Imagina que vas de camino a tu trabajo en un día típico de tu vida, pero de repente se estalla una de las gomas del auto. Ante la situación, podrías buscar soluciones inmediatas o, en otro escenario, tener pensamientos irracionales que pueden influir en tus emociones. A esto se le denomina distorsión cognitiva.

Sobre el tema, Es Mental conversó con el psicólogo Johnny F. Rullán

Las distorsiones cognitivas son pensamientos irracionales o desviados de la realidad, que filtran la interpretación de las cosas que ocurren e inciden sobre las emociones. Aunque todas las personas pueden experimentarlas, sus manifestaciones más extremas podrían ser perjudiciales, explicó el especialista.

Incluso, algunas pueden estar detrás de muchos síntomas de salud mental, por lo que es común trabajar con estas en psicoterapia. 

Las distorsiones cognitivas, además, tienen que ver mucho con la crianza de una persona, en especial si ha tenido experiencias adversas que hayan alterado el modo de ver e interpretar la vida, detalló Rullán.

Fue para el 1967 cuando fueron definidas por primera vez por el famoso psiquiatra estadounidense, Aaron T. Beck, una influencia importante para el campo de la psicología. 

No obstante, en 1980, el psiquiatra David Burns, amplió lo descrito previamente por Beck y, entre el periodo del 1992 al 1999, otros estudiosos del comportamiento humano identificaron nuevos tipos de distorsiones cognitivas. Por lo que hoy son diversas las distorsiones cognitivas que se reconocen, subraya la Enciclopedia de Terapia Cognitivo-Conductual.

Las principales distorsiones cognitivas

Entre las principales se encuentran la magnificación o minimización, en la que se pueden llegar a exagerar eventos de la vida, más allá de una amenaza real o minimizarlos, al punto de que no se acredite la importancia del suceso. 

Rullán mencionó, a modo de ejemplo, una persona a la cual se le revienta una goma mientras va al trabajo y en la mente comienzan a surgir pensamientos como “voy a llegar tarde al trabajo y, por eso, me van a botar”, así como otras.

Empezamos a hacer como un efecto bola de nieve, anticipando las peores consecuencias, cuando realmente lo único que ha sucedido es que se ha explotado una goma y eso tiene solución”, explicó el licenciado. 

En otros casos, se tiende a reducir la importancia de lo que ocurre, como lo podría ser el hecho de minimizar los síntomas clínicos de alguna enfermedad de salud mental porque se considera que “todo está bien”. 

La sobregeneralización es otra de las distorsiones comunes y en esta, en particular, ocurren interpretaciones amplificadas de un solo evento, como lo podría ser tener una mala calificación en un examen y ya por esto considerar que se es un fracaso como estudiante.

Cogemos un evento o un solo incidente y extendemos y amplificamos la interpretación como si fuera la regla, pero solo fue un suceso”, dijo.

Por otro lado, se encuentra la personalización, que apunta a la creencia de que se es responsable por eventos que están fuera de control. 

“Uno asume que las cosas son por culpa de uno, cuando no guarda ninguna relación o están totalmente fuera de tu control”, explicó Rullán. 

Para ilustrarlo, habló de una persona que quizá llega a un espacio de trabajo y como ve a todos desanimados, cree que es por su presencia. 

Similar a esta lo es la distorsión cognitiva de llegar a conclusiones, por la cual se tiende a interpretar el significado de una situación cuando ni siquiera se tiene evidencia sobre ello. 

Un clásico ejemplo de esto es cuando se asume que un gesto o una mirada significa algo en particular o se pretende leer la mente de otra persona, dijo el psicólogo. 

En la comunicación no verbal, como lo son las conversaciones a través de mensajería de texto, pudiese darse este tipo de distorsión cognitiva. 

Describiéndola, Rullán apuntó a un individuo que lee un mensaje de texto y mal interpreta que la otra persona está gritándole, cuando quizá ni es la intención real.

Por otro lado, el llamado razonamiento emocional, con el que se crean suposiciones de que las emociones reflejan cómo las cosas son verdaderamente o que la emoción es una fuente fidedigna de información. 

“Una forma de ejemplificar esto es un pensamiento por la línea de que ‘yo me siento un mal amigo, por ende, debo ser, un mal amigo’”, mencionó.

Asimismo, está la polarización, que se caracteriza por el pensamiento de “todo o nada” o pensar en absolutos, con frases como “siempre”, “nunca”, “nadie”, “todo el mundo”.

“Un ejemplo pudiese ser: como yo no tengo un trastorno de salud mental, pues, entonces, yo no me beneficiaría de psicoterapia”. Las cosas se ven blanco o negro, no existen grises entre medio y eso puede ser bien perjudicial para la salud mental’’, puntualizó el profesional. 

El sesgo de la confirmación es otra distorsión cognitiva, caracterizada por interpretar eventos enfocándose en confirmar ciertas creencias.