero en estos momentos no puedo”, “hoy no, ¿pero qué tal la semana que viene?”. El «no» puede ser negociar algo que ahora no puedes pero luego sí. O simplemente “no gracias” o un “no”.

Claro que complacer, ayudar y ser amable es importante. Es saber cuándo sí, cuándo no y reconocer lo maravilloso de los límites.

*La autora es psicóloga clínica y forense con práctica en Guaynabo, Puerto Rico.