¿Qué es la felicidad? Si se les pregunta a diez personas al azar, probablemente ofrecerán diez respuestas diferentes. Lo que hace difícil definir el constructo felicidad es la subjetividad de la experiencia individual, dentro del contexto humano. 

No obstante, algunos estudiosos del tema utilizan el término bienestar subjetivo, midiéndolo a base de cuán satisfechas están las personas con sus vidas y cuántas emociones positivas y negativas experimentan en su diario vivir. 

La investigadora Sonja Lyubomirsky en su libro The How of Happiness (2007), define la felicidad como «la experiencia de la alegría, la satisfacción o el bienestar positivo, combinado con la sensación de que la vida es buena, significativa y que vale la pena».  

El estudio de lo que hace a la gente feliz dio comienzo con el psicólogo Mihaly Czikszentmihalyi a fines de los 80’s y su investigación sobre el Flow, lo cual se define como un estado intrínsecamente gratificante que resulta de estar intensamente involucrado en las actividades diarias. Posteriormente en el 2002, Martin Seligman popularizó el término psicología positiva a través de su libro Authentic Happiness, definiéndola como el “estudio de las emociones positivas y las fortalezas que permiten que los individuos y las comunidades prosperen». Como presidente de la Asociación Americana de Psicología, Seligman destacó que la psicología era buena identificando y tratando la psicopatología, pero no era eficaz identificando y cultivando las fortalezas de los individuos. Fue en su discurso de 1998 que Seligman propuso la creación de una nueva rama de la psicología, llamada psicología positiva.

Pero, ¿cuál es la importancia del estudio de la felicidad? En las últimas décadas se han realizado numerosos trabajos que han confirmado que el nivel de felicidad o bienestar subjetivo que la persona experimenta está relacionado a la expectativa de vida, la satisfacción en el trabajo y el nivel de creatividad, entre otros componentes. Científicos han estudiado el efecto de emociones como la compasión y la gratitud en la salud física y mental, y han tenido resultados alentadores. Por ejemplo, un estudio de la Dra. Wendy Berry Mendes para el Greater Good Science Center en Berkley, California, encontró que personas con mayores niveles de gratitud, tienden a tener un mayor bienestar, menor ansiedad, mayor optimismo y menor depresión. A nivel biológico, se encontró que niveles más altos de gratitud están relacionados con niveles más altos de colesterol bueno, colesterol malo más bajo y niveles más bajos de creatinina.

Las variables asociadas a la felicidad

Múltiples investigaciones han colocado a la conexión social en el primer lugar como predictor de la felicidad subjetiva. La satisfacción en las relaciones interpersonales, incluyendo familia, pareja, amigos y comunidad ha sido consistentemente relacionada a cuán feliz se puede sentir una persona. Conceptos asociados a la conexión humana como la compasión, la empatía, el perdón y la gratitud también han sido relacionados a mayores niveles de bienestar subjetivo. Igualmente, conductas como la cooperación, la colaboración y el altruismo han sido estudiadas y se ha confirmado su asociación con la satisfacción de vida.

Una importante variable relacionada al bienestar es la resiliencia. La Asociación Americana de Psicología define la resiliencia como el proceso de adaptarse a la adversidad, trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas. Esta característica también ha sido asociada a la población puertorriqueña, particularmente, tras el paso del huracán María. En el 2016, un estudio publicado por la Organización de las Naciones Unidas nombró a Puerto Rico como uno de los países más felices del mundo, utilizando medidas de bienestar subjetivo. Ese estudio fue pre-María, pero resalta características que pueden haber ayudado al pueblo puertorriqueño a lidiar con el trauma de esa experiencia.

Otras variables también asociadas a cuán felices se sienten las personas son la autocompasión, la capacidad para fluir (flow), la habilidad para asombrarse (awe), el sentido del humor y la conciencia plena (mindfulness).

El mindfulness

Jon Kabat-Zinn es considerado el científico que introdujo el mindfulness al occidente y quien comenzó a estudiar los beneficios de la conciencia plena. Este define el mindfulness como el proceso de prestar atención al momento presente, sin juzgarlo. Esa habilidad que nos permite ser menos reactivos a lo que está sucediendo en el presente y promueve un mayor compromiso con una vida plena. En 1982, Kabat-Zinn analizó el efecto de un programa de reducción de estrés basado en mindfulness en pacientes con dolor crónico. Descubrió que luego de diez semanas practicando la conciencia plena, el 65% de los pacientes mostraron más de un tercio de reducción en sus índices de dolor y la mitad de la muestra reportó una reducción del dolor de más de 50%. De otra parte, maestros de escuela pública en San Francisco que participaron en un programa para cultivar el equilibrio emocional a través del mindfulness, demostraron disminución en sus niveles de depresión, emociones negativas y autocrítica.

Las críticas

Algunos autores han criticado la psicología positiva, incluyendo su dificultad para reconocer la función importante de emociones «negativas» como el miedo, la ira y la tristeza. De igual forma, se ha criticado la ausencia en el reconocimiento de factores relacionados al contexto social, tales como la pobreza, la discriminación y la desigualdad. También, se ha resaltado la tendencia del campo de la psicología positiva a hacer reclamos de resultados sin suficiente evidencia científica. Por último, se ha señalado la estrechez de la disciplina para examinar la profundidad y riqueza de la experiencia humana. 

Hoy día

En 1998, el Dr. Martin Seligman subrayó la inhabilidad del campo de la psicología para examinar y cultivar las fortalezas humanas. Veinte años más tarde, la mayoría de los enfoques y tratamientos psicológicos continúan acentuando los déficits y las patologías. Sin embargo, aun con las críticas al modelo, este ha servido para abrir los ojos a muchos profesionales y estudiosos de la conducta humana. Nos ha permitido reenfocar nuestra mirada hacia aquellas cualidades que nos ayudan a luchar, crecer, conectar, disfrutar, reír, crear, soñar, amar y hacer todo lo posible para vivir con bienestar.

*El autor es psicólogo con especialidad en Consejería Psicológica y profesor adjunto de la Universidad Carlos Albizu.