“Los maestros nos enseñaban que era importante reconocerse unos a otros. Pudimos aprender el valor de respetar a todos los demás y lograr algo todos juntos”, así describió Chifumi Suzuki, una exmaestra de educación especial y creadora de contenido japonesa, quien reside en Puerto Rico, su crianza como niña viviendo en Japón.

Son precisamente algunas de las estrategias disciplinarias de la cultura japonesa las que han inspirado a profesionales de diversas áreas a concretar investigaciones enfocadas en las características de esta crianza, en la que destaca el respeto y el buen rendimiento escolar de los niños.

Fue el antropólogo estadounidense el William Abel Caudill uno de los primeros en interesarse en la antropología médica y la salud mental de los japoneses, con la publicación de diversos ensayos e investigaciones sobre el tema, como lo fue The Child in Japanese Culture: Child Development and Education in Japan, cuyos hallazgos apuntan a que el proceso de instruir a los niños en Japón es diferente, ya que desde los primeros años se promueven hábitos y tareas al niño, y si este no las cumple, no se utiliza la autoridad para castigarlos, más bien se habla de consecuencias por causa de su desobediencia. 

En la investigación además Caudill asegura que la estrategia es más efectiva, pues este modo de crianza logra que la niñez tenga como prioridad ser diligente en escenarios como la escuela y su rutina cotidiana. 

Otro estudio, titulado Child Discipline in Japan: an Important Part of Parenting Where Parents Pass on Their Values to Their Children, describe que desde las primeras etapas de la infancia se requiere que los niños japoneses establezcan rutinas diarias básicas, como el cepillado diario, comer solos, ir al baño, entre otras. Tras lograr estas rutinas, se recomienda a los padres elogiar a sus hijos. 

Asimismo, destaca que en la cultura japonesa es importante el vínculo que tiene una madre y su hijo, para la enseñanza de valores como la empatía, bondad y respeto a los otros. 

Otra lectura, publicada por la Universidad de Harvard, enfatiza que en la crianza de este país los niños son menos expresivos en relación con sus sentimientos, contrario a los niños estadounidenses, quienes demuestran su sentir con gritos o rabia.

Los niños japoneses también podrían ser revoltosos, pero comparado con Estados Unidos, demuestran menos sus emociones por la educación que aprenden en sus hogares”, dice el artículo. 

Según Suzuki, en Japón se acostumbra a dar por sentado que los sentimientos se pueden percibir sin expresarlos abiertamente.

En Japón se saludan de ‘buenos días’ y ‘gracias’ en familia, pero decir ‘te amo’ y abrazarse no son normales. Creo que los japoneses también deben expresar sus sentimientos amorosos con los demás”, relató en entrevista con este medio. 

Suzuki, quien se enamoró de la Isla luego de un viaje de vacaciones, en el que además quedó flechada por el hombre que hoy es su esposo, comparte a través de su canal Youtube Vlogs de Chifumi y Pedro, lo que es su vida en Puerto Rico y las diferencias culturales. 

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¿Por qué elegí a Puerto Rico? Porque a mí me gusta mucho visitar islas. Hay playas con palmas, con agua azul, con arena blanca y me imaginaba que la gente isleña era alegre, abierta, amable y despreocupada, son mis cosas preferidas”, contó. 

En la crianza de Japón, además, se busca que los menores aprendan sobre autodisciplina o hansei, la cual tiene como fin que se reconozcan errores para mejorarlos, compromiso y liderazgo a nivel colectivo. 

“La sociedad japonesa dice que todos los niños son capaces y por eso aprenden la frase yareba dekiru, que significa que puedes hacerlo, si lo intentas”, destaca el artículo Expectations for Japanese Children.

El escrito describe que la escuela es la principal responsable de que los niños sean íntegros, que realicen buenos juicios, piensen creativamente, que sean solidarios con la sociedad y el bien común. De tal modo que en los salones de clases nunca pueden faltar las siguientes reglas. 

  1. Ser alegre.
  2. Ser activo.
  3. Ser entusiasta.
  4. Sonreír.
  5. Disfrutar la vida.

Porque vi mi país desde afuera entendí que Japón tiene muchas cosas buenas por las cuales debo tener orgullo y por las que muchos extranjeros lo admiran”, concluyó Suzuki.