Experimentar violencia, en cualquiera de sus manifestaciones, es algo que nadie desea, ya que no solamente afecta a las partes involucradas en una situación, sino que tiene también un impacto en los vínculos familiares, el espacio de trabajo o académico, así como en las amistades. Pero, entonces, ¿qué sucede si la persona responsable de una agresión es un amigo o amiga? 

De acuerdo con la psicóloga Alice Fernández, es importante evaluar la situación y no dar por sentado que porque es “mi amigo no sería capaz de violentar a otra persona”, ya que se podría  dar paso a la revictimización de la o el sobreviviente de una agresión.

“Si yo me entero de que tengo una amistad que fue o es un agresor y lo considero mi amigo, yo tengo que validar lo que me hace cercano a esta persona, pero el validarlo no significa que me voy a cegar ante las posibilidades de lo que esta persona pueda llegar a hacer”, explicó Es Mental la profesional de salud mental.

Dijo, asimismo, que el amigo o amiga debe ver también sus valores con respecto a lo que se alega hizo el agresor. 

“¿Cómo yo me siento respecto a esto? Porque en un valor de justicia yo tendría que decirle a esta persona: ‘Esto que estás haciendo no es compatible con lo que pienso, y menos lo válido’, Es cuestión de que la persona pueda tomar la decisión y no hacerse cómplice», añadió.

Como ejemplo sostuvo que muchas veces hay individuos que en espacios como las redes sociales salen a defender la amistad (ante alegaciones) sin evaluar la acción cometida. 

“Caen en un proceso de revictimización total a la otra persona. Aseguran ‘eso es por venganza’  o ‘hubo consentimiento en cierto momento’, y por ahí queremos atar todo, pero nada justifica una agresión y menos una sexual«, tildó Fernández.  

Por otro lado, la trabajadora social Areida Ginés explicó que independientemente el lazo de amistad debe considerarse la peligrosidad que representa no indagar sobre la acusación y permanecer en silencio ante las dudas o el miedo que pueda aparecer al momento, ya que también este amigo o amiga puede experimentar repercusiones a su salud física y emocional.

“Pueden llegar a sentirse decepcionados, frustrados y hasta experimentar un sentido de impotencia por no haber visto ni notado lo que era su amigo o amiga. En ocasiones, si era una amistad bien cercana, la persona puede experimentar depresión, ansiedad y miedo”, dijo. 

Coincidiendo con lo expuesto por Ginés, la psicóloga clínica, la doctora Lydia Pérez, aseguró que los amigos o amigas pueden llegar a sentirse responsables de que algo terrible ocurra y si son testigos o escuchan relatos del evento, pueden sentirse intimidados y hasta agobiados.

“Todas y todos somos responsables de aportar y erradicar la violencia. Por tanto, es mi responsabilidad, en mi rol de amigo, ofrecerle orientación de que sus acciones violentas no son correctas y cómo esto le afecta y cómo afectará a otras personas”, expresó.

Fernández apuntó a que si es una amistad verdadera la persona debe hacerse presente para escuchar y ser empática con las emociones, pero esto no implica justificar lo que ocurrió.

“Los amigos deben decirnos las cosas buenas y las malas. No para, como dicen por ahí, endulzar la píldora. No es darle riendas sueltas a que continúe haciendo una conducta  impropia, eso no es un amigo”, contó. 

Finalmente, Ginés recomendó servir como herramienta de ayuda para su amigo o amiga, aconsejar sobre la búsqueda de servicios con profesionales de la salud mental, consultar a las líneas de ayuda, y si la vida de alguien está en inminente peligro, comunicarse con las autoridades pertinentes.

“Es importante que se pueda hablar, pero sobre todo saber escuchar a la otra persona pacientemente. Como amigo se debe evitar juzgar y utilizar la comunicación para establecer las consecuencias claras de cómo su conducta va a tener una repercusión física, emocional y legal”, concluyó.