La enfermedad por COVID-19 y la influenza siguen provocando implicaciones en la salud de adultos y niños en Puerto Rico, y actualmente se ha visto un incremento en casos por brotes en planteles escolares. 

Según datos del Departamento de Salud Puerto Rico, en los últimos días 8 personas han fallecido por COVID y se han reportado 800 nuevos casos, pese a que en muchos lugares en el mundo, como en la Isla, han dejado atrás las medidas para prevenir la situación.

Con la llegada del nuevo semestre escolar y regreso al trabajo luego de las vacaciones, muchos planteles escolares han informado de brotes de COVID-19 e influenza en la comunidad escolar. Sobre este particular, el médico y epidemiólogo, Alberto Rosario, de la Red Mundial de Salud y Long Covid PR, confirmó que desde agosto se ha observado un aumento en los casos.

“Aunque nunca han bajado los casos, se ha visto un incremento con el comienzo de las clases, por eso se están disparando los brotes. La preocupación de esto son las complicaciones a las que se exponen los niños y adultos por lo que es el COVID persistente”, explicó el doctor Rosario. 

Recordó que con el paso del tiempo muchos se han olvidado de la gravedad que implica el long covid, cuyas repercusiones pueden afectar el cerebro con consecuencias neurológicas, de los pulmones, riñones, el corazón y hasta hacer a las más propensas a tener nuevas afecciones.

Entre estas, figura la diabetes, las afecciones cardíacas o problemas de coagulación, reiteran los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades.

De acuerdo con la pediatra Glory Serrano, en las oficinas de los especialistas en la población de niños y jóvenes se ve constantemente este incremento en casos relacionados a enfermedades respiratorias, incluyendo COVID-19 e influenza.

“Los casos positivos a influenza, tanto A como B, han aumentado en nuestra oficina. También casos de COVID”, detalló la doctora a Es Mental.

Ante el panorama, la doctora Serrano exhortó a los padres, madres y cuidadores a ser responsables a la hora de identificar los síntomas en sus hijos y acudir a un profesional de la salud para tener un diagnóstico antes de regresar a la escuela y, de tal forma, evitar más contagios.

Es imperativo permanecer fuera del plantel escolar o cuidado por lo menos 5 días, dependiendo de los síntomas y la severidad”, aconsejó Serrano.

Hizo un llamado a la ciudadanía a prestar atención a los síntomas de estas enfermedades y continuar dando prioridad al lavado de manos y la vacunación, particularmente de la influenza, cuya temporada alta es en diciembre. 

En agosto la Oficina de Epidemiología e Investigación del Departamento de Salud había registrado 1,114 casos nuevos de influenza y 48 hospitalizaciones, siendo Caguas la región con las tasas más altas. De estos casos, solo 86 estaban vacunados.

Insistió que las personas enfermas deben evitar visitar lugares y que aún es recomendable el uso de mascarillas cuando vaya a espacios concurridos, en especial hospitales, laboratorios u hospitales y salas de emergencia.

Por su parte, el doctor Rosario, hizo hincapié en que los números actuales sobre los casos de COVID-19 diarios en la Isla podrían ser más elevados por aquellas pruebas caseras que no se reportan.

Por tanto, mientras más contagios, más ciudadanos están propensos a las repercusiones que trae consigo el long covid. 

Habló, además, de la necesidad de haber preparado los planteles ante este tipo de situaciones, ya que desde que se retomaron las clases presenciales, los expertos han recomendado mayor ventilación en los salones, un tema que en estos días ha sido motivo de manifestaciones por estudiantes y maestros de algunas escuelas públicas del país. 

“Se ha estado mencionado en el pasado, pero no ha ocurrido y ahora mismo sabemos que escuelas están hasta sin abanico”, mencionó al tiempo que recomendó el uso de mascarillas en las escuelas, sobre todo si los salones no tienen ventilación.

“Otra cosa es que los papás llevan a los niños enfermos a las escuelas, sin previamente hacerse prueba. Dicen: ‘Ah, eso es un catarrito o un moquito’ y, entonces, se me puede enfermar otro niño, su abuelita, etcétera, se vuelve una cadena”, dijo.

El doctor aseguró que el problema también radica en el hecho de creer que el COVID y la influenza son lo mismo, ya que este último no trae secuelas severas como el coronavirus. 

Esta idea se perpetúa y mientras sigan los contagios, el virus va a seguir mutando. El problema es que esto va empeorar por la situación del COVID y ni siquiera hay especialistas”, puntualizó el epidemiólogo.