Un mensaje mal interpretado, una palabra fuera de contexto o un tono que no se percibe igual. Estas podrían ser acciones que conduzcan a tensiones generacionales. Pero expertos coinciden en que estas diferencias no son un obstáculo insalvable, sino la oportunidad de aprender a comunicarse mejor.
Varios psicólogos consultados destacan la apertura y el respeto como claves para tender puentes, mientras una lingüista advierte que el lenguaje -cada vez más informal entre los jóvenes- exige comprender cuándo y cómo adaptarse a contextos formales. Desde la literatura, además, se reconoce que cada generación construye sus propios códigos, reflejo de su tiempo.
“Es bien importante uno abrirse para conocer esa jerga que utilizan (distintas voces) al comunicarse”, comentó el doctor Gerardo Medina, presidente de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.
Como psicólogo clínico, señaló, esas diferencias son palpables al atender a distintas poblaciones, ya sea envejecientes, adultos, adolescentes o niños. Por eso, sostuvo, es fundamental aprender la jerga que usa cada cual. En el caso de niños y adolescentes se observa mucho el uso de la tecnología, los “emojis” en la comunicación escrita y códigos en la comunicación verbal, comentó.
“Es bien importante uno como psicólogo, terapeuta, acercarse con apertura a aprender, que te enseñen, literalmente”, dijo.
El choque generacional por la comunicación
El rápido crecimiento del lenguaje informal entre la Generación Z, particularmente a través de plataformas digitales, ha resultado en una brecha de comunicación significativa entre la Generación Z y las generaciones anteriores. Este choque comunicativo es más que una simple falta de comprensión; puede provocar faltas de comunicación, relaciones tensas y una sensación de alienación en ambas partes. Así lo advierte un estudio publicado en el Journal of Asian Development Studies (septiembre 2025).
Según el estudio, para las generaciones mayores, interpretar emojis es mucho más desafiante, lo que crea dificultades de comunicación. Además, se descubrió que las puntuaciones de vocabulario de las generaciones Millennial y Baby Boomer eran mucho más bajas que los niveles de comprensión general, “lo que demuestra inequívocamente que las generaciones mayores no están familiarizadas con el vocabulario de la Generación Z”.
“La comprensión general de la generación mayor es superior, lo que evita una ruptura total de la comunicación entre las dos generaciones. Debido a que la Generación Z utiliza emoticonos novedosos en la comunicación digital y terminología desconocida en las conversaciones, la Generación X, los millennials y los baby boomers tienen dificultades para comprender su lenguaje”, concluyó el estudio.
Palabras que confunden
“Las realidades responden a una coyuntura histórica y espacio particular. Lo que hoy es moralmente correcto y bueno, tal vez hace un año atrás no, y viceversa. En cuanto a los choques (de comunicación), rescato la palabra apertura, porque, si uno se acerca tanto a la crianza o proceso psicoterapéutico sin eso, los niños van a poder hablar como si fueran tus panas y si uno es old school uno se puede sentir a veces como ¿qué pasó aquí?”, comentó Medina.
“Si uno se acerca a ese proceso con resistencia, cierra el enganche terapéutico o la vía de comunicación con nuestros hijos”, agregó.
Aunque destacó que “es una cuestión de respeto y valores”, insistió en la importancia de que siempre medie la apertura y el aprendizaje en los canales de comunicación, especialmente intergeneracionales.
Sahiana Vélez, representante estudiantil a nivel graduado de la Asociación de Psicología de Puerto Rico, urgió, por su parte, a la importancia de conocer las diferentes culturas, ya que estas pueden influir en el lenguaje y provocar choques innecesarios. Como ejemplo, mencionó el eterno dilema de “las empanadillas y los pastelillos”.
“Tenemos que conocer la historia de cada cual, el tipo de crianza, de dónde venimos, la edad que tenemos. Pero, lo más importante en toda conversación intergeneracional, es que siempre debe haber respeto y (tratar de mantener) un vocabulario adecuado y neutral. Es importante tener en cuenta de dónde venimos y a quién le estamos hablando, para que no haya choques. Igual el ambiente donde estamos y saber que no siempre va a ser el mismo que el de la familia de uno”, dijo.
De acuerdo con la estudiante de maestría de Psicología Escolar, muchas de las barreras pueden surgir cuando no hay flexibilidad en la comunicación o cuando surges enfoques que podrían crear confusión, como el uso de emojis en la comunicación escrita o el spanglish en la verbal.
Mayra Gotay, catedrática asociada del Departamento de Estudios Hispánicos de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, comentó que en sus cursos es usual encontrarse con choques lingüísticos con sus estudiantes, especialmente los de primer año, con entre 18 y 20 años de edad.
“Hay un bagaje cultural y fragmentado (en ellos)”, dijo.
Además, advirtió que la comunicación de muchos se basa principalmente en las redes sociales, donde no suelen haber contenidos con introducción, desarrollo y conclusión, sino con frases y palabras sueltas.
También destacó el uso de jergas, expresiones en inglés o acortamiento de palabras.
“No solo lo veo en las respuestas escritas de exámenes, sino en correos electrónicos. Horita recibí uno que decía, “Profe, Cuándo me toca presentar”. No tenía ni signos de interrogación, ni un saludo, ni una despedida (en el mensaje)”, dijo.
Esa informalidad en el hablar entre ellos, dijo, se extiende más allá independientemente del espacio y el interlocutor. Esto, indicó, le causa gran preocupación de cómo se expresarán luego de graduarse, en otros espacios más formales de trabajo.
“Les digo en clase: “no pasa nada en espacios que no tienen o requieren una formalidad, como entre amigos y familia”. Pero les advierto que el fin debe ser distinguir entre cómo uno habla entre distintas circunstancias y con otros. Trato de crearles consciencia”, sostuvo.
Además, dijo, también les advierte que sean cuidadosos al escribir en la selección y el orden de palabras que emplean para que no se malinterprete el mensaje.
“No veo resistencia, pero sí que les cuesta. Lo veo cuando (después de corregirlos, en otra clase) expresan la misma palabra o frase”, comentó al señalar que simplemente vuelve a señalarles el error para que traten de internalizarlo y no lo vuelvan a repetir.





