La oposición constante o la sensación de que alguien siempre lleva la contraria puede resultar agotador. Sin embargo, detrás de esta conducta hay patrones aprendidos en la infancia, carencias emocionales y/o la necesidad de ser escuchado.
Según la psicóloga Yesenia Quiles Matos, Fundadora de En Un Paréntesis, este tipo de comportamiento puede responder tanto a factores aprendidos como a rasgos individuales de personalidad.
En algunos casos, la oposición constante surge como una manera de afirmar autonomía o una mecanismo aprendido en contextos donde la persona no se sentía escuchada, explicó.
Esto también pudiera relacionarse con la llamada reactancia psicológica, un fenómeno que fue nombrado por primera vez en el 1966 por el investigador en psicología, el doctor Jack W. Brehm, y hace referencia a la tendencia a resistirse cuando se perciben amenazas a la libertad o el control.
La reactancia psicológica puede manifestarse, a modo de ejemplo, cuando a un niño se le dice que no coma cierta cantidad de dulces, pero él niño, llevando la contraria, lo hace; y está presente el fuerte deseo de afirmar su anatomía.
Tras la pandemia por COVID-19 también se vio significativamente la reactancia psicología con personas mostrándose arbitrarias frente a las restricciones establecidas para detener la propagación de la enfermedad, entre ellas oponerse al uso de mascarillas y la vacunación.
No obstante, muchas veces las personas que llevan la contraria no lo hacen con la intención consciente de molestar, recordó la psicóloga consejera Sofía A. Vélez Cintrón. Puede estar vinculada a distintos factores, como al estilo de personalidad, necesidades emocionales no satisfechas, aprendizajes adquiridos en la crianza o el ambiente familiar. Incluso, en los casos en que el patrón es más marcado y persistente, puede deberse a ciertos diagnósticos clínicos.
Cómo el llevar la contraria constantemente afecta las relaciones
El gran problema es que en los vínculos interpersonales, por ejemplo, puede afectar significativamente y deteriorar las relaciones. Llevar la contraria al otro puede tonarse agotador y hasta invalidante frente a las necesidades del otro, señaló Vélez Cintrón.
Asimismo, dificulta la comunicación y la posibilidad de llegar a acuerdos; elementos esenciales para mantener relaciones saludables.
De hecho, la otra parte puede percibir que no existe la posibilidad del diálogo ni mucho menos disposición a puntos medios, mencionó Quiles Matos.
“Esto puede debilitar la confianza y la relación”, continuó.
“La persona que se opone constantemente puede experimentar, con el tiempo, conflictos recurrentes o dificultad para mantener vínculos saludables y colaborativos”, indicó la psicóloga.
De igual forma, aseguró que los estilos de crianza juegan un papel importante, ya que crecer en un entorno muy autoritario puede promover que la oposición sea la única vía para proteger la autonomía. Pero, también un entorno muy permisivo o sin límites claros podría reforzar la costumbre de llevar la contraria sin medir consecuencias.
“En ambos escenarios, la infancia puede moldear la manera en que se desarrollan y se mantienen a lo largo de la vida estos patrones relacionales”, sostuvo Quiles Matos.
Sobre el desarrollo en espacios rígidos o autoritarios, Vélez Cintrón detalló que la oposición se pudiera llegar a convertir en un mecanismo de defensa o resistencia.
“Si en la experiencia temprana aprendimos que contradecir nos otorgaba visibilidad, es más probable que esta conducta se refuerce con el tiempo. Del mismo modo, observar a adultos que constantemente desafiaban o contradecían puede servir de modelo que legitima este patrón en la interacción con otros”, puntualizó.
Dijo que, como psicóloga consejera, considera fundamental acompañar a las familias en el proceso de crianza para ayudar a romper estos patrones.
Ya en la adultez, de acuerdo a la especialista en salud mental, puede trabajarse a través de la autoconciencia, comunicación asertiva y, en algunos casos, la intervención terapéutica. Con estas herramientas el individuo puede aprender a identificar cuando la oposición es una reacción automática o cuando responde a un punto válido.
Aunque es posible transformar la contrariedad en pensamiento crítico, todas las personas son diversas y aquella que no quiera reconocer el impacto de su conducta puede afectar a los otros. Por esta razón, es recomendable establecer límites y distancias para proteger el bienestar propio, aconsejó Vélez Cintrón.
“Es una conducta que puede mejorar; sin embargo, es necesario que la persona la reconozca y tenga la intención genuina de modificarla”, compartió Vélez Cintrón.
“Desde mi perspectiva, muchas veces este patrón se origina en la niñez, por lo que al identificarlo resulta importante intervenir a tiempo para evitar que se intensifique. Ahora bien, cuando convivimos con alguien que mantiene esta conducta y no muestra disposición al cambio, es válido establecer límites claros y cuidar nuestro bienestar, regulando la cercanía si la relación se vuelve agotadora o dañina, sin dejar de reconocer que con apoyo adecuado estas dinámicas pueden transformarse”, finalizó.
En el libro I Respectfully Disagree, de Justin Jones-Fosu- se habla, precisamente, sobre cuán diferente sería el mundo si las personas entendieran los contextos detrás de muchas conversaciones. Comprender esto puede evitar que se saquen conclusiones propias y, por consiguiente, haya una comunicación catastrófica.
También, hace recordatorio de que aún cuando no se esté de acuerdo con el otro, no debe faltar el respeto. Puede lograrse, según el libro, al aprender a escuchar opciones diferentes y no buscando querer siempre ser el ganador de un conflicto.



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