La pugna entre figuras de poder como la gobernadora Jenniffer González y el presidente del Senado Thomas Rivera Schatz no solo erosiona la confianza en el gobierno, también alimenta un clima de tensión y fatiga emocional entre los ciudadanos, quienes en lugar de recibir soluciones a sus necesidades, viven a las espera de un nuevo capítulo del espectáculo mediático, coinciden entrevistados por Es Mental.
El choque político entre el Ejecutivo y el Senado por diversas situaciones, entre ellas la Reforma de Permisos, trasciende el Capitolio y La Fortaleza. Son los ciudadanos quienes experimentan efectos como la inacción estatal y desgaste emocional al percibir cómo las figuras a cargo de las decisiones del archipiélago parecen jugar al tira y tápate.
No obstante, lo que en otro momento habría provocado mayor indignación colectiva, hoy es ejemplo de cómo se ha normalizado este tipo de dinámica.
‘’En contextos como el de Puerto Rico, la desconfianza institucional no nace de un evento aislado, sino de una acumulación histórica de fallas no corregidas’’, recordó el sociólogo e investigador, Emilio Pantojas.
Y ante esto, la repetición de este tipo de escándalos -sin consecuencias- provoca que la ciudadanía deje de esperar justicia e inclusive que exista seriedad a al hora de liderar.
‘’Las narrativas políticas polarizantes funcionan como distracciones que impiden discutir las fallas estructurales del aparato administrativo’’, aseguró el sociólogo.
Según el psicólogo clínico Gerardo Medina, supone que estos roles profesionales deban cumplir una función de contención, dirección y sentido de futuro, por tanto, cuando es percibido como inestable, fragmentado o en conflicto constante, se debilita la confianza y se intensifica una sensación de incertidumbre crónica.
‘’En la Isla, en donde ya existe una historia prolongada de crisis económicas, sociales y coloniales, esta inestabilidad no ocurre en el vacío, se suma a un cansancio emocional acumulado que impacta directamente el bienestar psicológico de la población’’, explicó Medina.
Mencionó, a modo de ejemplo, que el “estruendo político” (caracterizado por confrontaciones públicas, contradicciones y luchas de poder) actúa como un estresor social continuo, ya que genera una sobreexposición emocional, aumenta la sensación de falta de control y refuerza la percepción de que no hay un rumbo claro. Lo que puede traducirse en ansiedad colectiva, irritabilidad, desesperanza aprendida y desconfianza en las instituciones, especialmente en poblaciones que ya viven condiciones de vulnerabilidad.
‘’Entonces, cuando todo parece faltar (como la luz, agua y otro), se construye una percepción de abandono que mina la legitimidad del Estado’’, argumentó Pantojas.
Detonante, además, de indiferencia, que ocurre por ’naturaleza’. De acuerdo con Pantojas, la gente se vuelve indiferente cuando siente que participar (entiéndase en procesos electorales y/o reuniones colectivas o manifestaciones) no cambia nada.
‘’La cultura política se moldea por lo que se tolera; la que no se castiga, se reproduce’’, continuó.
Por su parte, el profesor en psicología, el doctor Eduardo Lugo, dijo que la situación puede impactar desde dos variables: la primero se caracteriza por la distracción de otros asuntos medulares en el país y/o que se alimente el fanatismo político electoral y, en segunda parte, la frustración, porque hay tantos asuntos que el gobierno debe estar atendiendo y la disputa se convierte en el centro de la gestión de gobierno.
‘’Tenemos asuntos de inconsistencia energética, la preocupación por los recortes federales a muchos programas que son esenciales para sostener la vida de las personas en Puerto Rico, el deterioro de la infraestructura de la AAA; una guerra que afecta los precios de la gasolina y encarece los alimentos, y los líderes gubernamentales enfrascados en disputas que parecen ser por asuntos electorales o de poder interno del partido’’, opinó.
Todo esto podría, desencadenar, un fenómeno al que llaman ‘fatiga cívica’, que trata, precisamente, sobre el desgaste emocional que provoca que las personas experimenten apatía política e incapacidad para indignarse ante acontecimientos que requieran acción ciudadana.
La literatura coincide en efectos adversos como la resignación, reducción de participación en temas políticos o asuntos del país, estrés, desánimo y cansancio.
‘’¿Y qué pasa cuando uno se cansa de oír solo gritos? Simple: deja de escuchar. Se desconecta. Empezamos a verlos ‘todos iguales’ y, lo que es peor, que ‘nada va a cambiar’. Este cinismo es la peor goma que da la fatiga electoral. Es un veneno lento para nuestra democracia, porque nos lleva a no querer ir a votar, o a votar con desgano, eligiendo el ‘mal menor’ en lugar de algo que realmente nos ilusione’’, expone el abogado Oscar Arévalo Solózano en una columna de opinión.
Así se se manifiesta el desgaste emocional colectivo
El desgaste emocional colectivo podría manifestarse en apatía política, cinismo, fatiga emocional y desconexión social, describió el psicólogo clínico.
De hecho, muchas personas comienzan a normalizar la crisis como un estado permanente, lo que reduce la capacidad de indignación y de acción colectiva.
Desde una psicología crítica, este desgaste no es una debilidad individual, sino una respuesta comprensible a contextos estructurales inestables y repetidamente traumáticos, reiteró Medina. Por consiguiente, atender la salud mental colectiva requiere intervenciones clínicas, pero también transformaciones sociales, comunicacionales y políticas que promuevan coherencia, transparencia y participación genuina.





