Aunque las mujeres son quienes más lo intentan, los hombres completan el acto de suicidio con mayor frecuencia, según expertas entrevistadas por Es Mental y estudios revisados sobre el tema. 

Tanto la psicóloga forense Lorena Vázquez Santiago como la directora de la Comisión para la Prevención del Suicidio del Departamento de Salud, Nayda Román Vázquez, explicaron que este dato está presente tanto en las estadísticas de Estados Unidos como en las de Puerto Rico, pues los hombres usan metodologías más letales.

Resaltaron que los hombres que desean culminar con su vida lo hacen a través de modalidades que dificultan el que un profesional de salud pueda intervenir para ayudarle.

De hecho, según la Fundación Americana para la Prevención de Suicidio en Estados Unidos, en el 2019 el número de hombres que murieron por suicidio fue tres veces mayor que el de las mujeres.

Mientras, de acuerdo a las estadísticas del mismo año en Puerto Rico,  los hombres formaron el 84.7% de las muertes por este motivo, acto tipificado por la fundación estadounidense como la décima causa de muerte más común.

La importancia de considerar los asuntos de género en las estadísticas

Román Vázquez hizo hincapié en que las diferencias entre el número de hombres y mujeres en estas estadísticas indican sobre cómo socialmente es más aceptable que ciertas personas puedan abiertamente reconocer que necesitan ayuda profesional y poder buscarla, mostrar abiertamente su sufrimiento, tener una mayor inclinación a atender sus asuntos de salud, llorar y mostrar vulnerabilidad, entre otros asuntos.

En el caso de la cultura puertorriqueña, la experta destacó que a las mujeres se les permite manifestar sus emociones, mientras que a los hombres demostrar lo que sienten es quitarles su masculinidad. De la misma manera, estableció que entre los hombres se pudieran enaltecer los comportamientos agresivos por motivos de asegurar o demostrar el poder en su imagen masculina.

Sin intención de generalizar, Román Vázquez indicó que, en el caso del suicidio, el no buscar ayuda, incluso el no saber cómo, ni sentir que se puede expresar el sufrimiento que se está experimentando, equivale a una mayor letalidad para los hombres.

Añadió que los hombres no tan sólo mueren más por suicidio, sino que mueren más de enfermedades crónicas y padecen más de factores de riesgo, como exposición a violencia y uso de sustancias y alcohol.  

Mientras, Vázquez Santiago estableció que, aunque no puede establecer que el hecho de que los hombres acuden y reciben más o menos ayuda de profesionales de salud mental en comparación a las mujeres sea un factor que afecte los registros, admitió que hay un miedo y desconocimiento generalizado de los servicios disponibles.

Explicó que, según su experiencia clínica, recientemente ha mermado la diferencia entre sus pacientes mujeres y hombres, pues ha constatado que están llegando de manera equitativa. Más aún, en el caso de las terapias familiares, explicó que los hombres son quienes suelen hacer las llamadas para hacer la primera cita.

¿Qué características comparten estos hombres?

Según la Fundación Americana para la Prevención de Suicidio en Estados Unidos, los hombres blancos formaron el 69.38% de las estadísticas de suicidio.

Mientras, en Puerto Rico el factor común en las estadísticas fue la falta de educación. De hecho, Román Vázquez subrayó que en el informe de 2017 uno de los datos que más le llamó la atención fue que un 76.1% de las personas que se suicidaron no disponían de una educación más allá de la escuela secundaria.

En Estados Unidos, las armas de fuego son consideradas por esta fundación como el método más usado. Sin embargo, en Puerto Rico la metodología más usada, tanto en hombres como en mujeres, según la Comisión, es la asfixia.

Por su parte, Vázquez Santiago indicó que, aunque no se pueden unir todas las personas que se han suicidado bajo un mismo perfil, la pandemia y sus secuelas ha sido uno de los aspectos que más ha afectado los números de suicidios.

Describió la llegada del COVID-19 como una ola de cambios para los que muchos no estaban preparados. Entre ellos nombró un cambio de roles entre sus miembros, crisis económica, impacto emocional, falta de interacción social, entre otros detalles que pudiesen llevar a una persona a atentar en contra de su vida.

Señaló que es esencial que, al hablar del suicidio, se considere la parte de la prevención, pues no todas las personas que piensan en suicidarse quieren ejercerlo.

Por esto, enfatizó que es importante educarse sobre los recursos disponibles, abandonar el miedo ante buscar ayuda y enfatizar en satisfacer sus necesidades actuales.

Ideó que las personas también puedan considerar combinar o alternar los distintos tipos de ayuda y mantenerse activos dentro de estos ambientes, aunque la urgencia emocional o psicológica haya pasado.