Desde la crianza, algunos padres verbalizan a las niñas frases como “calladita te ves más bonita o haz lo que se te pide”, expresiones que sin duda afectan su autoestima desde pequeñas, hasta llegar a padecer del famoso “Nice Girl Syndrome” o síndrome de la niña buena, de acuerdo a expertos entrevistados por Es Mental. 

Pese a que no se trata de un trastorno clínico, reconocer este patrón puede ayudar a las mujeres a desarrollar una mejor autoestima, priorizando así sus propias necesidades. 

La doctora Nelmaris Hernández, psicóloga clínica, explicó que, según la literatura encontrada, el término “síndrome de la niña buena” se acuñó por Beverly Engel, autora del libro “The Nice Girl Syndrome: Stop Being Manipulated and Abused– And Start Standing Up for Yourself”. 

La psicoterapeuta y defensora de las víctimas de abuso emocional, física y sexual, define al fenómeno como el patrón de comportamientos frecuentes que una mujer o niña utiliza para complacer excesivamente a las demás personas. 

Entre las características más comunes del síndrome, figuran acciones como evitar conflictos y ser excesivamente complacientes. Además, ignorar en la mayoría de las ocasiones sus propias necesidades y su bienestar. 

Puede ser por miedo al rechazo, tener ese miedo de desagradar a los demás o no pertenecer a cierto grupo, no se conforma con lo que los demás le digan ‘buena’, sino quiere buscar más y más”, agregó Hernández. 

Esto, según la psicóloga clínica, lleva a esta persona a tratar de buscar el lado perfeccionista, buscando así, un estándar inalcanzable e irreal. Además, estas personas suelen poner las necesidades de otros por encima de ellas, hasta el punto de dejar a un lado el autocuidado que cada uno necesita para un bienestar integral. 

De hecho, es común que intenten evitar la expresión de emociones negativas, como ira, frustración y tristeza, para mantener a aquellos a su alrededor agradables y complacientes. En el caso de lograr expresarse o ventilar sus emociones, terminan disculpándose por desahogarse. 

Hernández compartió que el capítulo uno del libro, consta, precisamente, del alto precio que pagan las personas que padecen de este síndrome cuando carecen de discernir los límites y llegan a ser excesivamente “buenas». 

Desde otra perspectiva, la psicóloga Laura López compartió a Es Mental que este síndrome puede  venir desde la idea de que la mujer o la niña en su desarrollo tiene que seguir varias normas sociales, así como por la construcción social del género.

¿Qué sería una niña buena?, cuestionó López. Y es que comúnmente se impone desde su crianza que las mujeres deben mantenerse calladas, que no pueden retar a figuras de autoridad o estatus social, que no pueden cuestionar y que cuando hablen, debe ser en un tono delicado. De ella no esperan ofensas, pero en ocasiones abusan de su bondad. 

En concordancia, el psicólogo Christian Luciano destacó que, por lo general, este síndrome se observa en mujeres debido a normas sociales y culturales que promueven la idea de que las mujeres deben ser cuidadoras, sumisas y agradables. 

“Detrás de este síndrome, muchas veces está el hecho de que desde pequeñas las niñas son recompensadas por portarse bien y regañadas si muestran independencia o se rebelan. También, pueden influir factores como crecer en hogares donde valoran el cumplimiento de roles tradicionales de género que son auténticos y la expresarse libremente”, aseguró.

Consecuencias del síndrome de la niña buena

La doctora Hernández compartió que entre las consecuencias principales se encuentran la fatiga por compasión, ya que  se trata de un agotamiento físico emocional y mental que surge de personas que continuamente quieren ser compasivas con los demás.

Este tipo de personas suelen tener baja autoestima, puesto que tienen falta de confianza y autovaloración de su propio valor, ya que todo el tiempo buscan complacer a otros. Asimismo, tienen un bajo autoconcepto de cómo se ven a sí mismos, por tanto tienden a ser inseguras con su forma de ser, lo que pueden dar, pues sienten no llenar las expectativas. 

Incluso, tienden a no tener relaciones saludables, pues muchas personas se aprovechan de su buena voluntad. 

López agregó que las personas con este síndrome pueden estar propensas a ser víctimas de violencia en cualquier ámbito. Además, considera que puede llegar a estar propensa a pasar por un “burnout” y experimentar periodos de tristeza y alta ansiedad.

Hernández recomienda primordialmente el desarrollo de límites saludables. “Saber hasta cuando yo puedo ser buena, esto va arraigado de lo que es la inteligencia emocional”. 

Agregó la importancia de reconocer las manipulaciones y el abuso y cuando alguien se está aprovechando de la buena voluntad y buenos hábitos. 

Por tanto, trabajar la autoestima y el autoconcepto será de mucha ayuda para salir airosas de este patrón. “Es un proceso que la mujer debe sentir sanación, así que tiene que trabajar mucho con esa inteligencia emocional y sanar sobre eventos abusivos que ya haya vivido por querer llenar la expectativa de ser demasiado compasiva o buena a los demás”. 

El libro recomienda ciertos aspectos para evitar caer en este síndrome, entre ellos: 

  • Reconocer la manipulación: la autora habla de los comportamientos manipuladores y de cómo identificarlos, además enfatiza la importancia de reconocer el abuso emocional y las relaciones tóxicas.
  • Autocuidado y empoderamiento: el libro exhorta a las prácticas de autocuidado, la autocompasión y el desarrollo de la autoestima. Asimismo, capacita a las mujeres para dar prioridad a sus necesidades sin sentirse culpables.
  • Romper esquemas: Engel ofrece estrategias para que estas personas puedan librarse de ese ciclo excesivo de amabilidad, incluyendo desafiar creencias arraigadas y redefinir lo que significa ser amable y asertivo.

Finalmente, Luciano puntualizó que es crucial reflexionar sobre los roles y expectativas de género internalizados desde la infancia, ya que pueden influir en el desarrollo de patrones de comportamiento como los observados en el síndrome de la niña buena.