Conversaremos por Facebook live con Perla Alessandra Hernández, periodista y paciente, y con Laura Irizarry, estudiante doctoral de psicología clínica, sobre las complicaciones emocionales y físicas de los trastornos alimentarios,  gracias al apoyo de FHC First Healthcare. ¡Sintoniza a través del Facebook de Es Mental o de FHC – Salud Mental!

Una manzana y mucha agua. Ese fue el alimento que Perla Alessandra Hernández consumía en un momento de su vida en el que padeció de anorexia.

La joven periodista y entrenadora física comenzó su lucha contra su peso desde que era una niña, siendo en la universidad cuando “explotó” su obsesión por hacer dietas para bajar de peso rápido y hacer mucho ejercicio. 

Fue así que comenzó a eliminar los carbohidratos de su dieta, hasta eliminar los alimentos, contó a Es Mental.

“No me preguntes cómo yo le hice eso a mi cuerpo, pero yo me sentía satisfecha comiéndome la manzana lentamente y tomando agua. Galones de agua, esa era mi comida del día”, dijo.

A pesar de su comportamiento hacia la comida, ella no aceptaba que estaba enferma y le llegó a mentir a su médico generalista y psicóloga, diciéndoles que su dramática pérdida de peso se debía a que hacía mucho ejercicio.

“Pero lo que sí me explotó todo eso, y dije ‘Diantres estoy enferma’, fue que un día yo estaba guiando con mi sobrinito que tenía ocho años para ese entonces, y yo estoy al frente en el carro en el guía y me dice: ‘Titi, ¿porque a ti se te nota la columna vertebral? Cuando me miré en el espejo se me notaba toda la columna, cada huesito”, recordó.

Luego de reconocer su enfermedad y recuperarse de la misma, se topó con el veganismo y comenzó a consumir carbohidratos, lo que resultó muy difícil para ella, confesó.

Es entonces que desarrolló bulimia “porque estaba comiendo de más y me sentía culpable”

“Yo no esperaba que pasaran 10 minutos y me metía el dedo o un cepillo de dientes y vomitaba”, contó.

Un día se comió una bolsa de granola y después la vomitó “porque se le fue la mano”, agregó.

Perla, de 28 años, asegura que ha tenido recaídas, incluso una reciente en medio de una ruptura amorosa, y bajó 10 libras. En momentos en que tiene alguna situación emocional, Hernández, hace doble ejercicio, y a veces cuando come mucho, llega a su casa y hace un poco de ejercicio cardiovascular, lo que reconoce no es correcto.

A pesar de esa situación, ya se puede comer una dona o un helado sin el miedo constante a engordar.

Hoy día, Hernández, quien escribió el libro “Amando cada parte de mí», donde cuenta su historia, aseguró que la mayoría de sus clientas, como entrenadora física, son chicas desde 15 años con trastornos alimentarios.

Variados los trastornos alimentarios

Entre los trastornos alimentarios más comunes figuran la anorexia nerviosa, la bulimia y el trastorno alimentario compulsivo, indicó Laura Irizarry, estudiante doctoral de psicología clínica y miembro de la Asociación Nacional de Desórdenes Alimentarios (ANDA).

Estos trastornos pueden ocurrir tanto en hombres como mujeres y, según estudios, puede comenzar desde la adolescencia o adultez temprana, indicó. Sin embargo, dijo que, de acuerdo a estudios recientes, puede comenzar desde la niñez.

Explicó que la anorexia nerviosa es cuando una persona restringe la ingesta de alimentos

“Se va a ver un miedo relacionado a lo que es el aumento de peso. La persona va a tener una alteración dirigida a la percepción de su propio peso”, dijo.

Se puede escuchar personas que digan: “Yo estoy gordo o estoy gorda” y también pueden tener un peso bastante significativo por debajo de lo esperado. “Sin embargo, esa persona se va a mirar en el espejo o te va a dejar saber que no le agrada su peso y que entiende que está sobrepeso”. 

En cuanto a la bulimia nerviosa explicó que este trastorno consta de episodios recurrentes de atracones, o sea que la persona consume una ingesta de alimentos bastante alta en un periodo de 2 horas. Estos atracones vienen acompañados de vómitos provocados. A quienes usan laxantes, diuréticos, ayuno o hacen ejercicio excesivo.

“La persona piensa que, después de esta falta de control excesiva de ingerir los alimentos, por medio de estas acciones va a eliminar todo”, agregó.

En cuanto al trastorno alimentario compulsivo, dijo que las personas con este trastorno “comen más rápido de lo normal, se sienten desagradablemente llenos, pueden sentir vergüenza por la cantidad excesiva que comen. Este trastorno puede ir acompañado de la depresión porque se sienten deprimidos y avergonzados luego de ingerir una ingesta excesiva de comida”.

Irizarry sostuvo que las personas con estos trastornos pueden tener recurrencias.

Complicaciones mortales

“(Los trastornos alimentarios) son una condición de salud mental crónica porque no solamente estamos hablando de lo que es el aspecto de salud mental, sino que tiene complicaciones de salud física que pueden llevar a la muerte. Inclusive, actualmente está dentro de los primeros cinco diagnósticos de salud mental con alta incidencia en lo que es la muerte, por el hecho de las complicaciones de salud física. Y también hay correlación en lo que es el suicidio”, explicó Irizarry.

Mencionó que a nivel físico se puede afectar el aparato digestivo, el desarrollo, los huesos y la salud oral. Además pueden provocar pérdida de masa muscular, fatiga, pérdida de cabello, uñas resecas, fallo renal, osteoporosis, disminución en la frecuencia cardíaca y presión arterial.

Ante estas complicaciones urgió que estos trastornos sean tratados desde un punto de vista interdisciplinario, donde, por ejemplo, haya una clínica especializada, en la que puedan atender pacientes con trastornos alimentarios que están muy enfermos.

Indicó que,  como futura psicóloga, ha tenido que referir pacientes a un pediatra, a un médico o a un hospital, enfrentándose con poca capacitación empática hacia los pacientes.

Para el manejo y tratamiento de estos trastornos, debe incluirse a las evaluaciones de un psiquiatra,  de un psicólogo, de médicos de salud física y de nutricionistas, puntualizó.