Visitas recurrentes al médico, búsqueda de una segunda y tercera opinión, resultados negativos posterior a múltiples pruebas y laboratorios, persistencia e insistencia en tener una enfermedad o condición de salud, son algunas de las características que presentan las personas con el trastorno facticio. 

Hay dos tipos de trastornos facticios. Primeramente, está el autoinfligido, que consiste en una persona que falsifica tener alguna enfermedad. Después, está el que es infligido por otra persona. Este último implica que una persona utilice a algún menor o persona vulnerable y sin la capacidad cognitiva para entender cómo defenderse, y comienza a crear síntomas, intentando aparentar que esa persona tiene esa enfermedad, explicó a Es Mental la experta en consejería psicológica Zayana Figueroa Montero.  

Según la profesional de salud mental, algunas de las señales de alerta, en el caso de cuando es autoinfligido, son que la persona va a tener síntomas físicos (como inducir lesiones) o de salud mental. Además, la persona suele manifestar que tiene una enfermedad específica.

Agregó que van a los médicos casi a autodiagnosticarse, muchas veces sin evidencia de síntomas reflejados y posterior a múltiples pruebas médicas que dan negativo. Se presenta como una persona con una enfermedad o discapacidad. 

En ambos casos, no hay ninguna causa de los síntomas físicos que están reportando, especificó. 

Por su parte, la psicóloga María Rodríguez Vidal sostuvo que es un trastorno de salud mental que, si no se identifica con premura, puede ser muy grave. Se aíslan o aíslan a las personas que están haciendo pasar como enfermos, limitando su grupo de apoyo y creando unos ambientes que no son saludables para las personas. También, puede repercutir en la salud mental de la persona afectada. 

Figueroa Montero agregó que las razones de este trastorno, en ambos casos, son el querer obtener alguna ganancia o compensación o que se le certifique con algún tipo de discapacidad. Sin embargo, también puede tratarse de una búsqueda de atención. 

Según la experiencia de Rodríguez Vidal, los tres escenarios más comunes son personas de tercera edad sin círculo de apoyo familiar, madres primerizas que por temor y preocupación por la salud de sus hijos tienden a exagerar y cuidadores de personas que tienen diversidad funcional que exacerban los síntomas para obtener mayores servicios. Argumentó que pudieran haber condiciones comórbidas o asociadas al trauma relacionadas al trastorno facticio.

En muchas ocasiones, esto se considera algún nivel de maltrato, explicó Figueroa Montero, también facultativa en la Universidad Albizu. Cuando es infligido por otra persona, puede implicar no darle comida, darle medicamentos que no necesita o abuso emocional. Trastoca completamente la rutina diaria del afectado, detalló. 

Síntomas y diagnostico del trastorno facticio

Según la Clínica Mayo, es posible que la persona invente los síntomas o que incluso falsifique las pruebas médicas necesarias para manipular a profesionales de la salud a pensar que necesitan un tratamiento y, consecuentemente, incurrir en cirugías de alto riesgo.

Algunos de los síntomas claves, según la Clínica Mayo, son amplios conocimientos de términos médicos y enfermedades, síntomas vagos o contradictorios, afecciones que empeoran sin razón aparente, afecciones que no responden a las terapias habituales según lo previsto, buscar atención de muchos médicos u hospitales diferentes (incluso usando un nombre falso), resistencia a permitir que los médicos hablen con familiares, amigos u otros profesionales de salud, hospitalizaciones frecuentes, afán por someterse a pruebas frecuentes u operaciones riesgosas, muchas cicatrices quirúrgicas o evidencia de numerosos procedimientos, recibir pocas visitas durante la hospitalización y las discusiones con los médicos y el personal.

La prevalencia del trastorno es difícil de identificar a través de estudios, indicó Figueroa Montero.  Se estima que un 1% de las personas ingresadas en hospitales cumplen con los criterios de este trastorno. Mayormente, se han podido diagnosticar en pacientes cuando son ingresados en los hospitales. Es difícil hacer un diagnóstico a primera instancia, tiene que haber un curso y un historial de exámenes médicos. También se requiere una intervención de trabajo social. 

Suele ser difícil de diagnosticar porque la persona que tiene este trastorno suele tener amplios conocimientos médicos y detalles sobre las enfermedades, señaló Rodríguez Vidal. Van encajando los síntomas, pero los van encajando en su realidad. Deciden buscar una segunda opinión, pero todos los resultados serán los mismos. 

Cuando ningún examen ha obtenido resultado luego de más de una evaluación médica, se debe de empezar a preguntar si cumple con el criterio del trastorno facticio, dijo Figueroa Montero. 

Es importante que se entienda que preocuparse no implica un trastorno facticio, sino que es esa persistencia ante la falta de pruebas, alertó Rodríguez Vidal. En consonancia con Rodríguez Vidal, la Clínica Mayo puntualizó que este trastorno no es equivalente a inventar problemas médicos para un beneficio, como irse del trabajo antes, ganar un juicio o irse de vacaciones. Si bien las personas que sufren de este trastorno saben que causan sus síntomas o enfermedades, es posible que no entiendan las razones de su conducta o que no reconozcan que tienen un problema.

Para aquellos que se identifiquen con el contenido de este artículo, existen servicios de salud mental que ofrecen respuestas a las causas y servicios de tratamiento para no incurrir en un riesgo mayor, cerró Rodríguez Vidal.