Imagina que tienes un encuentro sexual deseado y consentido y que, pese a las expectativas de tu cabeza, no haya sido lo que pensabas. Quedaste en la espera de regocijarte en placer mientras a tu compañero no le resultó tan complicado. Esta es la realidad que viven muchas mujeres en dinámicas sexuales heterosexuales y un ejemplo significativo de la brecha que existe en la frecuencia orgásmica entre hombres y mujeres heterosexuales.
Experimentar el placer parece importante cuando se abarca el tema de los derechos sexuales, sin embargo, existe una diferencia sistemática en los orgasmos de hombres y mujeres. A esto se le ha denominado la brecha orgásmica y, aunque se ha buscado abatirla, parece hacerse a paso lento.
El 82 por ciento de los hombres suelen alcanzar el orgasmo en encuentros sexuales casuales, en comparación con las mujeres, con un 32 por ciento, detalla un estudio.
“En arroz y habichuela, la brecha orgásmica ocurre cuando los hombres terminan más; más rápido y más seguido, mientras muchas mujeres no llegan ni a la mitad del placer que merecen. ¿Y por qué pasa esto? Porque durante años se ha enseñado que el sexo se centra en el pene, en la penetración y en que el hombre ‘termine’. El placer femenino, especialmente el clitoriano, se ha invisibilizado o minimizado”, explicó la sexóloga feminista y educadora sexual, Yahira Reyes.
Por tanto, el ‘guion sexual’ que muchas personas siguen (y que se alimenta por la pornografía y la falta de educación sexual integral) posiciona al hombre como el actor principal y a la mujer como espectadora pasiva del acto sexual, sostuvo.
¿Por qué surge la brecha orgásmica?
De acuerdo con la sexóloga y profesora, especializada en este tema, Dayleen Ortiz Contreras, desde un punto de vista sociocultural, la brecha orgásmica puede verse influenciada por la heteronormatividad y los roles de género, ya que se mantiene una inequidad sustancial en los aspectos de la sexualidad.
A modo de ejemplo dijo que a las niñas se les enseña desde pequeñas a pensar que su sexualidad es algo que puede traer efectos negativos: embarazos no deseados, violencia, enfermedades y sentimiento de culpa. Por lo tanto, “por causa de estos mismos constructos sociales de la sexualidad y el género, se toma por sentado el placer de la mujer; estableciendo que el fin del orgasmo femenino es incidental y no por provocarles tal satisfacción”, detalló.
En el 2023 investigó la frecuencia orgásmica en una muestra de 26 parejas heterosexuales puertorriqueñas y vio resultados que apuntaban que al 75 por ciento de los hombres estaba en desacuerdo con tener “dificultad para alcanzar el orgasmo en una relación coital (pene-vagina)”, mientras que un 13.4 por ciento de las mujeres estaba en acuerdo. Demostrando una disparidad en el alcance del orgasmo en una relación sexual pene-vagina.
La sexóloga Alexandra Vélez, fundadora de la plataforma Te Vienes o Te Va, enfatizó en que a través de esta disparidad el placer se dirige a satisfacer las necesidades del hombre, ya sea por la falta de educación sexual o una mirada coitocentrista (en la que se prioriza la penetración.)
“Son muchos los andamiajes, tabúes y barreras que aún existen para alcanzar el orgasmo. Todos estos mensajes que tenemos en la mente, que van desde aspectos religiosos que no nos permiten expresar el placer, hasta una sociedad que explota el cuerpo de la mujer al ser hipersexualizada”, comentó.
“Hay cosas que ya se han naturalizado y concretizado, así que romper con eso es un trabajo de día a día. Esto no es de la noche a la mañana, porque son años en los que la cultura popular no reflejaba que una mujer pudiera tomar control de su cuerpo y placer”, agregó la sexóloga.
Un ejemplo que mencionó es el de escenas de películas en las cuales el hombre aún sigue ejerciendo la dinámica de control, en ocasiones, mostrándolo arriba de la mujer.
Siete de cada diez mujeres tiene dificultad a la hora de alcanzar un orgasmo, según una encuesta realizada el año pasado en España.
Desafortunadamente muchas mujeres y personas con vulva han crecido con vergüenza, miedo o desinformación sobre su propio cuerpo, señaló Reyes. Ante esto, no se les enseña a explorarse, a descubrir lo que les gusta o a ponerle palabras a su placer.
“Entonces, ¿cómo lo comunico si ni yo sé lo que me gusta? La comunicación erótica se ve afectada. Si no sé lo que me gusta, no te lo puedo pedir, y a veces ni me atrevo a explorarlo sola, mucho menos contigo. Así se construye un silencio incómodo entre el deseo y la acción”, comentó la educadora sexual.
Pero resulta interesante que cuando se saca al hombre cis-heterosexual de estas dinámicas las estadísticas cambian, aseguró. Algunos estudios confirman que las mujeres lesbianas, y otras dentro de la comunidad LGBTQ+, tienen más orgasmos que las mujeres heterosexuales.
Las investigaciones reconocen, además, que los hombres gays alcanzaban el orgasmo en el 89 por ciento de sus encuentros sexuales, las personas bisexuales en hasta un 88 por ciento y mujeres lesbianas en un 86 por ciento.
Así es como la estructura de poder, los roles de género tradicionales y el enfoque coito-céntrico tienen mucho que ver, reiteró Reyes.
“Todavía arrastramos la idea de que el hombre es quien ‘conduce’ el encuentro y que la mujer debe ser receptiva, pasiva, sumisa y eso no ayuda. Cuando no hay espacio para el deseo mutuo, para el consentimiento activo y para la exploración sin juicio, el orgasmo femenino queda rezagado y con él una parte fundamental de nuestra salud sexual”, puntualizó.
Pese a que el clítoris, por ejemplo, tiene como función proporcionar placer gracias a sus más de 8,000 terminaciones nerviosas, el no reconocer su importancia puede darle otra explicación a la brecha orgásmica, hizo hincapié Ortiz Contrera.
La literatura coincide en que las mujeres heterosexuales no reciben estimulación suficiente (o ninguna) en el clítoris como para provocar y alcanzar el orgasmo estando, particularmante, con una pareja del sexo opuesto.
“El tabú de la brecha orgásmica y muchos otros temas relacionados a la sexualidad son producto de un sistema educativo heteronormativo y conservador, que a vez promueve la idea de que la sexualidad es únicamente para fines reproductivos. Esto no solo invisibiliza otras maneras de relacionarse, sino que rechaza la salud sexual como un derecho que también reconoce el disfrute de relaciones sexuales placenteras y seguras”, expuso la profesora.
La carencia de educación sexual en las instituciones representa un gran reto a la hora de abordar la salud sexual. De hecho, aún se enfoca exclusivamente en el sistema reproductivo y la abstinencia como el “método anticonceptivo por excelencia”, dijo.
Esto cuando ya desde los 10 años, los niños y niñas comienzan a incurrir en prácticas sexuales sin conocer su cuerpo, su funcionamiento ni los efectos de no saber manejar los impulsos ni la curiosidad sexual a nivel físico, emocional e interpersonal, concluyó.
Desmoronar la brecha orgásmica significa darle protagonismo a otras formas de estímulo, como lo es el sexo oral, manual, uso de juguetes, besos prolongados, fantasías, entre otros. Todo aquello que atienda el placer de la mujer, finalizó Reyes.




