Una joven soltera de 20 años estudia un bachillerato en Ciencias Naturales para luego de culminar, entrar a la escuela de medicina. Es sábado, y sus amigas la invitan a una actividad para conocer chicos. Efectivamente, conoce a un joven del que se enamora. Pasado un par de meses, las cosas se complican e inician discusiones por la cantidad de horas invertidas de ella en la universidad, pues solo comparten domingo y algunas horas en las noches. La joven intenta explicar a su pareja lo importante de invertir tiempo en sus estudios y como ello es bueno para su futuro. Pero él no muestra interés en escuchar las razones, solo expresa que la situación está afectando la relación. Aunque la joven se mantiene en la universidad, ha bajado su promedio, por lo que disminuye la posibilidad de ingresar a la escuela de medicina. Aun así, batalla por dar más a su pareja para evitar las discusiones. 

Las descripciones físicas de esta joven no son relevantes. Ahora bien, es importante destacar su estado emocional, que es lo que la hace permanecer y luchar por la relación al punto de menoscabar sus metas. Sin duda, la autoestima juega un papel determinante en la toma de decisiones. 

La autoestima es el pensamiento, comportamiento y valor propio que se da cada persona sobre sí. Cuando la autoestima es frágil y tenemos que buscar la compañía de una pareja para asegurar nuestro bienestar emocional, debemos tener mucho cuidado. Para relacionarnos, es imperativo tener una autoestima robusta. Así también debemos tener la capacidad de lograr nuestras metas y sueños de un modo independiente, realizar actividades donde se fomente el amor propio, el respeto y la seguridad de tener una vida balanceada.

Tradicionalmente, se crea la idea de que para estar completos se debe estar con una pareja. Como si el cerebro, el corazón u otra parte del individuo necesitara una extensión de otro cuerpo para funcionar. Entonces, una joven llena de sueños y metas se detiene porque desea retener en este joven ese ideal creado. Ella cree que nadie más podría amarla, viendo este trato como la definición errónea del amor. De igual manera, expresa que todas sus amigas tienen pareja y ella no, por lo que se siente diferente a las demás.

Es común, ante el deseo fortuito de recibir cariño de parte de una pareja, que se “romantice” actos o palabras de esa persona. Es decir, ver como bonito o especial hechos que se definen claramente como presión o control.

Otros ejemplos claros y comunes de lo anterior son los siguientes:

  • Visualizar como bonito y protector cuando una pareja nos quiere acompañar a todos lados para asegurarse de que no nos pase nada.
  • Cuando intentan cambiar nuestra manera de vestir obsequiándonos ropa nueva con la excusa de renovar nuestro “closet”. 
  • Pedir que lleguemos a la casa temprano para protegernos de los peligros de la calle.

Cabe destacar que estas situaciones se dan en todo tipo de género. Sin embargo, es habitual observar estos comportamientos de poder y control de un hombre hacia una mujer. Y es que hemos vivido por mucho tiempo bajo una crianza machista. Aunque, indudablemente, esto ha cambiado con los años, hoy día observamos todavía estos tipos de crianza que hacen ver al hombre de manera imponente ante la figura femenina. Claro está, este no es el único factor que se le atribuye a este comportamiento, pueden darse otros factores como experiencias duras vividas en la niñez, trastornos mentales, entre otros. 

¿Qué podemos hacer para evitar la exposición a este tipo de situaciones o salir de una relación de maltrato emocional? Es importante trabajar con el autocuidado. Algunas de las recomendaciones son:

  • Realizar afirmaciones positivas sobre sí mismo.
  • Aceptarnos tal cual somos y reconocer nuestro valor.
  • Relaciónarnos con amistades o familia que aporten bienestar. Si nos lastiman, afectan o dañan, definitivamente no son buena compañía.  
  • Dar importancia a nuestros sentimientos y pensamientos, pues dan señales de aquello que no es de beneficio para nuestra salud emocional.  
  • Separar tiempo para estar en paz con una misma, ya sea para meditar o para darnos cariño complaciendo nuestros gustos. 
  • Vestirse y arreglarse para levantar nuestro ánimo.
  • Trabajar con nuestra actitud y empatía, pues servir a los demás siempre alegra no solo el corazón de aquellos a quienes servimos, sino también los nuestros. 

En ocasiones, podemos sentirnos tristes, solos y angustiados o que no podemos solos con nuestras situaciones. Son esos momentos donde debemos buscar ayuda. Reconocerlo no nos hace débiles o “enfermos mentales”, sino todo lo contrario, nos posiciona como personas inteligentes, con la capacidad de tomar decisiones para nuestro bienestar emocional. Es importante reconocer que merecemos la oportunidad de tener paz. ¡Qué amarte y valorarte siempre sea tu prioridad!

La autora es doctora en Psicología y presidenta de Grupo SEPI.