Que una persona se perciba con menos edad de la que tiene es un tema que trae consigo críticas y debates entre la sociedad. Sin embargo, la ciencia confirma que los adultos que se sienten más jóvenes, por sus estilos de vida y prácticas diarias, pueden tener mejor salud emocional y cognitiva. 

La edad subjetiva es la “diferencia entre la edad cronológica y cómo se siente una persona”, de acuerdo con la psicóloga Alice Pérez Fernández

Se trata de la autopercepción de una edad menor y se ha asociado con cambios positivos sobre el cerebro humano, pues, por mucho tiempo, el envejecimiento se transformó en una connotación negativa para la sociedad. 

Sentirse más joven puede hacer que el cerebro pueda ser más joven”, mencionó Pérez Fernández. 

Sobre esto, el estudio Feeling How Old I Am: Subjective Age Is Associated With Estimated Brain Age demuestra cómo el cerebro puede tener cambios positivos, tanto a nivel biológico como mental.

“Nuestros hallazgos sugieren que la experiencia subjetiva del envejecimiento está estrechamente relacionada con el proceso de envejecimiento cerebral y subraya los mecanismos neurobiológicos de la edad subjetiva como un marcador importante de la salud neurocognitiva tardía”, se enfatizan en las observaciones de la investigación.

Los investigadores coinciden en que, el sentirse más joven y llevar a cabo actividades que lo promuevan, tiene efectos sobre las estructuras cerebrales, como lo es sobre el sistema dopaminérgico fronestrital, el cual desempeña un papel central en la explicación del envejecimiento cerebral saludable y el deterioro cognitivo. 

La edad subjetiva permite que una persona no se limite al aprendizaje, el ejercitarse, alimentarse mejor y tener consciencia, además, de su salud mental. 

La doctora Nixia Ordaya Quigley, psicóloga clínica, dijo a Es Mental que la edad subjetiva fomenta que un individuo pueda buscar -a tiempo- herramientas para el cuidado de su salud física y mental. 

La edad subjetiva ayuda a saber cómo tú sostienes tu calidad de vida, particularmente en la búsqueda de servicios. ‘Me quiero sentir bien, por eso hago cambios en mi vida y busco las herramientas para sentirme así’”, señaló Ordaya Quigley.

En el caso de los servicios de salud mental, por ejemplo, los profesionales pueden llegar a convertirse en un apoyo para estas personas, particularmente, a la hora de combatir la soledad, cuyas implicaciones incluyen depresión y ansiedad entre la población de adultos mayores.

“La soledad tiene un impacto significativo, pues somos seres sociales desde que nacemos. Por eso, nuestros proveedores de servicio también se vuelven una compañía en ese proceso”, comentó la doctora.

Por su parte, Pérez Fernández recordó, también, que la edad subjetiva permite que una persona pueda darse la oportunidad de aprender algo nuevo, comience un emprendimiento en cualquier etapa de la vida, haga ejercicios, esté socialmente activo e, incluso, no deje de un lado la exploración de su sexualidad, ya que, sin importar la edad, es un tema importante.

“Sé que no tengo 20 años, pero puedo aprender nuevas cosas. Solo tengo que saber que el aprendizaje es distinto. Hay aprendizaje, en cualquier etapa del desarrollo. Lo que cambia es el modo de cómo aprendemos”, subrayó.

¿Percepción engañosa o edad subjetiva? 

No obstante, de no tener el autoreconocimiento objetivo de la edad, se puede llegar a una “percepción engañosa disfuncional”, sostuvo Pérez Fernández.

Es la otra cara de la moneda: el no aceptar la edad cronológica, lo que también puede tener efectos negativos en la salud en general. 

Como podría ser el exponerse a actividades peligrosas, pues no corresponden o son acordes con la edad, cometer errores financieros y una toma de decisiones poco responsable. 

“Cuando no puedo hacer ese reconocimiento, es cuando tengo problemas, pues no tengo esa edad ni corresponde. Mi funcionalidad física y mental se va a ver muy afectada”, argumentó la psicóloga. 

Si hay una percepción engañosa de la edad, varios procesos patológicos podrían estar atados. Es decir, “el sujeto puede estar experimentando regresiones, demencia, esquizofrenia, entre otros”.

Aquí es cuando es transcendental trabajar la patología con el individuo y “entrar en un proceso terapéutico de su etapa de desarrollo”, precisó.

Cada etapa de vida tiene su esplendor y, ante esto, Ordaya Quigley invitó a las personas a no tenerle miedo al envejecimiento, más bien, a reflexionar acerca de cómo desean vivir la adultez; cuáles prácticas, actitudes y comportamientos son necesarios cambiar para gozar de bienestar.

De manera similar, Pérez Fernández recomendó a los ciudadanos a aprender a amarse tal cual son y reconocer que cada etapa de vida tiene sus aspectos positivos.