La figura de los padres o de los cuidadores principales es vital en el proceso de crianza, ya que éstos son la guía que los menores seguirán a lo largo de vida. Pero, ¿qué ocurre si el padre, la madre o ambos son inmaduros?

Si el cuidador no dispone de la capacidad o la madurez cognitiva o emocional necesaria para llevar a cabo su rol como enseñante, el menor puede no desarrollarse de manera adecuada o carecer del apoyo que necesita durante su crianza, indicó el psicólogo escolar Andrés Santos Cruz.

Santos Cruz explicó que existen distintos tipos de inmadurez, incluyendo la emocional y la cognitiva. La primera encapsula la inteligencia emocional, poder entender las emociones de uno mismo y los sentimientos de los demás y a su vez asegurándose del bienestar de los demás. Mientras, la cognitiva es cuando las personas tienen una discapacidad que evita que tengan comportamientos adecuados para su edad, en este caso, en el momento de ser padre o madre.

Por su parte, el presidente de la Asociación de Psicología Escolar de Puerto Rico, Héctor Hernández Loubriel, definió a un adulto inmaduro como uno con dificultad en manejar sus emociones y reconocer las necesidades emocionales de los demás. 

No todas las personas desarrollan inteligencia emocional a la par con la edad”, detalló al precisar que existen muchos factores que pueden incidir en el desarrollo de estas capacidades. Es importante tener en cuenta la capacidad del desarrollo de la empatía, destrezas adecuadas de comunicación y una expresión saludable de las emociones, tanto en adultos como en niños, indicó. 

Cuando el cuidador no posee destrezas de autorregulación y expresión emocional adecuadas puede afectar adversamente el bienestar de los niños y niñas a su cargo, comentó Hernández Loubriel. Incluso, indicó que estas carencias de parte del cuidador se pueden reproducir en el menor,  impactando el desarrollo de destrezas necesarias en los niños. Por su parte, Santos Cruz agregó que tener a un cuidador principal inmaduro pudiese implicar un cuidado inadecuado e incluso maltrato

“El proceso de crianza en su gran mayoría será aprendizaje vicario. Éste tipo de aprendizaje se adquiere mediante el ejemplo que los niños y niñas reciben de sus cuidadores”, sostuvo Hernández Loubriel. Expresó que si alguno de sus padres o encargados le modelan un aprendizaje inadecuado o inmaduro, podría incluso traer dificultades en los entornos académicos y sociales.

La falta de madurez en un cuidador puede afectar la salud mental de los menores, explicó Hernández Loubriel. Recordó que el proceso de crianza debería ser uno de fomentar desarrollo, pero, a su vez, marcando límites de manera respetuosa. De no ser así y tener una crianza en la que predomina la inmadurez por parte de los padres, Santos Cruz alertó que puede provocar discapacidad intelectual, depresión y ansiedad en la persona cuidada.

En muchos casos es importante solicitar ayuda profesional, explicaron ambos expertos. Saber reconocer cuándo la persona necesita ayuda es esencial, pues las implicaciones de este tema podrían también afectar otros aspectos de su vida, tanto personal como profesionalmente, puntualizó Hernández Loubriel.

De hecho, según las palabras de la doctora en psicología Annie Tanasugarn, Ph.D., la crianza emocionalmente inmadura es reconocida como un trauma intergeneracional condicionado y mantenido de una generación a la siguiente. Destacó que muchos padres emocionalmente inmaduros no «evolucionan» más allá de sus propias necesidades infantiles y egocentrismo, a menudo porque ellos mismos fueron abusados o descuidados en su infancia.

Este tipo de comportamiento se puede identificar con falta de o inconsistencia de barreras, a menudo «viven en el momento», lo que puede incluir vivir más allá de sus medios financieros, puede dramatizar excesivamente sus necesidades o recurrir a amigos o familiares para «salvarlos» o puede reaccionar exageradamente a los factores estresantes o llegar a ser excesivamente «necesitados», según Tanasugarn.

“El periodo de niñez y adolescencia es fundamental para el desarrollo de muchas áreas y competencias que utilizará en su vida adulta”, comentó Hernández Loubriel al subrayar la importancia de ayudar a los menores a comprender sus emociones y a desarrollar esas de comunicación efectiva desde temprano en su desarrollo.

De cierta manera, el proceso de crianza, apoyo emocional y social que el cuidador le ofrece al menor es vital para un proceso de desarrollo sano, saludable y adecuado, concluyó Santos Cruz. El no tener todas las herramientas necesarias puede provocar un efecto dominó que no ayude positivamente al desarrollo de la persona que está siendo cuidada, precisó. 

Es importante tomar en consideración que el constructo madurez puede ser visto de distintas maneras, pero en ambos aspectos pudiese llevarlo a tener relaciones interpersonales inadecuadas, un descuido del proceso de desarrollo del menor”, expresó. 

Los menores toman en consideración lo que los cuidadores dicen y el proceso usado en su crianza, lo que puede afectar en cómo estos enfrentan su vida, puntualizó Santos Cruz.