La carencia de pausas reflexivas en la vida de una persona puede tener consecuencias negativas como tensiones con otros individuos y familiares, irritabilidad, reactividad emocional, y cansancio extremo, entre otras. Por eso, las investigaciones y también los especialistas coinciden en lo esencial de llevarlas a cabo.
En una sociedad en la que la productividad sin descanso parece la norma, detenerse es casi un acto de rebeldía. Pero pausar para reflexionar no debe ser un lujo, sino una herramienta para promover la salud y el bienestar emocional.
De acuerdo con la doctora Waleska Maldonado Navedo, psicóloga clínica, el ritmo tan acelerado en el que viven las personas puede provocar que se tomen decisiones bajo estados emocionales intensos.
Por lo que, en ese “modo automático”, como lo describió, se presenta el estrés, la poca tolerancia, dolores de cabeza, estomacales, temblor en el ojo y la tensión muscular. Asimismo, ansiedad y sobrepensar y la sensación de estar desconectados, sin claridad o moviéndose por inercia.
Entonces, tomarse pausas reflexivas, pequeños momentos en los que una persona se detiene a respirar y evaluar cómo está, pueden ayudarle a regular las emociones y tener mayor claridad.
«Vamos a prisa. Demasiada prisa. Esa velocidad tiene repercusiones profundas en nuestra salud mental y nuestro desempeño laboral», explicó por su parte la doctora Adriana A. Torres, psicóloga clínica.
Torres aseguró que los individuos suelen ignorar las primeras señales de esto, pues están acostumbrados a vivir de tal forma.
Suele ser complejo para poblaciones como madres solteras, sobrevivientes de violencia, personas con hijos y responsabilidades mayores.
«¿Cómo se le pide a alguien así que se tome una pausa? En esas vidas tan cargadas es en donde más urgente se vuelve detenerse, pausar y reflexionar», comentó.
Enfatizó en la diferencia entre descanso pasivo y pausa activa. Esta primera, por ejemplo, es un proceso de autorregulación. Se busca observar qué está pasando en el cuerpo, cómo se está pensando o se quiere responder o qué emociones se están intensificando.
«Pausar es intencional. Es mirar hacia adentro antes de reaccionar hacia afuera», dijo la doctora.
Las diferencias entre las pausas reflexivas y el descanso
En este mismo contexto, Christian A. Aponte Peralta, psicólogo en consejería psicológica, planteó que la pausa reflexiva, a diferencia de simplemente descansar o hacer nada, conlleva una intención de observar las experiencias internas (sentimientos, emociones y pensamientos) desde el rol de espectador.
«Abre el espacio para aplicar herramientas de autorregulación y nos ayuda a redirigir nuestras decisiones a lo que es importante para nosotros en un momento particular. No se trata de evadir, sino de realinear», sostuvo.
Dijo, también que este ‘elemento reflexivo’ se maximiza al aplicar técnicas breves de regulación, como la respiración guiada y/o “auto-distanciamiento” lingüístico (hablar en tercera persona para promover perspectiva). Las mismas han mostrado reducir la reactividad afectiva y favorecer conductas más constructivas en situaciones sociales exigentes.
Mencionó estudios como uno publicado en Cell Reports Medicine, en el 2023, que demostró que cinco minutos diarios de respiración guiada producen mejoras sobre el ánimo y ansiedad.
A nivel interpersonal, el pausar antes de actuar reduce la escalada emocional y facilita resolución de conflictos de pareja y otras situaciones sociales o familiares; lo que vuelve la pausa intencional una herramienta de higiene relacional, no solo individual, reiteró el psicólogo.
Por su parte, Maldonado Navedo recordó que cuando se siente o experimenta un adelanto a situaciones que no han ocurrido o las emociones se intensifican sin razón aparente, esto es una señal de que es necesaria una pausa.
La pausa reflexiva reduce la activación del sistema nervioso, evita que se actúe desde el piloto automático, da claridad para resolver situaciones, permite reconectar y sostiene el bienestar a largo plazo, enumeró.
«Si no pausamos, acumulamos y acumulamos hasta que emocionalmente explotamos», dijo.
Aconsejó a las personas a tomar pausas reflexivas a lo largo del día, que pueden verse mediante la meditación guiada, ejercicios de respiración, desconectar de redes sociales y/o la escritura reflexiva.
Mientras que Torres exhortó a escuchar al cuerpo, pues siempre envía señales, tanto físicos como emocionales.
AAdemás, recomendó normalizar las llamadas micro-pausas, como son un minuto para respirar, estirar, caminar o hidratarse.
Pero, sobre todo, identificar patrones repetitivos. Si cada día aparecen los mismos pensamientos, emociones e incomodidades, se necesita una pausa reflexiva.
Conectar con el presente, es otro de los consejos compartidos. Esto, en particular, puede ser de beneficio, ya que una mente preocupada se dirige al futuro o al pasado.
Finalmente, Aponte Peralta, recomendó que, por cada 30 a 55 minutos, la persona se detenga de 2 a 5 minutos para respirar, moverse y mirar lejos. El objetivo es restaurar energía más que “desaparecer del mapa”, dijo.
Y, por ejemplo, antes de responder en tensión, aplicar la secuencia: detenerse, tomar distancia, observar señales (emoción, necesidad, dato) y proceder con la acción más eficaz. Lo que se le llama la habilidad del “STOP” en la terapia dialéctica conductual.
«Fuera del horario laboral, es clave permitir que la mente se desconecte de verdad, sin seguir dándole vueltas a lo pendiente. Solo así el cerebro logra procesar, integrar y recuperar energía», concluyó.




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