La risa es uno de los elementos que más influyen positivamente a mejorar el estado de ánimo en cualquier persona. El humor lleva a la producción de endorfinas, que nos hacen sentir bien, así como al movimiento físico que nos relaja. 

De hecho, se utiliza cada vez más en unión a otros tratamientos para la salud mental mediante el método del psicodrama.

La experiencia es evidente para el reconocido actor y psicólogo, Carlos Miranda, quien lleva 42 años de carrera artística en y fuera de Puerto Rico.

“Cuando las personas experimentan el humor, si el trabajo que estamos viendo nos sostiene y tenemos el nivel de ingenuidad, de ocurrencia, de creatividad, la experiencia tanto del escenario como del público es que uno sale aliviado. Y a los pocos minutos de estar jugando al humor se nos va a olvidar lo que nos preocupa, la ansiedad del día, la tristeza…”, dijo Miranda a Es Mental.

Como psicólogo, añadió que “no es menos cierto que el simple hecho de reír mueve la producción de endorfinas y neurotransmisores que propician el bienestar”. 

El experto en psicodrama recordó que el precursor de esa especialidad, Jacob Levy Moreno, insistía en que “el hombre enferma en sociedad y debe ser sanado en sociedad”. Y esa sociedad mantiene diferentes vertientes del humor que sirven para sanar, como cuando surge en conversaciones o en comentarios ingeniosos.

“Ese humor nos integra, nos facilita, nos relaja, nos protege. Pero la sociedad, en su involución, también utiliza el humor desde el sarcasmo, desde el cinismo, desde la burla”, que nos destruye, según Miranda.

Durante el encierro, la incertidumbre y, en algunos casos, la paralización de los servicios terapéuticos provocados por la pandemia del COVID-19, se registró un aumento en el abuso del alcohol y sustancias controladas, el estrés, la ansiedad y la depresión. Según un estudio de la organización salubrista KFF, en enero de este año 41 por ciento de los adultos encuestados reportaron síntomas de esas condiciones, en comparación con 13% en julio de 2020.

Utilizar el humor como terapia para esas y otras condiciones, sobre todo con el psicodrama, permite entender que “una experiencia vivida produce un efecto en nuestro sistema general – que hoy conocemos como neurociencia – influye en nuestro mapa neurológico, con nuevos atajos, conexiones neurológicas placenteras y gratificantes. Se van a tallar como una roca en nuestro cerebro. La diferencia es que la roca no acepta cambios, pero el cerebro sí”. 

El humor y la risa que provoca tiene diversos beneficios a corto y largo plazo. Cuando reímos se estimula nuestro corazón, los pulmones, recibimos más oxígeno y al final llega un sentimiento de relajación. A largo plazo, aunque los estudios no son contundentes, puede mejorar el sistema inmunológico, aliviar dolores y mejorar las relaciones interpersonales, según la Clínica Mayo.

Se ha observado un incremento en el uso del humor entre los tratamientos de condiciones de salud mental severa. El humor “podría utilizarse como complemento del tratamiento convencional con el objetivo de ayudar a los clientes a afrontar los síntomas, mejorar la rehabilitación a través de su impacto emocional, cognitivo, social y fisiológico, así como reforzar y facilitar la terapia y el empoderamiento del cliente”, establece un artículo de revisión de literatura del profesor de psicología israelí, Marc Gelkopf.

Miranda recordó el caso que llevó a Moreno a implementar el psicodrama a mediados del siglo pasado, en el tratamiento de un hombre adinerado que llegó a su despacho pidiéndole “el bien morir”.

Los protocolos era institucionalizarlo. Pero Moreno diseñó un plan de psicodrama con una serie de reuniones buscando opciones de suicidio, “pero abordadas o con un desenlace humorístico, absurdo, de farsa. ¿El resultado? Al poco tiempo el tipo empezó a disfrutar de su vida y se le olvidó que él había ido allí buscando cómo morir”. 

A través del humor abrazó el amor a su vida. Se logra la sanidad, la sanación, la recuperación”, comentó el psicólogo y actor.

Sin embargo, Miranda aclaró que “los puertorriqueños estamos más inclinados al drama que al humor. Aunque agradecemos el humor y lo buscamos, trabajamos nuestros conflictos desde el drama. Crecimos con las novelas desde los (años) 60, 70, 80. Se lloraba todo. Llorar era parte de vivir y la felicidad se pasaba llorando”.

Moverse al humor para mejorar la salud mental es importante y necesario. Pero para especialistas como Miranda utilizarlo como tratamiento alternativo es difícil porque “los planes médicos y otras cosas obligan a cumplir con un sistema de política pública de salud que exige etiquetar, diagnosticar, medicar. Es una estructura ya establecida. Y la risa es una desestructura de lo establecido”.

Miranda aclaró que también el drama y la tragedia pueden ser sanadores. “Cuando estamos en proceso de dolor, ver ese drama o esa tragedia detona la necesidad de romper esa cápsula de sensibilidad que también tiene un efecto sanador si lo encausamos correctamente”.

Además, a Puerto Rico le hace falta pensar y, por supuesto, reír. Pero antes que pensar hay que sentir. Mi exhortación es que este tiempo que hemos estado abrumados, en el encierro y con dolor, no lo pichees, toca sentirlo, se vale sentir”, afirmó Miranda.