Una aseveración clara y contundente de la psicología detrás de la crianza es que proveerle todo lo que los niños piden es exponerlos a que, durante su desarrollo humano, tengan problemas en distintas áreas, desde el comportamiento inapropiado en casa hasta su socialización en espacios de importancia como lo es el salón de clases.

El que los padres no permitan que los niños vivan las frustraciones necesarias para entender que en la vida, no todo lo que se quiere, es posible, puede acarrear una serie de consecuencias. Entre estas figura que los menores se conviertan en egoístas, caprichosos, inseguros y ansiosos. Además, pueden incurrir en conductas como no respetar a la autoridad, ni el espacio de los demás, molestar a los otros y tener conflictos en sus relaciones personales.

“En muchas ocasiones se nos hace difícil aprender a decirle que no a nuestros nenes y tendemos, entonces, a complacerlos. También, la misma sociedad, con el Internet y todo, la parte del consumismo, eso ha aumentado tanto y tanto, ese mensaje es tan poderoso que tenemos esa presión externa de nuestros hijos demandándonos cosas y haciéndonos listas de Santa Claus que cuestan miles de dólares. Sí estamos teniendo esa tendencia de complacerlos rápido y, definitivamente, eso es algo que, a nivel de desarrollo y de desarrollar el carácter de los niños, no es algo que se recomiende”, aseguró el psicólogo pediátrico Enrique Gelpí.

Por su parte, la psicóloga escolar y miembro de la junta directiva de la Asociación de Psicología de Puerto Rico (APPR), Nery-Jo Fernández, resaltó que los padres deben imponer límites a sus hijos para evitar consecuencias, sobre todo en la adolescencia.

“Los límites, si pudiéramos definirlos de alguna manera, es definir algunas áreas o patrones establecidos, claros, donde ese menor puede llegar o no llegar. Esa barrera que nos va a decir qué cosas son permitidas y qué no, cuánto le voy a dar, cuándo decir un sí o un no, y vamos negociando dependiendo de cómo esos padres se organicen, para establecer límites saludables”, explicó Fernández.

Para evitar que un niño termine sufriendo las consecuencias de una crianza en la que se le proveyó todo lo que pidió, es importante que los padres aprendan a identificar cuándo están siendo demasiado complacientes. Para darse cuenta, se debe estar atento a alertas, que, incluso pueden venir de la propia familia al darse cuenta que se está malcriando al menor, o si este muestra conductas como el bullying hacia sus compañeros de escuela, indicó Gelpí.

“Nuestros nenes se están acostumbrando a que todo lo que quieren y todo lo que necesitan lo consiguen de inmediato o a través de los papás. Esto es una generación del aquí y ahora, y si nosotros los estamos complaciendo demasiado, no le estamos permitiendo que se enfrenten a distintas emociones, dilemas y conflictos que son necesarios para que ellos aprendan a resolver y tengan más seguridad”, señaló Gelpí.

“Cualquier profesional que trabaje con lo que es desarrollo humano, va a decir la misma respuesta, que no es recomendable para el niño porque, en términos de su desarrollo, debe aprender ciertas destrezas y el complacerlos en todo no ayuda a que ellos desarrollen estas destrezas de saber cuándo las cosas no se pueden tener, cuando se tienen que ganar con esfuerzo”, aseveró por su parte, Ibelise Rodríguez, miembro de la fundación sin fines de lucro Allunisono, quien ofrece servicios de psicología.

“Una recomendación que siempre damos es que, tanto dar nada como darlo todo, es maltrato porque no estamos haciendo uso responsable de lo que es una crianza balanceada con límites. Vemos padres que son punitivos y no dan nada, ni tan siquiera afecto, pero también vemos padres que le dan demás, que siempre es un sí, que tienen todos los dulces, eso es maltrato porque el niño no está aprendiendo una conciencia de límite”, añadió Fernández.

Consecuencias de no establecer límites

Según Fernández, algunas consecuencias de que el padre no tome control de la crianza y haga todo lo que el niño pida podrían figurar como conflictos de violencia familiar, problemas de adaptación a la estructura escolar, problemas para esperar y pedir permiso, retos en la negociación con sus pares, pobre tolerancia, conductas inadaptadas siendo “niños que constantemente se les va a llamar la atención”, que contesten a regaños de manera agresiva, problemas de conducta, así como que tengan una libertad excesiva durante la adolescencia y que no respeten los horarios establecidos en el hogar.

Otra conducta asociada a este fenómeno es que los menores no aprendan a manejar la frustración de una forma adecuada.

“Esto crea un patrón de que cada vez que yo quiera algo, me voy a ganar las cosas así (con berrinches) y eso puede llegar hasta la adultez o la adolescencia. Cuando quiero algo, en vez de tratar de trabajar por ello o ganármelo, lo que voy a hacer es tratar de manipular la situación, utilizar la fuerza, el enojo o el coraje para ganar. Entonces, no crean un sentido de responsabilidad, ni de madurez”, dijo Rodríguez.

Por su parte, Gelpí añadió como otras consecuencias la baja autoestima, conflicto en sus relaciones personales, que no quieran aceptar límites, que sean niños engreídos o que terminen por deprimirse cuando finalmente entiendan que no pueden tenerlo todo en la vida.

(Mañana estaremos brindando recomendaciones para no consentir demasiado a los hijos y qué hacer si identificas que ya lo estás haciendo.)