Nota de la Editora: Esta historia da inicio a la serie #NuevaNormalidad donde destacaremos perfiles de personas que han hecho de tripas corazón durante la pandemia del COVID-19 y han rehecho su vida a la luz de los cambios. Publicaremos semanalmente todos los viernes. Si quieres compartir tu historia, ¡escríbenos al Inbox de Facebook! 

A sus 29 años, con un bachillerato en ejecución del piano y una agenda repleta de planes Daniela Santos tuvo que hacer un detente en su carrera. Durante casi todo el mes de agosto se trasladó de Puerto Rico a San Diego y allá cambió el teclado de su instrumento por rolos de pintar paredes y herramientas de limpieza.

Entre 8 a 16 horas al día trabajó pintando y embelleciendo dormitorios de lujo para estudiantes universitarios. Con el dinero que ganó, pudo reunir lo suficiente para cubrir sus gastos por varias semanas luego de que su vida laboral casi se paralizó.

Como muchos puertorriqueños, Santos tuvo que buscar alternativas cuando el surgimiento de la pandemia de COVID- 19 comenzó a dejar de ser asunto de unas semanas para convertirse en una realidad que llegó para quedarse por tiempo indefinido, impactando de diferentes maneras las vidas de la gente.

Para la pianista, la certeza de que las cosas tardarán en volver a la normalidad llegó dos meses después de que el gobierno decretara el toque de queda para disminuir las probabilidades de contagio del virus.

“Las artes, aunque uno no lo quiera, son de las áreas que más se afectan con las emergencias porque en la repartición de fondos no son prioridad. Supe que las cosas iban a cambiar porque la matrícula bajaría debido a que no es real ofrecer este tipo de educación en línea”, explicó Santos, quien daba clases en el Conservatorio de Música de Puerto Rico, institución de la cual se graduó en 2014.

Ante la falta de un modo para procurarse el sustento con el que ha sido su fiel compañero desde los siete años, su piano, decidió hacer un inventario de sus habilidades. Quedarse acostada en el sofá de su casa no era una opción para esta artista que se ha dado a conocer por varios proyectos, incluyendo Piano Móvil, una iniciativa que creó tras el embate del huracán Maria para tocar su piano de cola en diferentes espacios públicos.

Al explorar sus destrezas, Santos identificó que, además de tener desarrollado su talento artístico, es bilingüe, posee una gran capacidad para la organización, la limpieza y la coordinación de eventos. Además, no le tiene miedo a aprender y lo hace rápido.

Uno a veces es su peor enemigo, pero en una situación de emergencia lo mejor es ser objetivo. Entendiendo lo que me decía la lista que hice me puse a buscar, a hablar con amigos, a ubicarme, y eso fue lo que básicamente me ayudó a sobrevivir”, contó quien es natural de Dorado pero se considera sanjuanera de corazón.

La oferta de trabajo en San Diego le llegó a través de un amigo, también músico, que trabaja en el área de supervisión de la compañía que la contrató. Antes de aceptar, evaluó nuevamente sus posibilidades. Al concluir que es una de las miles de personas que todavía no ha recibido ni un solo cheque del seguro por desempleo que le fue aprobado, y que no tenía más ofertas laborales sobre la mesa, aceptó. Hizo el viaje junto a su hermano, Daniel A. Santos quien hizo el mismo trabajo.

Daniela Santos junto a su hermano Daniel en San Diego. (Suminstrada)

“Fue alocado, sí. Fue random, también. Fue una experiencia quizás de exploración,full, pero estando en ese proceso me llamaron para cuatro trabajos haciendo lo que hago. Por eso pienso que uno nunca sabe, si te quedas con los brazos cruzados no aparecen las cosas”, apuntó.

Las enseñanzas ganadas 

No dejarse vencer por las circunstancias también le permitió a Santos aprovechar una experiencia de aprendizaje que no iba a tener adentro de un salón de clases o colaborando en un concierto de la Orquesta Sinfónica, otro de sus trabajos ocasionales. Estar cerca de trabajadores inmigrantes fue aleccionador, pues observó cómo hay tantos latinoamericanos sudando todos los días para recibir una paga que difícilmente puede sacarlos de la miseria.

Concluyó que es afortunada y dio gracias por eso.

“Más que llegar a una moraleja, en medio de este proceso he aceptado que el crecimiento es diario, y que todos los días te toca hacer algo porque si no, perdiste. No detenerse, quizás eso es lo mejor que aprendí”, dijo al repasar los meses más recientes.

Durante su estadía en San Diego, la artista también le sacó partido a su capacidad para hacer ‘trabajos pesados’, como aprendió de su madre. Su madre Kissela Ramos es “la luchadora más vigorosa” que conoce porque lo mismo se trepa en un techo a limpiarlo que corta un árbol con una sierra o se las ingenia para reinventarse cuando es necesario.

Como parte de los ajustes que se ha visto obligada a hacer en su propio proceso de reinvención, Santos está vendiendo su piano de cola para generar ingresos. La decisión todavía le da “cosita”, pero no tiene alternativa y de eso también ha aprendido.

“La verdadera libertad es salir de los apegos, especialmente de las cosas materiales. Al piano ya le llegó el tiempo y otro instrumento llegará en su momento, dijo sobre su compañero de 700 libras que tantas veces instaló ayudada por su hermano en plazas y parques de Puerto Rico.

La pianista continúa

Precisamente, antes de la pandemia, tenía planificado celebrar la segunda temporada de Piano Móvil con el auspicio del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP). Sin embargo, el proyecto se detuvo y no hay certeza de cuándo podrá reanudarse debido a la situación que enfrentan Puerto Rico y el mundo a causa del coronavirus.

Mientras reinician los conciertos Daniela trabaja en colaboraciones musicales y como acompañante de orquesta. (Suministrada)

Mientras esto sucede, la pianista continúa colaborando con varios músicos que están realizando sus proyectos virtualmente. También aceptó un trabajo como acompañante de orquesta en la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce.

El resto del tiempo estará trabajando en la creación de música nueva para publicar próximamente y así continuar transmitiendo su energía a través del arte porque, aunque haga otros trabajos durante estos tiempos, nunca dejará de ser pianista.