La resolución de problemas es una de las competencias indispensables para el desarrollo de cada individuo en nuestra sociedad. George Polya, presentó un modelo heurístico de cuatro pasos, los cuales son entender el problema, configurar un plan, ejecutar el plan y, luego, verificar los resultados. Es común que al hablar sobre cómo podemos mejorar nuestro sistema educativo nos centremos en ejecutar ideas que surgen para atender lo que nos lleva a ese logro. Sin embargo, hemos podido notar que todas esas ideas tienden a resultar en esfuerzos no han traído resultados significativos. 

Aunque pueda existir una diversidad de factores que inciden en lo que nos mantiene preocupados por el futuro de nuestro sistema educativo, quiero en esta ocasión enfocarme en ofrecer una estructura general de lo que sería un plan estratégico para cualquier secretario de Educación. En este plan, presento ocho elementos básicos. Comencemos por enumerar y explicar de manera breve cada uno de los ocho elementos que propongo.  

 

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  • Establecer una cultura de liderazgo enfocada en el cambio. Michael Fullan (2001) menciona que un líder debe tener en cuenta que, para poder liderar de manera efectiva, tomando en cuenta los cambios continuos de la sociedad, primero debe tener un propósito moral en el trabajo que realiza. Además, debe tener competencias que le permitan aplicar estos cambios e implementar iniciativas que se enfoquen en la mejoría de nuestros sistemas. Cuando podemos entender estos cambios y lo que se requiere para implementarlos, podemos mostrar soluciones coherentes y nos permite construir y compartir el conocimiento de manera clara  a todo el equipo de trabajo, en este caso, desde el nivel central hasta cada salón de clase. 
  • Adoptar una filosofía administrativa y educativa enfocada en los cambios del Siglo 21. Poder elaborar esta filosofía y compartirla al sistema nos permite describir qué busca el sistema y el para qué y por qué se establecerán procesos de cambio en el mismo.
  • Mejorar la oferta académica. Nuestro currículo no ha sido revisado para una mejoría en varios años. Además, es muy fácil notar que la oferta académica no cumple con la demanda de competencias que existe en el siglo 21. Un ejemplo de los beneficios que esto podría generar lo vimos en Estonia, país que logró una quinta posición en las pruebas PISA, mejoría significativa que fue noticia en el mundo. Este sistema educativo, en sus páginas principales anunció que este logro se debía a la implementación de un programa de Ciencia de Cómputos como un proyecto piloto. Esto permitió resultados tan positivos en materias como Ciencias, Matemáticas e idiomas que decidieron convertirlo en un programa académico.
  • Modelo educativo con enfoque en competencias. Alineado a lo presentado sobre la mejoría de la oferta académica, nuestro sistema debería presentar una transformación de los procesos educativos enfocados en las demandas de empleadores y de las competencias que necesitan para incluso ser emprendedores.
  • Creación e implementación de una política pública con claridad. La política pública sirve para presentar uniformidad, para establecer metas claras y medibles y para guiar a todo el personal del sistema. Además, una política pública necesita de una implementación coherente y un proceso de rendición de cuentas. Esto podría llevarse a cabo mediante la recopilación de datos que permitan identificar la proporción de directores y docentes que han implementado una política pública y la efectividad de esta. 
  • Personal competente. Para que todo lo antes expuesto pueda llevarse a cabo de manera exitosa, se necesita que todo miembro del sistema sea competente. Por esta razón, exhorto a que una vez tengamos los elementos anteriores bien definidos, se elabore un plan de desarrollo profesional continuo con un proceso de rendición de cuentas para cada uno de estos profesionales. Esto nos permitiría identificar cómo podemos continuar mejorando la capacitación de manera continua. 
  • Cultura de datos. Necesitamos poder realizar un análisis que nos permita complementar la ciencia y el arte de la enseñanza. Esto se puede realizar mediante la recopilación de datos cuantitativos y cualitativos. Tomar decisiones sin el uso de datos puede terminar en decisiones con resultados ambiguos. Brookhart (2015) establece que se debe utilizar este método antiguo de tomar decisiones mediante el arte de enseñanza con el nuevo uso de datos. Para esto es necesario un proceso de recopilación y análisis de datos adecuados, la creación de modelos predictivos y todo enfocado en la toma decisiones que ayudan a crear coherencia en el sistema. 
  • Mejoría de infraestructura física y digital. El conocimiento se encuentra disponible para todos, por lo que nuestro sistema educativo debe pasar por un proceso de transformación digital que va desde la infraestructura hasta la capacitación de todos los miembros del sistema. En pleno Siglo 21 no es concebible que tengamos salones de clase sin conexión al internet o con escaso uso de la tecnología. Exhorto a que se realice un proceso de inspección de los edificios para auscultar no solo la seguridad de cada estudiante, sino que se evalúe la calidad de los ambientes de aprendizaje y que se maximice todas las herramientas tecnológicas con las que cuenta nuestro sistema educativo. 

Existen otros elementos sobre agilidad administrativa y manejo de emergencias que espero discutir en otra ocasión. Continuamos considerando soluciones que requieren de competencias, de estructura y de voluntad. 

¿Tenemos el potencial para tener un sistema exitoso? La respuesta es sí. ¿Qué esperamos?

*El autor es profesor universitario.

Referencias

Brookhart, S.M. (2015). How to Make Decisions with Different Kinds of Student Assessment Data. ASCD. ISBN: 978-1-4166-2103-4

Fullan, M. (2001). Leading in a Culture of Change. Professional Development Collection. San Francisco: Jossey-Bass