El ignorar las interacciones, conversaciones o el entorno presencial por estar pendiente a los dispositivos electrónicos se conoce como phubbing.

Así lo explicó el psicólogo Héctor Hernández Loubriel, quien también dijo que este comportamiento ha surgido con el aumento del uso de la tecnología y la dependencia que muchos tienen de aparatos inteligentes para mantenerse conectados tanto a nivel laboral como social. 

El término, originado en el 2007 en Australia a través de una manifestación titulada “Stop Phubbing”, también fue identificado por estudios como “la segunda cara de la COVID-19”. 

banner300x250

Hernández Loubriel, quien también preside la Asociación de Psicología Escolar, añadió que el uso de dispositivos inteligentes en los pasados años, reforzado por la pandemia, ha aumentado, por lo que el uso problemático de los mismos también pudiera haber aumentado a su vez. Sin embargo, no hay estudios que cuantifiquen su presencia en Puerto Rico, factor que Hernández Loubriel destacó como perjudicial para el estudio del fenómeno y de la comunidad que está afectando. 

También reconoció que es un nuevo fenómeno social, por ende, aún no se ha estudiado a profundidad sobre el efecto a corto, mediano y largo plazo en las personas. 

Por su parte, la psicóloga clínica Dyhalma Ávila López dijo que este es un fenómeno propiciado “por el mercado que se lucra de tenernos ‘consumidos, consumiendo’, en este caso, a través de nuestros aparatos móviles”.

Relacionó al fenómeno con la demanda y el deseo constante de las personas por una respuesta inmediata, una contestación que varía y provee vías para encontrar cierta satisfacción que, “ilusoriamente”, creen que encontrarán vía el teléfono.

Por otro lado, las estadísticas de Estados Unidos especificaron que más de un 17% de las personas hacen phubbing al menos cuatro veces al día. Asimismo, otros estudios puntualizan que un 68% de la población duerme con su móvil, un 79% verifica su teléfono entre los primeros 15 minutos de haberse despertado, el grupo estudiado coteja su dispositivo alrededor de 221 veces diariamente y dos tercios miran su celular en búsqueda de notificaciones aunque no haya sonado ni vibrado. 

Hernández Loubriel afirmó que, aunque muchos tienen la impresión que pueden hacer más de una tarea a la vez, hay expertos de neurología que han encontrado que la atención es un proceso lineal y que sólo se puede prestar atención a un estímulo a la vez. Matizó que atender de forma consciente es importante para la formación de memorias.

Aunque ambos expertos aclararon que esta conducta no se puede categorizar como un diagnóstico formal, advirtieron que podría afectar adversamente la capacidad de las personas para estar presentes, interactuar con quienes les rodean y cuidar de sus relaciones interpersonales.

¿Cómo identificarlo?

Según Hernández Loubriel, la clave para detectar esta práctica en nosotros mismos recae en la observación y la honestidad. Invitó a las personas a reflexionar sobre dónde se encuentra su dispositivo móvil al momento de tener conversaciones. 

“¿Se encuentra accesible o guardado? ¿Usas y revisas los relojes inteligentes para ver en todo momento los mensajes y notificaciones?”, dijo al explicar que a raíz de las respuestas a estas preguntas sencillas uno puede identificar si está cayendo en patrones asociados al phubbing.

También indicó que otro factor que se pudiese considerar es si suele mantener más de dos conversaciones a la vez, pues es probable que no se estén comunicando con mucho éxito en más de un caso y estén cayendo en la práctica del phubbing sin saberlo. 

Mientras, Ávila López sostuvo que las alertas pudieran venir también a través de las quejas de otros que se sienten «ignorados». No obstante, admitió que según su nivel de introspección, la persona podrá o no darse cuenta de si, en efecto, se trata de una conducta que está afectando sus vínculos significativamente.

¿Cuáles son sus consecuencias?

Aparte de poder afectar las relaciones interpersonales de una persona, según la Asociación Española de la Digitalización, el phubbing es también asociado con el bajo rendimiento escolar, la inestabilidad emocional, la imposibilidad de entablar relaciones sociales o el descuido de rutinas básicas como comer y dormir.

Mientras, Hernández Loubriel afirmó que puede tener una relación directa con la adicción a los dispositivos electrónicos y a la Internet. 

Especificó que dado a la falta de comunicación verbal, el desconocer el estado de ánimo o la reacción del receptor y dividir la atención en diversas conversaciones, el phubbing pudiese provocar o aumentar los problemas de comunicación de un individuo.

Agregó que una de las causas que se asocia con las separaciones, divorcio y conflictos familiares es la falta de comunicación adecuada, y la sensación de no sentirse atendido o atendida por su pareja, dos aspectos que están atados al phubbing

Por esto, también comentó que pudiese hacer a las personas más vulnerables a sufrir de síntomas de ansiedad y depresión.

Mientras, Ávila López coincidió con el psicólogo clínico y estableció que recurrir mayormente a conversaciones vía dispositivos electrónicos deteriora o vuelve más complejas las comunicaciones presenciales. 

¿Cómo atender las consecuencias del phubbing?

Atender, en lugar de tratar, fue la recomendación de Ávila López para las personas que se pudiesen ver identificadas con la conducta descrita como phubbing.

A su vez, Hernández Loubriel exhortó a las personas a solicitar ayuda psicológica profesional. Enfatizó en que no es necesario que deje de usar su teléfono para evitar el phubbing; sin embargo, explicó que las personas deben de estar conscientes sobre el fenómeno y lo que implica. 

Ideó practicar la asertividad con las personas y afirmar que durante una conversación es importante estar conscientes lejos de la influencia de nuestros aparatos electrónicos para poderle dedicar a esa persona la totalidad de su atención.

Tipificó al phubbing como un comportamiento aprendido. Mientras, Ávila López recordó que hay una dimensión, que llamó «calor humano», que difícilmente puede ofrecer el aparato, por más «inteligente» que sea. Por ende, invitó a las personas a apostar por lo presencial.