Desde muy pequeña la curiosidad fue un tema que siempre llamó mi atención. Me la pasaba jugando a que era una gran investigadora, buscaba cosas que tenían difícil explicación o que simplemente la gente no me quería explicar. 

Recuerdo que en las actividades de familia, me sentaba por largas horas solo para escuchar y observar a las personas a mi alrededor. Buscaba estar con personas adultas para conversar y aprender de ellos. En la escuela participaba en ferias científicas y clubes de ciencias sociales, actividades que iban despertando más en mí la pasión por la curiosidad. Así que tomé la decisión de comenzar este maravilloso viaje de estudiar medicina, donde a través de ella puedo descubrir, investigar y aportar salud a todas las personas que la necesitan. 

El seleccionar la carrera de medicina, ha sido la decisión más acertada que he tomado. Realicé mi formación en la Escuela de Medicina en Guadalajara, México, donde tuve la oportunidad de aprender y trabajar en una medicina tercermundista, en donde la falta de materiales y equipo médico para diagnosticar y tratar a pacientes eran la orden del día. Con una población de personas que se caracterizan por su empatía, servicio y humildad. Personas que, a pesar de no tener dinero y los recursos básicos, se distinguen por la unión familiar, la perseverancia y el vivir  un día a la vez. Una medicina que me enseñó a siempre dar el mejor servicio médico a pesar de los pocos recursos que uno pueda tener, permitiéndome adquirir todo el conocimiento necesario para expandirme profesionalmente, y crecer como ser humano.

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Dra. Marialis Torres Rodríguez

Al regresar a Puerto Rico, comencé mi internado rotativo en el Hospital Oncológico Isaac González Martínez, en el cual pasaba mis guardias nocturnas hablando con mis pacientes, los escuchaba en silencio, les brindaba consejos o simplemente les tomaba de la mano hasta que se quedaran dormidos. El trabajar con una población susceptible y vulnerable emocionalmente ante cualquier adversidad o situación, despertó en mí la curiosidad por la psiquiatría. 

Ante esta curiosidad, decidí realizar mi rotación electiva en el Hospital UPR Dr. Federico Trilla en Carolina, donde fui expuesta a los diferentes campos que abarca. Experimenté el complejo proceso de pensamiento para el tratamiento de pacientes con enfermedades mentales, así como la energía y la compasión necesaria para cuidar al paciente en su totalidad. Pude aprender a través de mis doctores que cada entrevista y régimen de medicamentos debe ser personalizado para el paciente, para lograr que el tratamiento sea efectivo. 

La importancia de tener una relación médico-paciente para brindar un mejor servicio médico fue algo que aprendí y valoré, teniendo la satisfacción más gratificante de ver en el rostro del paciente la confianza y la gratitud por la atención que le brindo. Aprendí lo diverso que es el campo de la psiquiatría, el cual te permite adquirir y aplicar el conocimiento necesario para diagnosticar y manejar correctamente a un paciente. Lo importante de tener una relación paciente-doctor, para así brindarle un mejor servicio médico. La satisfacción más gratificante ver los ojos de agradecimiento del paciente por los cuidados que le brindas. La psiquiatría ciertamente puso en escala ascendente mi curiosidad: entre más observo, más quiero aprender. 

Fue como entonces solicité residencia en psiquiatría en el Recinto de Ciencias Médicas, donde gracias a Dios, mi familia, disciplina y perseverancia, fui aceptada. Comencé mis primeros dos años rotando en hospital con pacientes internados. Al comienzo sentía muchas emociones, entre ellas alegría, agradecimiento, pero no les niego que también sentía temor, nerviosismo y una incertidumbre constante al no saber cómo el paciente psiquiátrico podía comportarse o reaccionar ante una entrevista. 

Con el paso de los días estas emociones fueron desapareciendo. El conocer a mis doctores, mis mentores que con paciencia, dedicación y conocimiento fueron enseñándome las destrezas y técnicas correctas y necesarias para entender, comprender y manejar el proceso de pensamiento de un paciente y toda la clínica de síntomas que presenta. Luego pasé a tercer y cuarto año a continuar mi entrenamiento en clínicas ambulatorias, donde me encuentro con un nuevo mundo de la psiquiatría, muy distinto al hospital. Ahora, el paciente te escucha, te observa, te pregunta y está en espera de que uno como psiquiatra le pueda brindar, además de un tratamiento farmacológico, alguna palabra de apoyo, esperanza o simplemente escucharlos con empatía y compasión. Y aquí, todo cambia, no solo los pacientes, sino también el rol de mis doctores-mentores. Ahora, el enfoque por la psiquiatría es diferente, el psiquiatra te va enseñando y guiando a cómo llevar una terapia en un tiempo limitado, qué tipo de psicoterapia puedes ofrecer según la necesidad del paciente y el cómo abordar el mismo de una manera empática y profesional. Durante las sesiones se va creando y trabajando una alianza terapéutica con el paciente, donde se abre ese puente de conexión para explorar traumas, emociones, pérdidas, recuerdos y vivencias.

Durante el transcurso de la residencia me he caracterizado por mi disciplina, organización, empatía, humildad, espontaneidad y desempeño académico; cualidades que aportaron  a ser seleccionada por la facultad médica para ocupar el cargo de “Administrative Chief Residents”. O sea, jefa de mis colegas residentes. Se trata de una gran oportunidad de crecimiento y sobre todo de fomentar en mí como profesional de la salud mental, la tolerancia, paciencia y comunicación asertiva hacia mi equipo de trabajo, compañeros y superiores. Hoy, ya me encuentro a pocos meses de graduarme y culminar este maravilloso viaje que comenzó siendo una curiosidad. Reflexiono hacia el pasado y me doy cuenta de lo rápido que pasó todo, fue como un cerrar y abrir de ojos. Y a su vez, ¡me siento bendecida y agradecida de haber seleccionado psiquiatría como especialidad!

La autora es Jefe Administrativa 2022-2023 de la Residencia de Psiquiatría del Recinto de Ciencias Médicas.