“Nací mujer así que, me imagino que ¿soy mujer?”. Esta fue de las primeras interrogantes que se hizo une estudiante de ciencias políticas de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, al describir su proceso de identificarse como una persona no binaria.

Asimismo, le alumne que eligió permanecer anónime explicó cómo, a diferencia de las personas que, desde su nacimiento, se sienten identificadas y empoderadas por el género asignado por sus genitales, elle nunca se percibió como mujer

Por su parte, la sexóloga Aisha Molina Calderón definió a una persona no binaria como una que no se identifica con los géneros binarios, es decir, masculino y femenino. Por ende, esta persona no se define como totalmente femenino ni masculino. 

Sin embargo, estableció que hay distintas maneras de manifestarlo. Como por ejemplo, que la persona se exprese entremedio de ambos géneros, alternando entre lo femenino y lo masculino, o manifestándose de manera simultánea. También, la persona se puede identificar como ninguna de las dos, ni hombre ni mujer.

La resistencia ante esta comunidad se debe a la complejidad de su expresión de género, pues no todos lo van a poder entender inicialmente, destacó la también sexopedagoga. 

La resistencia ante la comunidad

La comunidad en general puede señalar que las personas no binarias tienen problemas de identidad o que han pasado por algún trauma en su vida que se está reflejando mediante ello y no necesariamente es así, detalló Molina Calderón. 

Por otro lado, agregó que otras personas consideran que el identificarse como no binaria es únicamente una etapa en la vida de los individuos como seres sexuales o que es un intento por llamar la atención.

Sin embargo, aclaró que una persona no binaria es una persona no conforme con lo que se describe y estereotipa como los géneros masculinos y femeninos. Resaltó que el que las personas no binarias sean una confrontación a lo que la sociedad define como aceptable invita a muchos a la resistencia y al discrimen ante esta comunidad.

De manera similar, señaló que el ser no binario en una sociedad heteronormativa y binaria pudiese tener repercusiones en la salud mental de una persona por el rechazo o la exigencia constante, tanto de parte de conocidos como desconocidos, a tener que aliarse a uno de los dos bandos.

Similarmente, le estudiante coincidió con la descripción de la sexóloga y aceptó haber sufrido de problemas de identidad, no por falta de claridad en el ser no binarie, sino por el rechazo de las personas a su alrededor ante su identificación de género. 

Un estudio realizado por el Proyecto Trevor, donde participaron 35 mil jóvenes entre las edades de 13 a 24 años, reveló que un 25% de los participantes se identificó con ser no binarios y un 20% admitió no estar seguros si son no binarios, lo que representa un 45% de personas que pudiesen formar parte de esta comunidad marginalizada.

No obstante, Molina Calderón dijo que este cuestionamiento no es un problema, sino que un acto de valentía digno de admiración, pues es la búsqueda por definir la expresión de género cómo algo propio y no de la sociedad.

Ejemplificó que las celebraciones para revelar el género de un bebé, decorar el cuarto de rosita y azul y nombrar a las personas en base a sus genitales son todos aspectos que corresponden a lo binario.

Similarmente, los genitales con los que uno nace pueden hacer la diferencia entre cómo uno se viste, qué estudia, cómo es percibido o percibida socialmente, entre otros aspectos que continúan a problematizar esta identificación de género.

Subrayó que la falta de entendimiento y práctica del uso de pronombres elegidos, y no impuestos por los genitales de nacimiento, también obstruye la aceptación de esta comunidad. De manera similar, dijo que al entes como la Real Academia Española no aceptar a “elle” como un pronombre ni acoger al lenguaje inclusivo como parte del vocabulario estipulado como “correcto” promueven igualmente que no se reconozca a la identidad de estas personas como una con el mismo peso que femenino y masculino.

En el caso de la persona entrevistada por Es Mental, describió como el uso de pronombres no relacionados a sus genitales le facilitó su autoaceptación y el poder sentirse cómode consigo misme. Destacó que no fue hasta que inició a desarrollar relaciones amorosas y entró a la comunidad LGBTQ+ que pudo gozar de esta satisfacción de poder identificarse como se sentía, no binarie.

Sin embargo, en concordancia con lo establecido por la sexóloga, también admitió sentirse juzgade por los demás al usar pronombres masculinos o no binarios, como el elle.

“Las personas miran y ponen caras, así que, a veces, prefiero no usar los pronombres con los que me pudiese identificar para no incomodar”, aceptó con vergüenza le entrevistade al también criticar que por evitar darle explicaciones sobre su identidad de género a otros que le pudiesen juzgar no logra poderse manifestar como quisiera. 

Asimismo, aceptó que en documentación formal, muchas veces no ofrecen la opción de persona no binaria o si existe la opción, pero se siente incomode al categorizarse de esa manera por miedo a las represalias que pudiese traer el discrimen. 

Explicó que muchas personas dentro de la comunidad no binaria caen dentro de estas mismas circunstancias y que, el preferir esconder en lugar de enseñar es parte de la razón por la que no hay tanta aceptación social.