A diario, las personas no solo llevan un maletín físico para ir al trabajo, sino también uno emocional, cargado de problemas personales y familiares, preocupaciones y estrés. Esto suele interferir en su rendimiento y ejecución. Pero, ¿es posible no llevar los problemas personales al trabajo?
El ser humano es complejo y, por consiguiente, los problemas siempre van a estar presentes en su vida. Aunque algunas personas logran manejar sus situaciones para que el rendimiento laboral no se vea afectado de inmediato, para otras esto resulta más difícil, explicó Ileanel Andino Pietri, psicóloga industrial-organizacional.
Lo que podría aumentar significativamente la probabilidad de que un empleado piense en renunciar y sobre esto coincide la literatura actual. En el 2021, por ejemplo, y en medio del COVID-19, se registraron más de cuatro millones de renuncias en los Estados Unidos, de acuerdo a un informe de la periodista Marybeth Egan, de CNN.
“Esto nos dice claramente que, los problemas personales, además de afectar el bienestar individual, también tienen consecuencias directas en la estabilidad y los resultados de las organizaciones”, describió Andino Pietri.
Además, puede verse reflejado en la baja productividad, al cometer errores de forma repetida, falta de concentración, ausentismo, e incluso llegar a experimentar ansiedad, estrés y/o depresión, continuó la psicóloga.
Un mito pensar que los problemas personales no se llevan al trabajo
Y es que un individuo no llega a su trabajo y deja los problemas en su casa o, viceversa, no deja los problemas en su trabajo y llega a su casa. La persona carga con su mochila emocional y se expresa mediante la falta de concentración, baja la productividad e influye directamente en su comportamiento, señaló Keidy Batista Colón, psicóloga industrial organizacional.
Aseguró que es un mito creer que las personas no pueden llevar los problemas personales a su empleo, ya que ha demostrado que lo que ocurre en la vida familiar, impacta el trabajo y, lo laboral, a lo familiar. Por tanto, “si no se gestiona de manera correcta puede generar conflictos, estrés, y afectar el desempeño laboral”, coincidió con Andino Pietri.
“Fingir que no ocurre nada y reprimir las emociones afecta a la persona, ya que causa disonancia emocional. La persona proyecta una imagen que no es real a lo que realmente siente, lo que desgasta”, dijo Batista Colón.
Dependerá, además, de las estrategias de afrontamiento que tenga este empleado. De acuerdo con Natalie Marie Díaz Vélez, psicóloga industrial organizacional, algunos podrían contar con estrategias de inteligencia emocional que le permita contener y canalizar efectivamente dichas situaciones, sin invalidar los sentimientos y consecuencias que puedan generar las mismas. Pero no es la realidad de muchos.
Considerando que nadie está exento de situaciones personales, la estrategia debe girar en torno a cómo el líder del equipo de trabajo, junto a otros, canalizan, manejan y generan espacios de escucha activa; manteniendo confidencialidad en los procesos y a la vez dejando disponible servicios que atiendan la salud psicosocial en el área laboral, reiteró Díaz Vélez.
“La escucha activa es una manera de hacernos disponibles, acompañar en el proceso de ayuda y canalizar efectivamente”, aconsejó.
Reprimir y no hablar sobre lo que se experimenta tiene consecuencias negativas y puede detonar conflictos mayores, recordó la psicóloga.
Las conductas de evitación y mecanismos de reprensión no suelen generar ninguna apertura para que este líder o algunos compañeros de trabajo puedan servir de acompañamiento en el proceso. Por consiguiente, es vital la comunicación efectiva, de apertura, de escucha activa y acompañamiento con palabras o acercamientos. Tales como “permíteme conocer si estoy en lo correcto, pero observo que no te sientes bien”, “¿Te gustaría que te escuchara?” “¿Has dialogado tu situación con algún compañero del equipo y cuentas con un recurso de apoyo?”.
Ese tipo de preguntas permiten un acercamiento genuino, de apertura, acompañamiento y confianza a un compañero de trabajo que esté atravesando alguna situación personal difícil, continuó.
Fingir que todo está bien (cuando no es así) puede que sirva por un rato, pero en algún momento va a pasar factura. Según Andino Pietri, hay un concepto que se conoce como surface acting, que hace referencia a esto o “ponerse la careta” y actuar como si uno estuviera bien, pero no es así.
“¿Cuál es el problema con esto? Que ese esfuerzo extra desgasta mucho más y termina pasando factura en forma de estrés, cansancio y hasta agotamiento emocional. En cambio, cuando las personas logran manejar sus emociones de una manera más genuina y auténtica, lo que en psicología llamamos deep acting, el impacto negativo es mucho menor”, sostuvo.
La mejor manera de manejarlo empieza con autoconciencia, coinciden las tres especialistas entrevistadas. Es hacer una pausa y reconocer qué siente, qué le está afectando, sin minimizar ni reprimir las emociones. No optar por quedarse callado o cargar solo con esto.
De igual forma, priorizar el tema en el área laboral, para que se promuevan espacios en donde el supervisor o directivo propicie una escucha activa y de cómo se sienten sus empleados, planteó Díaz Vélez.
Recomendó, asimismo, crear o desarrollar dinámicas de grupo con frecuencia de tiempo, lo que permite dinámicas grupales, cohesión grupal y tiempo de autocuidado. Fomentando que los empleados se sientan validados y que tengan alternativas para el cuidado de su salud integral.
“Las consecuencias de no manejar estas situaciones podrían generar impacto en el bienestar y ejecutoria del empleado, un servicio deficiente, insatisfacción laboral, pobre compromiso con la organización, un ambiente pesado y tóxico, entre otros aspectos apremiantes como lo son los resultados esperados en la empresa”, puntualizó Díaz Vélez.
Algunas cosas prácticas que podría servir de ayuda son: establecer prioridades, darse breves recesos durante el día, crear un ritual de cierre al terminar la jornada para desconectarse, y, muy importante, buscar apoyo (ya sea con alguien de confianza o con un profesional, de ser necesario) finalizó, por su parte, Andino Pietri.




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