El llamado efecto nocebo es un fenómeno psicológico y biológico en el que las expectativas negativas influyen directamente en la salud del paciente.
En palabras del psiquiatra Dimas Tirado Morales, “si uno se cree que algún tratamiento le va a hacer daño, el cuerpo empieza a experimentarlo”, aun cuando no exista una base farmacológica que lo justifique.
Según detalló, el nocebo consiste en la aparición o el empeoramiento de síntomas negativos debido a la creencia de que una intervención será perjudicial. “Es ese fenómeno por el cual una persona experimenta síntomas negativos o empeora su salud por la expectativa de que algo le hará daño, incluso cuando se ha comprobado que no hace daño”, señaló.
El psicólogo y traumatólogo David Alcalá Pérez describió el efecto nocebo como un fenómeno inverso al placebo, en el que las expectativas negativas del paciente pueden generar síntomas físicos reales. “Es la capacidad del cerebro para anticipar algo negativo y reflejar unos síntomas”, explicó, subrayando que no se trata de una reacción imaginaria.
El especialista Alcalá Pérez ejemplificó el proceso con una situación clínica hipotética: a un paciente se le administra una pastilla inerte, pero se le sugiere que podría provocar náuseas, mareos o dolor muscular. “Te la tomas y te ocasionan esos síntomas y lo somatizas y lo expresas de manera real, de manera física”, señaló. En su opinión, el fenómeno es clínicamente relevante porque los síntomas “sí se reflejan y son medibles y cuantificables”.
Diferencia entre efecto placebo y el nocebo
Desde el punto de vista neurobiológico, Tirado Morales explicó que el mecanismo aún se estudia, aunque se relaciona con circuitos cerebrales vinculados al procesamiento de expectativas y emociones, en contraposición al efecto placebo. “Es la contraparte del placebo”, indicó, aludiendo a estructuras como el núcleo accumbens y sistemas asociados a la respuesta de recompensa y estrés.
El experto destacó que este fenómeno se observa con frecuencia en ensayos clínicos. Recordó que pacientes que reciben placebo pueden reportar efectos adversos similares a quienes reciben el fármaco activo. Incluso mencionó estimaciones de literatura científica que sugieren que una proporción significativa de los efectos secundarios reportados podría atribuirse al nocebo.
A diferencia de otros cuadros médicos, Alcalá Pérez insistió en que el nocebo no presenta un patrón sintomático específico que permita identificarlo de forma inmediata. “No hay un síntoma como tal”, afirmó, ya que el fenómeno se desencadena en el momento en que la persona recibe información sobre un posible efecto adverso. Por ello, consideró que su detección no es sencilla en la práctica clínica cotidiana.
Explicó que solo puede evidenciarse de forma experimental o cuando existe un historial previo del paciente. “La única manera de hacerlo es ponerlo a prueba”, reconoció, aunque advirtió que no es un fenómeno predecible en todos los casos.
Asimismo, sobre la identificación clínica, coincidió en que no es un proceso simple. “El dolor es subjetivo”, recordó, por lo que no puede invalidarse la experiencia del paciente. Sin embargo, reconoció que existen perfiles más vulnerables, como personas altamente autosugestionadas o con creencias firmes sobre la aparición de efectos adversos.
Tirado Morales insistió en que no se trata de síntomas “imaginarios”, sino de experiencias reales para el paciente, moduladas por factores psicológicos y fisiológicos. También, señaló que variables externas, como el contexto económico o la percepción del costo de un tratamiento, pueden intensificar el fenómeno.
Sobre la vulnerabilidad individual, Alcalá Pérez matizó que no existe una única causa determinante. “Sí y no”, respondió al ser consultado sobre perfiles más susceptibles. Señaló que intervienen factores como el sistema de creencias del paciente, su entorno social y su contexto cultural. En su experiencia, las personas expuestas a discursos negativos o a entornos donde predominan las quejas sobre la salud pueden desarrollar mayor predisposición al fenómeno.
Desde el punto de vista terapéutico, Alcalá Pérez sostuvo que el nocebo puede trabajarse una vez identificado su origen. Explicó que este puede derivar de experiencias previas, de la información recibida o de la observación de otros síntomas en su entorno. “Hay maneras para poder controlarlo, manejarlo o hasta eliminar esa asociación entre detonante y efecto”, afirmó.
En el ámbito clínico, Alcalá Pérez destacó la importancia de la relación médico-paciente y del modo en que se transmite la información. Consideró clave la confianza previa y la forma de comunicación. En este sentido, sugirió que enfatizar primero los beneficios de un tratamiento puede reducir la predisposición a efectos adversos. “Muchas veces la persona ya se predispone, empieza a somatizar el dolor muscular”, advirtió, al señalar que la forma de informar puede influir directamente en la respuesta del paciente.
En este contexto, un meta-análisis recientemente publicado en Health Psychology (2024) concluyó que el efecto nocebo es consistente en ensayos clínicos y puede aumentar la aparición de síntomas y efectos secundarios debido a expectativas negativas generadas por la información sobre riesgos. El estudio subraya que la forma en que se comunican los posibles efectos adversos influye directamente en la experiencia del paciente.
Tirado Morales también subrayó la importancia de la comunicación médica. Una explicación clara, basada en datos y transparencia, puede reducir la aparición del nocebo o facilitar su manejo. Aun así, advirtió que en algunos casos persisten reacciones difíciles de evitar, lo que plantea desafíos éticos y clínicos en la práctica médica contemporánea.
En la práctica clínica, el psiquiatra subrayó la relación del fenómeno con la ansiedad y los trastornos somáticos. Explicó que el consentimiento informado, aunque necesario, puede generar preocupación. “El deber de informar los riesgos puede provocar ansiedad y estrés que activan sistemas del cuerpo y contribuyen al efecto nocebo”, mantuvo.
Alcalá Pérez concluyó que el fenómeno requiere un manejo cuidadoso dentro de la práctica médica, ya que la comunicación puede convertirse tanto en un factor protector como en un desencadenante de síntomas.






