Un trastorno neuropsiquiátrico poco común que se caracteriza por la alteración profunda en la percepción propia y la existencia del cuerpo, con síntomas que pueden manifestarse mediante delirios de negación, alucinaciones, esquizofrenia, conductas autolesivas y otras. Se trata del síndrome de Cotard, también conocido como delirio de negación.

El síndrome de Cotard fue mencionado por primera vez en 1882 por el psicólogo francés Jules Cotard; sin embargo, es poco lo que se sabe al respecto, ya que en la actualidad se considera como manifestación de algún trastorno neuropsiquiátrico subyacente. Investigaciones como A Neuropsychiatric Analysis of the Cotard Delusion aseguran una fuerte correlación con enfermedades neurológicas.

Entre 1996 y 2016, la Clínica Mayo identificó solo 18 casos y concluyó que los indicios de Cotard afectan más a los participantes hombres que a las mujeres y a adultos entre los 30 a 85 años. Ocho de las 18 personas del estudio experimentaron delirios y/o psicosis.

Otras publicaciones, vinculan al síndrome de Cotard con catatonia, convulsiones, psicosis esteroidea y parálisis subranuclear. 

Según la doctora Alexandra Orsini Santos, psicóloga clínica, este síndrome no se centra en persecuciones, paranoia o grandiosidad, sino en la negación completa de la propia existencia. 

El individuo no solo cree que está muerto, sino que siente la ausencia de su propia vida, por lo que, hay una desconexión total entre la experiencia emocional, la identidad y la realidad física, señaló.

Dijo, además, que los investigadores han llegado a plantear que, debido al compromiso en la percepción de la imagen y la presencia de un delirio de negación, el síndrome de Cotard se relaciona con disfunciones en el lóbulo parietal. 

Asimismo, pudiesen estar vinculado con el sistema límbico y el córtex prefrontal (áreas encargadas de procesar y reconocer la identidad corporal). 

Por su parte, la doctora Melissa Soto Rivera, psicóloga clínica, afirmó que la persona llega a creer, con convicción total, que ha muerto, que no existe o que su cuerpo está vacío o en descomposición. De hecho, no se trata de una forma de llamar la atención, pues el paciente lo siente como una realidad. 

Desde la psicología clínica, este síndrome representa una crisis profunda en su propia experiencia, es una ruptura entre el cuerpo, la emoción y la percepción de estar vivo”, aseguró. 

Adicional a los síntomas antes mencionados, quien lo experimenta puede atravesar desesperanza y retraimiento, expresión emocional aplanada o ausente, negligencia en el cuidado personal e incluso rechazo a comer o hidratarse.

Pero, también, alto riesgo de suicidio, porque la persona ya no percibe valor ni propósito en seguir viviendo, enfatizó la doctora.

“En esencia, el síndrome de Cotard refleja una forma extrema de sufrimiento psíquico, en donde la mente, tratando de dar sentido al dolor, termina negando su propia existencia”, sostuvo. 

La literatura subraya un caso clínico en el cual un mal manejo de diabetes tipo 1, con significativos riesgos médicos, llevó a un equipo de salud a descubrir un caso de Cotard. Se trata de un joven de 19 años que fue ingresado de emergencia en el hospital a raíz de una cetoacidosis diabética (una complicación grave). 

El joven, con antecedentes de trastorno obsesivo compulsivo y depresión mayor, había dejado de tomar la medicación para tratar su diabetes, ya que el Cotard provocó que creyera que ya estaba muerto.

De acuerdo con Soto Rivera, el Cotard causa que la persona no tema morir, sino que está convencida de que ya ha muerto, como en este caso.

Desde la psicología clínica se interpreta como una disociación entre el pensamiento racional y la vivencia emocional, en el cual el cuerpo está presente, pero la mente no logra sentirse parte de él.

Síndrome de Cotard: lo complicado de su diagnóstico

No obstante, diagnosticarlo no es tan fácil como se podría creer. La doctora Orsini Santos explicó que representa un desafío, porque puede confundirse con otros cuadros clínicos o diagnósticos. Ante esto, es importante tener una evaluación psiquiátrica y neurológica y emplear estrategias de manejo desde lo multidisciplinario, como la psicoterapia, farmacología, apoyo familiar, entre otros.

Siendo tan poco frecuente, la mayoría de los profesionales nunca han visto un caso. Ni siquiera figura como diagnóstico independiente en los manuales diagnósticos (DSM-5- TR), reiteró Soto Rivera.

Precisó que el abordaje requiere empatía profunda, escucha sin confrontación y acompañamiento estructurado para reestablecer, poco a poco, la conexión con la vida. 

El síndrome de Cotard deja una enseñanza valiosa para la psicología clínica: el sufrimiento humano puede llegar al punto de negar la propia existencia, reflexionó Soto Rivera. Por consiguiente, acompañar a alguien en su proceso es ayudarle a volver a sentirse vivo y recordarle que, incluso en medio de la desconexión, todavía hay algo dentro. 

“A pesar de que el síndrome de Cotard fue descrito por primera vez en 1882, la literatura científica disponible sigue siendo escasa y los casos documentados son relativamente pocos. Esta falta de información resalta la necesidad de realizar más investigaciones que permitan comprender con mayor precisión los factores asociados, su evolución y las posibles estrategias terapéuticas que favorezcan una mejor calidad de vida en las personas que lo presentan”, finalizó Orsini Santos.