Una doula de la muerte o del final de la vida es una profesional que asiste a personas en etapas terminales o las ayudan a enfrentar un diagnóstico de una enfermedad o condición de salud que pudiese ser mortal. Asimismo, durante este proceso, sirven de apoyo para los familiares y núcleo principal de la persona en cuestión.

El término doula es utilizado desde la década de 1980 en relación con el parto y la atención posparto. El fenómeno se comenzó a usar también para la atención de personas en etapas terminales a finales de 1990, según la Asociación Americana del Envejecimiento. Sin embargo, este cuidado es una práctica que se lleva a cabo desde la antigüedad y que queda registrada dentro de la historia de muchas civilizaciones indígenas, de acuerdo a la doula de la muerte, Wilka Roig Rivera. 

Asimismo, Roig Rivera explicó que es un empleo que se llevaba a cabo a nivel comunal. Es decir, familiares, vecinos, líderes espirituales o personas del círculo cercano de la persona eran quienes se encargaban de prepararlos para este nuevo ciclo. De manera similar, Deanna Cochran, una ex enfermera de hospicio, fue una de las primeras personas en desarrollar oficialmente el concepto de cuidado de doula de la muerte después de acompañar a su madre en su viaje a través de la enfermedad y la muerte, de acuerdo a la misma Asociación

“Los egipcios, los budistas, los mayas todos pensaban que la vida no terminaba con la muerte. Hay que trabajar en que el ser humano comprenda en la etapa en la que está. Lo físico es algo pasajero, pero la parte emocional se queda”, indicó el asesor espiritual y acompañante, Miguel Selva Robles al coincidir con Roig Rivera. 

Cabe recalcar, una doula de la muerte no es lo mismo que un psicólogo, psiquiatra ni terapista. Tampoco, es lo mismo que el cuidado paliativo, especificó la también doula Sasha Spirchagova. Se trata de un profesional que acompaña a la persona, específicamente para prepararse para esta etapa en términos de personas iguales, dijo Roig Rivera. O sea, son considerados como que están al mismo nivel de respeto y control del proceso. El mismo es uno guiado según las necesidades y los deseos de la persona atendida y de su familia, dijo Roig Rivera. Los beneficios de estos servicios recaen en acompañar a las personas durante los momentos “finales” y proveer las herramientas necesarias para darle la bienvenida a un nuevo ciclo, estableció Selva Robles. 

Muchas veces las personas solo se encargan de lo físico y se olvidan de los recuerdos, el ciclo de la vida, lo que van a dejar en la vida y sus seres queridos, especificó Selva Robles. Un doula ayuda a las personas con preguntas más allá de la salud física como: ¿qué voy a dejar?, ¿por qué  lo voy a dejar?, ¿estaré preparado para entrar a otra dimensión o al cielo?, entre otras interrogantes que pudiesen provocar estresores adicionales a los físicos. 

Aún existe el tabú

Tanto en Puerto Rico como en otros países, latinoamericanos y europeos, hay un tabú que arropa al concepto de la muerte, afirmaron las doulas entrevistadas. Asimismo, no se educa sobre la importancia de servicios más allá de lo físico en etapas terminales, concordaron. Estas barreras interrumpen la divulgación de información sobre la existencia de estos profesionales y promueven el miedo hacia la muerte, confirmaron todas.

En el caso de Puerto Rico, Selva Robles no está certificado como doula de muerte. No obstante, ofrece servicios similares desde una facilidad multidisciplinaria de servicios paliativos del programa de Medicare en Puerto Rico. Según su experiencia, en la Isla existen servicios de doula de parte de miembros de la comunidad, familiares y vecinos, como solía ser en la antigüedad. “Siempre hay alguien dispuesto a ayudar”, confirmó. 

No obstante, Selva Robles aseguró que no se informa sobre la existencia de estas personas ni se han diseñado programas de estudios para formarlas a nivel profesional y mejorar sus servicios. De hecho, con excepción de Selva Robles, todas las profesionales mencionadas a continuación tuvieron que acudir a Estados Unidos para prepararse como doulas certificadas a través de la Asociación Internacional de Doulas de Muerte (INELDA por sus siglas en inglés) por la falta de recursos educativos.

Asimismo, la doula puertorriqueña Roig Rivera explicó que, según su experiencia, no ha conocido a doulas certificadas en Puerto Rico. Actualmente, ejerce sus funciones desde México donde encontró carencias similares en cuanto a la falta de recursos educativos y servicios. Por este motivo, fundó la Fundación Elizabeth Kubler Ross, una escuela de capacitación para doulas de muerte para hispanas, siendo una de las pioneras de la profesión en Latinoamérica.  

Mientras, desde Brasil la doula Spirchagova, indicó que en su país de origen, Rusia, existen servicios de este tipo, pero en el país lusófono donde vive no es considerado como un trabajo por el que se debe de pagar. De hecho, confirmó que hasta hace 4 o 5 años no existían instituciones en Brasil para formar a estas profesionales y hasta el día de hoy no hay centros que ofrezcan estos servicios. Según la experiencia de Spirchagova, cuando se preparó para ser doula, estaba rodeada de personas con carreras en trabajo social, psicología, enfermería, entre otras. La preparación como doula es visto como algo complementario, pero no una profesión de por sí, ni mucho menos un servicio oficial y completo, afirmó.

Tal como en Brasil, en Alemania tampoco se considera un servicio digno de remuneración, confirmó la primera doula certificada en el país Carmen Scherich. Al igual que Spirchagova quien se especializó en servicios paliativos, Scherich tuvo que estudiar geriatría para poder ganar dinero de su pasión. Ambas profesionales usan sus capacidades como doula para enriquecer sus servicios profesionales, pero no han podido ejercer solo como doulas. 

Todas las doulas indicaron que lamentablemente se trata de una profesión no regulada. Scherich explicó que en el caso de Alemania, el sistema de salud evita que las personas mueran en sus hogares, razón por la que la costumbre de un vecino, familiar o miembro de la comunidad ejercer como doula nunca existió, factor que limita aún más la disponibilidad de las personas a recibir estos servicios.

Por encima de esto, no hay educación sobre estos servicios en Alemania. Más aún, las personas llegan a cuidado paliativo cuando les quedan máximo cinco semanas. Lo correcto debería ser recibir atención multidisciplinaria para entrar a una nueva fase de vida por al menos seis meses, especificó. 

En este marco, Selva Robles también afirmó que, a pesar de que muchos profesionales están empezando a ver la importancia de las doulas en Puerto Rico acuden a sus servicios muy tarde. “No pasamos más de seis meses con un paciente. El poco tiempo y el deterioro de la persona imposibilita que se le pueda ofrecer la atención adecuada y completa”, informó. Es necesario que se preparen a las personas de antemano cuando son diagnosticados con condiciones o enfermedades que pudiesen ser terminales, especificó.

A pesar de las limitaciones y obstáculos mencionados por los profesionales, según las estadísticas de la Alianza Nacional del Fin de la Vida (NEDA por sus siglas en inglés), los números de doulas de muerte han aumentado significativamente en los últimos años. La organización fijada en apoyar a doulas de la muerte, reportó en 2020 un aumento del 650% en su membresía de doula desde 2019, aumentando de 200 a 1300 miembros. Este aumento continuó  en 2021 con la pandemia cuando más de 1000 miembros se sumaron. 

Una persona que está cercana a la muerte está pensando en el valor de su vida, su impacto, asuntos no resueltos, decisiones tomadas, errores cometidos, entre otros pensamientos que pueden resultar pesados cargar a solas”, comentó Roig Rivera al indicar la importancia de estos servicios. 

Se trata de un acompañante compasivo y defensor de los derechos y dignidad de las personas en esta transición ya sea duelo, pérdida o al final de la vida, concluyó.