Los trastornos neurodegenerativos abarcan una serie de enfermedades que se caracterizan por un daño progresivo en el sistema nervioso y las funciones cognitivas, y si bien son condiciones que no pueden evitarse por causa de aspectos genéticos, los pacientes pueden llevar a cabo una prevención secundaria con la finalidad de retrasar los síntomas de algunos de estos padecimientos, como la pérdida de memoria en los casos de la enfermedad de Alzheimer.

¿Cómo puedo reducir la probabilidad de que me dé pérdida de la memoria?, es de las preguntas médicas más frecuentes ante el temor que provoca en muchos reconocer que entre los síntomas de algunos de estos trastornos se encuentra la pérdida de memoria.

El neurólogo clínico español, Ayoze González, sostiene que los estudios siguen demostrando cómo el cambio en los hábitos de vida puede retrasar hasta el 40 por ciento de todas las demencias. 

“Estos cambios incluyen la introducción de una dieta sana, el incremento de la actividad física para evitar el sedentarismo, el abandono del consumo de tóxicos como el alcohol, el tabaco o las drogas de uso recreativo y el adecuado tratamiento de factores como: la hipertensión arterial o la diabetes mellitus. Estos cambios deben iniciarse pronto a lo largo de la vida y no solo cuando aparece la posibilidad de una enfermedad’’, compartió el doctor a Es Mental

Mencionó, asimismo, que en el caso del Alzheimer, los primeros síntomas suelen estar relacionados con la pérdida de memoria reciente, y que no es de preocupación un despiste aislado, como olvidar dónde se dejan o guardan los objetos ‘’porque esto generalmente está relacionado con trastornos atencionales motivados por el estilo de vida que llevamos’’, pero sí cuando los olvidos son cada vez más frecuentes y afectan a aspectos relevantes de la vida o tienen una influencia negativa en el funcionamiento diario de las personas. 

“Muchas veces no es la propia persona la que se da cuenta de estos despistes, sino las personas de su alrededor. Otros datos que deben alarmar son los cambios inmotivados de conducta, con comportamientos impropios o inadecuados, con desinhibición o irritabilidad excesiva. También puede aparecer desorientación topográfica, con dificultad para orientarse y episodios en los que las personas se pierden, inicialmente fuera del hogar (aún en lugares conocidos). Otras formas de presentación son: las dificultades para comprender o para expresar el lenguaje, con frases más cortas y menos elaboradas o dificultad para encontrar las palabras’’, afirmó.

La epidemióloga e investigadora posdoctoral en epidemiología de Alzheimer, la puertorriqueña Mirna Arroyo-Miranda, subrayó que los latinos tienen un 50 por ciento de mayor riesgo de desarrollar la enfermedad y que si se habla sobre el tema de los estilos de vida, es importante mencionar que Puerto Rico posee de las tasas más altas del mundo de diabetes tipo 2. 

Datos del Departamento de Salud del 2020 apuntaban a que 429,720  adultos vivían con diabetes en la Isla. En otras palabras, 2 de cada 13 ciudadanos.

“La diabetes está sumamente relacionada con el Alzheimer, sobre todo la diabetes y alta presión en personas de edad media. La diabetes, incluso, aumenta el riesgo casi en un 50 por ciento. Mucha gente, particularmente investigadores, consideran al Alzheimer como diabetes tipo 3’’, señaló. 

La doctora Arroyo-Miranda coincidió en que las personas pueden dar paso a la reducción del riesgo con lo que llamó los pilares de la salud cerebral, que incluyen una nutrición baja en sodio, azúcares y productos refinados, y alta en fibra.

Por su parte, González indicó que el déficit de B12 “es uno de los factores que, desde hace años, se sabe que puede causar mal funcionamiento del sistema nervioso, no solo en forma de demencia, sino que también puede ocasionar un trastorno de la médula espinal que lleva a pérdida de equilibrio y dificultad para caminar’’.

“De hecho, en todos los protocolos de estudio de demencia se incluye el análisis de los niveles de vitamina B12. Por eso, desde la neurología siempre incidimos en la importancia de una alimentación adecuada y equilibrada e incluso se utilizan los suplementos de vitamina B12, bien por vía oral o bien por vía intramuscular, cuando es necesario porque existen déficit’’, dijo. 

La epidemióloga habló también de la reducción del estrés y, asimismo, de la importancia de la conexión social en la función cognitiva, cuyo tema forma parte de sus investigaciones actuales.

“Una de las cosas que a mí me llama mucho la atención es la relación que existe entre el aislamiento social, como el que hemos estamos viviendo en estos años de pandemia, y cómo nuestro cerebro reacciona a eso. Dentro de mi estudio me he dedicado a mirar el aislamiento social y cómo la persona funciona cognitivamente ante ese estresor, que es no tener compañía’’, puntualizó. 

Por último, la doctora detalló que dormir adecuadamente, por tratarse de un elemento reparador, es significativo a la hora de mantener la función cognitiva.