Puerto Rico cambió el martes.

Aunque a simple vista los resultados de las elecciones generales sostuvieron que el bipartidismo y el inmovilismo sigue enraizado en la mente de un segmento grande del electorado, un segmento aún más grande votó, precisamente, por lo contrario: por alternativas fuera de esa dicotomía novoprogresista-popular.

 

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Pese a los movimientos ciudadanos que sacaron del poder al ex gobernador por el Partido Nuevo Progresista (PNP), Ricardo Rosselló, su sucesor en la colectividad, Pedro Pierluisi, se alzó con la victoria. Pero esta victoria fue una débil, venciendo a su opositor por el Partido Popular Democrático (PPD), Carlos “Charlie” Delgado Altieri, por 1% con un 32% del voto, el menor porcentaje obtenido por un candidato a dicha posición en la historia. Los rostros de ambos contendientes en la madrugada de hoy miércoles y las palabras conciliadoras y tibias de Pierluisi cuando se declaró ganador lo decían todo.

Mientras, los candidatos al mayor puesto electivo en Puerto Rico de los nuevos partidos Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) y Proyecto Dignidad, del tradicional, pero pequeño Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el independiente Eliezer Molina, juntos obtuvieron el 36% de los votos. Más que cada uno de los partidos que han alternado el poder en la Isla desde que los puertorriqueños comenzaron a elegir a sus gobernantes. Además, estas colectividades lograron escaños en ambos cuerpos legislativos convirtiendo al Capitolio en un canvas multi-color y quizás lo más revelador: al cierre el candidato a la Alcaldía de San Juan por el MVC, Manuel Natal, estaba ganando. De sostenerse la tendencia, es la primera vez que un candidato que no es del PPD o el PNP gana el segundo puesto en importancia y presupuesto en el país.

O sea, la mayoría de los votantes quiere cambio y ha cambiado acorde su manera tradicional de votar, saliendo de la línea de votar por los “partidos de mayoría” y por su preferencia de estatus para dar mayor importancia a otras consideraciones de valores como lo son la sana administración pública y la religión, según expertos en el comportamiento del votante consultados por Es Mental. Esto fue patente con el resultado del plebiscito donde el “Sí” por la estadidad logró un 52%, un 20% más que el candidato estadista Pierluisi.

“Se dio un comportamiento bien atípico en estas elecciones. Se dio un cambio, quizás no en la dirección que la gente predijo, de que iba a ganar un partido nuevo, pero se dio un cambio”, sostuvo el profesor de ciencias políticas y analista, Jorge Schmidt.

Recordó que hace tan solo ocho años los candidatos PPD y PNP a la Gobernación, Alejandro García Padilla y Luis Fortuño, acapararon el 95% de los votos, y en esta ocasión Pierluisi y Delgado solo alcanzaron el 63%. 

Según estimó, ese cambio responde en gran medida a la crisis que lleva enfrentando la ciudadanía por la recesión económica, la quiebra gubernamental, la imposición de la Junta de Control Fiscal por parte del Congreso de los Estados Unidos y sus medidas de austeridad, y al cansancio acumulado por la corrupción pública e impunidad. Este cambio de mentalidad entre buena parte de los votantes se hizo patente en varias direcciones que incluyeron elegir una Asamblea Legislativa pluripartidista, cambiar alcaldes en bastiones como Ponce, Arecibo, y Guayanilla, y con la sorpresiva fuerza demostrada por el conservador-religioso Partido Dignidad en su primera contienda electoral.

“Estamos viendo un país polarizado. Estamos viendo dos países. Es lo mismo que está pasando en Estados Unidos. Está el que salió a las calles a protestar el verano pasado y está el que se quedó en su casa (en esa ocasión), y hoy (martes) salió a votar”, puntualizó.

El Dr. Schmidt señaló que los resultados están marcados por sectores que tienen posturas profundamente contrarias entre sí, donde no hay terreno para conversación o convergencia, como por ejemplo el sector liberal, secular, y ateo con el religioso fundamentalista y conservador. Ante esta realidad auguró un cuatrienio conflictivo en la Legislatura.

“Estamos divididos por el medio. Son dos países que no se entienden”, dijo.

Agregó que el sector conservador-religioso, que usualmente hace alianzas con el sector conservador económico, es uno que no se ha considerado en el debate público y que tiene que comenzar a tomarse en cuenta. 

Por su parte, la Dra. Kevia Calderón, psicóloga clínica y miembro del grupo Voto con Conciencia de la Asociación de Psicología de Puerto Rico, coincidió en que los resultados electorales apuntan a una transformación en la psicología de un segmento importante de los puertorriqueños, y sostuvo que es una esperanzadora y positiva. Enfatizó que los electores no son una masa homogénea, sino el conjunto de distintos grupos con distintos valores y visiones de mundo. Esta diversidad de pensamiento, no atada al estatus político de Puerto Rico, se manifestó en las urnas produciendo un conjunto de funcionarios más representativos de las distintas formas de pensar que hay en el país.

“La realidad es que el pueblo puertorriqueño ha entrado en un proceso de ser más analítico en su proceso electoral. Está cansado, está agotado de los procesos tradicionales, del proceso en el cuál se iba a las urnas por tradición y no por convicción”, señaló.

Al igual que Schmidt, atribuyó este agotamiento a las crisis que ha pasado el país y a las carencias que ha pasado la ciudadanía, la  cual buena parte demostró que entiende que es necesario un cambio de dirección en Puerto Rico.

“Me atrevería a decir que estamos en ese proceso de poder movernos hacia algo mejor”, señaló, aunque sea “poco a poco”.

Ambos expertos explicaron que el segmento, igual de grande, que votó por las opciones tradicionales pese a los pobres resultados durante décadas responde en esencia a la naturaleza humana de miedo al cambio.

“Hay personas que se resisten al cambio. El ser humano teme al cambio”, explicó la psicóloga.

Schmidt sostuvo que este sector de la ciudadanía lo que busca es un regreso a la normalidad, a lo que había antes de la crisis. Añadió que los cambios políticos ocurren poco a poco, que un cambio abrupto sería una revolución y el pueblo de Puerto Rico “no es revolucionario”.

“Estamos viendo cosas raras (en los resultados), pero los periodos de cambio son así”, señaló.

Habrá que analizar con el crisol del tiempo y la distancia qué realmente significan las decisiones que los votantes emitieron en esta elección porque, según dijo, es difícil entender lo que está ocurriendo desde el medio de la tormenta.