El trastorno orgásmico femenino se refiere a la dificultad que algunas mujeres experimentan para alcanzar el orgasmo durante la actividad sexual, expresó la sexóloga Tatiana Aponte.

Para efectos de este artículo, Aponte subrayó que este trastorno se trata de una “dificultad” en lugar de “disfunción”, ya que la incapacidad para llegar al orgasmo no significa que la mujer sea disfuncional, sino que enfrenta un obstáculo en su respuesta sexual.

Por su parte, la también sexóloga Josie Edmée añadió que el trastorno orgásmico femenino también puede manifestarse como una reducción en la intensidad de la sensación del orgasmo. 

Esta dificultad puede tener varias raíces, dijo Aponte. Sostuvo que las mujeres, muchas veces, llegan a terapia con la percepción de que su valía como mujer es menor por no poder tener orgasmos, debido a expectativas sociales o mitos sobre la sexualidad. A nivel psicológico, puede estar relacionado con bloqueos por traumas sexuales no resueltos o creencias erróneas. También factores emocionales, como problemas en la pareja, infidelidades, duelos o ansiedad, afectan la capacidad de conectarse sexualmente.

Sin embargo, Aponte aclaró que una de las causas más comunes del trastorno orgásmico femenino es que las mujeres no conocen bien su cuerpo. No saben cómo estimularse o qué les gusta durante el acto sexual, lo cual dificulta alcanzar el orgasmo. También, sugirió que, muchas veces, hay una presión externa, ya sea por compararse con amigas o por la presión de la pareja, generalmente en relaciones heterosexuales. El hombre suele sentir que debe «hacer que ella llegue», lo que genera frustración en ambos.

A esto, Edmée agregó que históricamente, a las mujeres no se les ha enseñado a explorar o disfrutar del placer sexual de manera independiente, asunto que tiene consecuencias como la dificultad para llegar al orgasmo. Además, el uso de ciertos medicamentos, como los antidepresivos, puede tener efectos secundarios que dificultan el orgasmo, algo que muchas mujeres desconocen.

Ambas expertas también reconocieron que los traumas sexuales, como el abuso, pueden generar bloqueos importantes, sobre todo si la persona experimentó orgasmo durante el evento traumático, lo que puede generar sentimientos de culpa o confusión que afectan su vida sexual actual.

Mientras, según la literatura científica, las mujeres que han sufrido abuso sexual o trauma son más propensas a desarrollar disfunciones sexuales en la adultez, pues las secuelas emocionales y psicológicas de esos eventos tienen un impacto significativo en la satisfacción y el funcionamiento sexual. Más allá del abuso sexual o tras experiencias de violencia sexual, encontró que el TOF tenía una fuerte asociación las enfermedades de transmisión sexual y la autoestima. 

Por otro lado, el mismo estudio muestra que las mujeres con una vida sexual más activa y que mantienen una comunicación abierta con sus parejas sobre sus preferencias sexuales suelen reportar mayor satisfacción sexual, lo que a su vez está relacionado con una menor prevalencia de disfunciones sexuales.

Un mito común es que todas las mujeres deberían alcanzar el orgasmo mediante la penetración vaginal”, detalló Edmée al aclarar que, en realidad, muchas mujeres requieren estimulación directa del clítoris. Otros factores que pueden influir incluyen problemas circulatorios, falta de lubricación, el uso de ciertos medicamentos como antidepresivos, baja autoestima o traumas emocionales. También, es relevante considerar factores, como expectativas religiosas o culturales, que pueden inhibir el disfrute sexual.

Aunque las mujeres están cada vez más empoderadas en cuanto a su sexualidad, sigue habiendo desinformación”, sostuvo Aponte. La educación sexual dirigida a la mujer ha aumentado, lo cual es positivo, pero es importante recordar que la sexualidad es una experiencia compartida, y ambos deben estar presentes en la relación sexual sin que uno quede invisibilizado. Además, el orgasmo no es el único objetivo, recordó. Las mujeres deben darse el permiso de experimentar placer, conectándose tanto emocional como físicamente.

Una diferencia clave entre una dificultad temporal y un trastorno es la persistencia, dijo Aponte. No se puede hablar de un número específico de veces que una mujer no ha tenido orgasmos para diagnosticar un trastorno, pero cuando la falta de orgasmo genera malestar y afecta la vida sexual, es momento de buscar ayuda. Si la mujer está incómoda o insatisfecha con su vida sexual, es indicativo de un trastorno. 

Muchas mujeres pueden no identificar su orgasmo, mientras que otras nunca lo han experimentado, pero no les molesta”, destacó Aponte al mencionar que, en terapia, se evalúa si realmente no están alcanzando el orgasmo y cómo afecta su bienestar.

¿Cómo se diagnostica el trastorno orgásmico femenino?

Para diagnosticar el trastorno orgásmico femenino, es clave identificar si este problema ha estado presente desde siempre o si es algo reciente, ya que esto puede ayudar a descubrir causas subyacentes, dijo la sexopedagoga Edmée. La falta de estimulación adecuada, problemas en la relación o la falta de autoconocimiento son factores comunes que contribuyen a esta dificultad.

Para quienes sospechan de que pueden padecer del trastorno orgásmico femenino, Edmée resaltó la importancia de evaluar si la dificultad ocurre solo con una pareja o también cuando están solas, si la falta de orgasmo es vaginal o clitoriana, y cómo varían sus niveles de excitación. 

La mente juega un papel crucial en el proceso sexual, y distracciones mentales o emocionales no resueltas pueden interferir con el orgasmo”, mencionó Edmée. Indicó que las mujeres deben prestar atención a cómo se sienten durante el encuentro sexual y si su placer está influenciado por expectativas externas, como complacer a su pareja en lugar de enfocarse en su propio disfrute.

A nivel terapéutico, la autoexploración es clave, según Edmée. La masturbación, sin o con vibrador, permite a las mujeres descubrir qué tipo de estimulación les gusta, lo que puede ser útil tanto en solitario como en pareja. 

Otro factor importante, según Edmée, es la capacidad de crear fantasías sexuales, ya que éstas pueden aumentar el deseo y la excitación. Recomendó leer novelas eróticas o usar aplicaciones con historias sensuales como actividades que pueden ayudar a estimular la mente.