Para Keila Michelle Pacheco Rodríguez, más allá de perder o no la compra, los apagones repentinos en el país ponen en un hilo su vida. La madre de 47 años y residente en Carolina es paciente de cáncer desde el 2014, está encamada y su vida depende de un ventilador.

Siento miedo, me da coraje, no es fácil. Da coraje, impotencia”, dijo con la voz quebrada y llorosa al compartir lo que siente cada vez que se interrumpe el servicio eléctrico en su casa. Keila Michelle vive sola y depende del cuidado de su hija, quien comenzó a cuidarla desde los 16 y actualmente tiene 26 años, contó a Es Mental.

Para la paciente de cáncer mediastino, tipo de cáncer entre los pulmones, “la luz es vida o muerte”. Un ventilador dañado y un fuego provocado por el generador eléctrico son algunos de los saldos que han dejado los apagones.

Nosotros los pacientes encamados y conectados a ventilación mecánica somos personas también, seres humanos que debemos tener calidad de vida para todo el dinero que hay en este país. Deberían de darnos una oportunidad y conocernos”, expresó frustrada sobre la limitación de ayudas. 

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Keila Michelle Pacheco Rodríguez (Suministrada)

Según Keila Michelle, ha buscado ayuda en oficinas municipales y en la legislatura sin encontrar respuestas. De igual forma, aseguró sentir un profundo enojo ante los comentarios y acciones de jefes del gobierno luego del apagón masivo que dejó a Puerto Rico a oscuras el pasado 16 de abril.

Según informó el Departamento de Salud, en un reporte del periódico Primera Hora que data del 2022, en Puerto Rico existe una población de 25,000 personas encamadas.

Los efectos emocionales en los pacientes ante los apagones

Los apagones no solamente causan frustración en el plano personal de los pacientes encamados o con enfermedades crónicas, también exacerban la ansiedad generada por la incertidumbre energética en las familias ante panoramas en los que la sintomatología de los pacientes pueda empeorar y los recursos escaseen por falta de energía, indicó el licenciado Luis Casiano Rodríguez, trabajador social clínico.

“Lo que abre a que se vea esto como una crisis fue el huracán María. Yo sé que es un tema viejo, pero es un tema que no pasa por desapercibido porque descubrió la magnitud de los problemas que tenemos en cuestión de recursos. (…) Casi siempre, las personas que tienen algún tipo de padecimiento son las personas que no pueden accesar a ir a comprar gasolina, a tener un generador eléctrico; así que, sin dudas, hay un evento traumático que todavía permea en nuestra sociedad puertorriqueña y que estos eventos que son relativamente cortos, los exacerban”, apuntó Casiano Rodríguez.

El trabajador social indicó que, durante las emergencias, los pacientes pueden sentir tristeza, desesperanza y apatía en las instituciones públicas.

“El gobierno se ha comportado como una empresa y las expresiones que ofrece son las típicas dentro de lo que es un modelo empresarial-capitalista donde intenta subsanar las situaciones con un discurso no representativo, pero motivacional que carece de sustancia y se olvida de que el gobierno es una herramienta de poder que está para comunicar lo que se está haciendo, pero también con sinceridad los aspectos de las fallas técnicas de lo que pueda estar ocurriendo”, anotó.

Cuando tú estás pasando por una situación de salud, pero lo que te lo está exacerbando es la inexistencia de un servicio, no es hasta que llega el servicio que tú puedes tener tranquilidad. Esa tranquilidad que pudiera representar el servicio va más allá de lo que tú asumes como una parte emocional; se vuelve parte de una potencial realidad que afecta -o puede acabar- con mi vida. Se observa como un aspecto trágico inminente”, indicó.

Por otra parte, el doctor Eduardo Lugo, profesor en el departamento de psicología de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez, informó que los apagones exacerban los problemas de salud mental en pacientes. De igual forma, denunció que agencias como ASSMCA deberían abogar por la resolución del problema energético, al asegurar que se ha convertido en “un asunto de salud pública”.

Vivir en un país donde poco parece funcionar y donde las tasas de pobreza son tan altas, precariza nuestras vidas y disminuye nuestra calidad de vida. Este estrés, a largo plazo, tiene un efecto en nuestra expectativa de vida”, puntualizó Lugo.

Para lidiar con un paciente encamado o con una enfermedad crónica, Casiano Rodríguez apuntó al diálogo y la escucha activa sobre los problemas que le aquejan por parte de un grupo de apoyo como parte de un remedio.

“El concepto de la resiliencia muchas veces se saca de contexto, pero entender o ayudar a entender cuánto ha pasado en otras instancias y cómo ha podido utilizar los recursos que tiene para salir o subsistir ante esa eventualidad viendo que no es la primera vez y aunque no debería pasar más nada, potencialmente ha podido sobrepasar otros momentos más complicados, aún dentro de las situaciones de salud”, precisó.

Como mecanismo para afrontar las adversidades, el trabajador social precisó que es necesario elaborar planes ante las emergencias que no dependan del gobierno y otros que sí. El plan debe establecer una red de apoyo y organizaciones comunitarias que provean la primera asistencia en un caso de emergencia.