La pornografía no necesariamente va a tener un impacto negativo en una relación de pareja. Sin embargo, ambos deben estar de acuerdo en usarla como una forma de diversión o estimulación sexual. Es decir, que sea una práctica consentida.

Así lo aseguró el psicólogo clínico Alexis Rivera Cuevas, quien indicó que ante las diferentes creencias, prácticas y valores que pueden existir en las relaciones de parejas es esencial que entre los integrantes de una relación exista el consentimiento y se expresen los límites e incomodidades.

Hay personas que pueden explorar este tipo de contenido juntas, mientras otros van a considerar a la pornografía como un aspecto incompatible con su persona y su vida sexual, según explicó.

Sin embargo, para el sexólogo Adalid Castro Carreras, quien defiere de Rivera Cuevas, existe una diferencia marcada entre el consumo de pornografía y el contenido erótico.

La pornografía es el medio el cual generalmente hay escenas crudas que buscan la excitación de las personas. Mientras que el cine erótico, es aquel que está especializado en educar y llevar un mensaje a través de relaciones sexuales explícitas con historia, connotación, aprendizaje y recomendaciones. 

El problema con la pornografía

El problema es que es una fantasía que genera expectativas falsas, expuso el especialista.

Castro Carreras indicó que la mayoría de las personas se educan con la pornografía y recurren a confiar en varios mitos sobre la sexualidad, como pensar que la erección dura horas, que el orgasmo es infinito, que hay que hacer unos ruidos específicos, que no se puede tener piedad, entre otros. 

Asimismo, consideró que hay varias prácticas dentro de la pornografía que son peligrosas como la bestialidad, pedofilia y el incesto.

Hallazgos, publicados en Frontiers in Psychology, cuestionan las afirmaciones de que el uso de la pornografía inevitablemente causa el deterioro de las relaciones y resalta que aún se está estudiando el impacto de la pornografía dentro de las relaciones. 

Ante la falta de investigaciones sobre el tema, lo único que queda claro es que el impacto depende de los antecedentes del uso de la pornografía entre los integrantes de la pareja. 

Otro estudio, realizado por representantes de la Universidad de Louvain y Western University y con una muestra de 761 parejas heterosexuales, apunta a que existe una relación positiva entre el uso compartido de pornografía y la calidad de la relación. Los participantes de este que veían pornografía juntas probaron  tener una mejor relación y satisfacción sexual en comparación con las parejas que no lo hacían.

Rivera Cuevas coincidió con el experto al advertir que la pornografía puede provocar inseguridades, expectativas irreales y adicciones. De hecho, como capacitado en las adicciones, confirmó que hay un gran número de personas adictas a la pornografía.

Castro Carreras explicó que a través de la pornografía se entrena al cerebro a responder a un estímulo que luego va a complicar el acto presencial. Incluso, presentó que muchas personas usan la pornografía como método de excitación primaria, de manera individual o como pareja, porque lo perciben como un instrumento excitante y educativo. 

A esto Rivera Cuevas le añadió que este tema dentro de las relaciones de pareja puede ser una ventaja si se usa para fortalecer el vínculo, pero si es de manera individual, únicamente con el fin de excluir al otro puede ser difícil de manejar. 

“Se afecta el sistema límbico, hay unas zonas que ya están sobresaturadas por el exceso de información. Entonces no necesariamente vas a poder reproducir esa sensación con tu pareja”, advirtió. Puede pasar, incluso, que a una de las dos personas ya no le interesen las relaciones sexuales por no poder satisfacer esas expectativas, dijo. 

Castro Carreras indicó que, por lo general, lo más que se consume son las películas pornográficas. Subrayó que aquí rigen las escenas violentas que puede resultar en conductas erradas en las relaciones sexuales con las parejas. 

Pueden enseñarles a las personas a no estar pendientes de la satisfacción propia ni del otro, le quita importancia a aquello que debe de pasar antes y después de un encuentro sexual como preguntar y tener conversaciones sobre el placer o el tipo de fantasías que les pudiesen atraer. Como la pornografía es falocéntrica y misógina, en ocasiones, se tiende a olvidar de la importancia de la ambientación y del consentimiento. 

Muchas veces al usar la pornografía como método de estimulación, en la ausencia de su pareja, crea conflicto y se puede ver, incluso, como un tipo de infidelidad, comentó Rivera Cuevas. 

Para otros esto es un medio para estimulación, vinculación y exploración mutua, específicamente en el caso de pacientes con condiciones o enfermedades que reducen la líbido, destacó. 

El factor clave es la comunicación abierta, respeto mutuo y comprensión de las necesidades del otro.