En pleno siglo 21, la sociedad es implacable en contra de las madres que deciden priorizar sus carreras profesionales delegando el cuidado de sus hijos a los padres. A éstos, nunca se les cuestiona esta decisión.

“Hay mujeres que establecen que para sentirse plenas y satisfechas necesitan ser madres, pero para otras la plenitud es alcanzar el puesto de trabajo, el título, graduarse, y hasta que eso no suceda no voy a pasar a otra fase de mi vida”, estableció la psicóloga clínica Jennifer Castro Cruz al enfatizar que esta diferencia en ambiciones no puede ser vinculada con ser mejor o peor madre.

Remarcó el peso que la sociedad tiene en las modalidades maternales que asume una persona. Incluso, problematizó cómo el discrimen que hay ante las personas gestantes tanto a nivel laboral como social puede servir como excusa para una madre postergar su periodo de gestación. 

Presentó dos modelos de madres, el tradicional y el moderno. Sin embargo, expresó que, por la sociedad machista que rodea a las gestantes, el tradicional muchas veces se antepone o afecta al moderno.

Muchas mujeres, aunque sean apasionadas por su vida profesional y personal, sienten que ser madre implica el tener que dejarlo todo, ser completamente abnegada, proveer amor incondicional y no hay espacio para nada que no sea el bebé, ejemplificó. Entonces, con la confrontación de estos dos modelos de madres, muchas madres pasan por un problema interno, mencionó.

Se cuestionan qué va a cambiar, qué tipo de madre deben de ser, qué partes de su vida tienen que sacrificar, dijo.

Subrayó que esta teoría es un concepto idealizado de la maternidad, pero no es la realidad, pues antes de ser gestantes, las madres son humanas.

Explicó que antes, muchas madres describían su rol como amor incondicional; sin embargo, al considerar la realidad social actual, las mujeres están más preparadas profesionalmente, están más tiempo trabajando y tienen un rol social más activo, lo que implica que su papel materno va a evolucionar.

Asimismo, según la Entidad de la ONU para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer , las mujeres le dedican entre una a tres horas más que los hombres a las labores domésticas, de dos a diez veces más tiempo diario a la prestación de cuidados a menores y, como consecuencia, entre uno a cuatro horas diarias menos a actividades en el mercado laboral. 

Sin embargo, su informe estableció que al combinar el trabajo remunerado y el no remunerado, las mujeres trabajan más que los hombres.

¿Hay negligencia?

El impacto que puede tener la modalidad de crianza en un menor depende de su carácter y su personalidad, explicó la psicóloga clínica Roxana Calderón Salas al enfatizar en que hay niños más independientes que otros. Agregó que el efecto en el menor también depende del grupo de apoyo que la madre tenga disponible. 

Si el niño requiere estar en un cuido, en lugar de quedarse con su madre, padre o encargado en la casa, el menor no va a extrañar lo que no ha tenido, entonces, no hay porque se vea afectado, puntualizó Castro Cruz.  

Enfatizó en que lo que sí es que es importante que ese niño se sienta amado, el vínculo entre él o ella y su madre sea fuerte, que siempre esté orientado y que sea atendido. Expresó que si se cubren estas áreas, el niño va a adaptarse a esa rutina. 

Advirtió que, de no cuidar de estos elementos, el menor pudiera sufrir de baja autoestima, frustración, problemas de control de impulso, inseguridad, resentimiento, deterioro de calificaciones académicas, entre otras consecuencias.

Además, si se generan vínculos inseguros o no se generan, sí se convierte en un rol de madre ausente, aclaró.

Comentó que existen las mujeres que, por no querer que su hijo o hija o periodo de gestación afecte su vida, desarrollo profesional o personal, deciden ser ‘madres orquesta’, y tratan de dividir su tiempo sin afectar ninguno de los ámbitos anteriormente mencionados. 

Como consecuencia, esta persona pasa a hacer malabares para mantener sus roles, lo que no implica que va a descuidar su barriga, estado emocional y físico, destacó.

Asimismo, ante la “orquesta”, las personas contemplan a la gestante o madre como ‘mala’ y egoísta, pero no es así. 

Mientras, Calderón Salas explicó que, según su experiencia clínica con madres profesionales, muchas, aunque ponen a su carrera en primer lugar, lo compensan al poner a sus hijos en otras actividades extracurriculares que también aportan a la formación del menor.

La negligencia implica la falta de atención que no necesariamente es el caso, especificó.

El estigma ante las madres que trabajan fuera del hogar

“Culturalmente y socialmente la mujer está predispuesta a lo que es la crianza de los hijos y aún hay un estigma demasiado alto en cuestión de las madres que trabajan fuera de la casa”, detalló Calderón Salas.

Concordando con la afirmación de Calderón Salas, Castro Cruz añadió que este discrimen se ve reflejado en el trabajo, ya que si una persona reluce que va a gestar se le cortan las responsabilidades, se limitan las tareas para las que se consideran y se ve un impacto en cómo se visualiza su rol en ese espacio laboral. 

Igual si la persona estaba considerando un aumento en salario o un cambio de posición, la gestación puede implicar una pausa en este proceso, pues se contempla que ahora tiene otras prioridades. 

Asimismo, expresó que estas presiones y reacciones influyen en cómo la madre percibe el periodo de gestación y la maternidad.Por esto, recomendó unirse a grupos de apoyo, como el movimiento de España denominado Club de Malas Madres, que intenta desmitificar ese modelo tradicional de ser madre y adaptar el concepto a la nueva realidad de una madre. Además, sugirió aprovechar los cuidos que proveen los espacios laborales y acudir a un profesional de salud mental, de ser necesario.