En algunos países que, durante años han afrontado un desplome de la natalidad empiezan a aparecer señales de repunte. Corea del Sur, por ejemplo, registró recientemente un aumento de los nacimientos después de años de mínimos históricos, aunque su fecundidad continúa entre las más bajas del mundo. 

Sin embargo, para la demógrafa, profesora de la Universidad Sagrado Corazón e investigadora del Centro de Información Censal de la Universidad de Puerto Rico en Cayey, Melissa López Rosa, estos movimientos apenas rozan la superficie de un problema más profundo: no solo ha cambiado la decisión de tener hijos, sino también cuántos hijos se considera posible, deseable o compatible con la vida actual. 

Las políticas pueden facilitar que algunas personas adelanten o concreten una maternidad que ya querían, pero difícilmente revierten por sí solas un cambio social en las expectativas sobre la familia y la reproducción. 

Asimismo, la experiencia internacional muestra que las políticas para aumentar la natalidad producen resultados diversos, mencionó la experta. Una revisión de 44 estudios publicada en 2026 encontró que los resultados de estas políticas son heterogéneos y que los efectos más consistentes aparecen cuando las medidas se aplican como paquetes integrados y sostenidos, en lugar de intervenciones aisladas. Los autores de este análisis advirtieron además que su eficacia depende del contexto institucional, las condiciones del mercado laboral y el desarrollo de los sistemas de cuidados, en consonancia con lo discutido por López Rosa.

López Rosa explicó que países como Corea del Sur han utilizado subsidios y otros programas, pero los resultados han sido mixtos. Según los estudios que ha revisado, estas medidas pueden adelantar la decisión de quienes ya tienen intención de tener hijos, pero no necesariamente hacer que quienes no piensan tenerlos cambiaran de opinión.

Por eso, considera que no existe una única política capaz de revertir el descenso. “La realidad es que no hay una única forma de solucionarlo”, afirmó. Las medidas, explicó, deben actuar simultáneamente en distintos ámbitos y evaluarse durante periodos suficientemente largos, porque una política puede producir un aumento temporal de los nacimientos sin necesariamente modificar la tendencia a largo plazo.

Por su parte, Marenid Planell Camacho, doctora en salud pública especializada en salud mental perinatal, puso el foco en algunas de las medidas adoptadas en países que han intentado frenar la caída de la natalidad. Francia y los países nórdicos han desarrollado, entre otras iniciativas, licencias parentales, servicios de cuidado infantil y medidas relacionadas con la vivienda y la protección familiar. Corea del Sur también ha desplegado políticas en áreas como vivienda, educación, salud y costes de crianza, en un proceso que, según Planell, todavía está en desarrollo.

Entre las medidas que consideró aplicables a Puerto Rico, mencionó las licencias tanto para madres como para padres, porque “los hijos no los cría mamá nada más”. También, destacó las políticas de salud mental perinatal y los protocolos de apoyo a familias que atraviesan una pérdida, ya que una experiencia de este tipo puede influir en la decisión de volver a tener hijos.

Los incentivos monetarios, en cambio, no deben presentarse como una solución independiente. Planell cuestionó que entregar un cheque pudiera resolver las condiciones estructurales que dificultan formar una familia. “Es parte de un todo”, sostuvo. A su juicio, el apoyo económico puede complementar otras medidas, pero no sustituirlas.

La experta también subrayó que las familias necesitaban tiempo para adaptarse a la llegada de un bebé. “La familia entera está posparto, no solamente mamá”, afirmó. Por eso consideró relevantes las licencias prolongadas: permiten que madres, padres y otros miembros de la familia se adapten a esa nueva etapa mientras se protege también la salud mental.

¿Cuál es la situación en Puerto Rico?

La baja natalidad no depende únicamente de que una persona quiera o no tener hijos. En Puerto Rico, las condiciones económicas, el acceso a servicios de salud, la vivienda, el transporte y la disponibilidad de cuidados también pueden influir en esa decisión. Planell Camacho explicó que estos factores pueden convertirse incluso en estresores desde el momento en que una mujer conoce que estaba embarazada.

La especialista señaló que Puerto Rico enfrenta, entre otros problemas, la migración de jóvenes y los llamados desiertos de salud materna. Algunas mujeres tienen que desplazarse durante horas para llegar a sus médicos, mientras que la escasez de servicios esenciales añade preocupaciones sobre alimentación, plan médico, educación, vivienda o condiciones básicas como el acceso a luz y agua. Todo ello, afirmó, puede afectar la salud mental perinatal y contribuir a ansiedad o depresión.

Para Planell, garantizar el acceso a atención prenatal, obstétrica y posparto también es una cuestión de autonomía. Sin estos servicios, explicó, las familias no pueden “tomar decisiones informadas”. La falta de acceso las deja desprotegidas y afecta tanto su salud física y mental como sus decisiones reproductivas posteriores.

Mientras, para la demógrafa López Rosa, la caída de la natalidad en Puerto Rico no es un fenómeno reciente. Opinó que hace unos 20 años nacían cerca de 30,000 niños al año, mientras que actualmente nacen alrededor de 18,000 o 19,000. El descenso, señaló, se ha hecho más visible durante la última década, pero lleva años produciéndose.

Entre los factores que identificó están la situación económica y laboral, pero también un cambio cultural en la manera de entender la maternidad y la paternidad. Tener hijos, explicó, ha dejado de considerarse necesariamente una medida del éxito personal. A esto se suma la postergación de la maternidad: mientras antes era más habitual tener hijos entre los 20 y 25 años, ahora la maternidad suele retrasarse hasta después de los 28 o 30.

La demógrafa considera que mejorar las condiciones económicas puede hacer que algunas personas reconsideren su decisión de no tener hijos, especialmente si se acompaña de vivienda accesible, servicios de cuidado, educación y mejores condiciones laborales. No obstante, distinguió entre facilitar que quienes desean tener hijos puedan hacerlo y tratar de cambiar las preferencias reproductivas de quienes no los desean.

Como opinión personal, López Rosa sostuvo que es poco probable que Puerto Rico regrese a las tasas de natalidad de décadas anteriores. “Yo no creo que volvamos a ver familias con seis, siete hijos”, planteó. En su lugar, vio más plausible que las familias que desean tener hijos se concentren en uno, dos o tres.

Concluyó que cualquier estrategia para Puerto Rico tiene que ser multisectorial. “Si solamente aplican una medida, no va a funcionar”, sostuvo. A su juicio, la respuesta tiene que abordarse como una política de país y no únicamente mediante incentivos puntuales.