La complejidad de la identidad racial de los puertorriqueños y puertorriqueñas, y las estructuras sociales que perpetúan el racismo hacen que la tonalidad del color de la piel influyan directamente en la calidad de vida de las personas en Puerto Rico, según sostienen investigaciones recientes sobre el tema.

Investigadoras e investigadores entrevistados reconocen que han habido importantes avances en los últimos años, pero señalan que aún se enfrentan retos significativos. 

Para el doctor José Caraballo Cueto, profesor de la Universidad de Puerto Rico, la identidad racial en la Isla sigue siendo un concepto complejo y a menudo mal definido. 

Los puertorriqueños no tienen claro cuál es su identidad racial porque, por un lado, el estado les impone unas categorías que no les hacen mucho sentido y, por otro lado, el gobierno local ha promovido la idea de que somos una mezcla de tres razas, como si hubiesen entrado en una batidora y saliera una sola raza”, explicó.

Señaló que, en su investigación con la doctora Isar Godreau, halló que la tonalidad de piel influye directamente en la calidad de vida de las personas, incluso después de controlar factores como ingresos y educación. Es decir, al comparar personas con los mismos ingresos y nivel de escolaridad, la única diferencia que queda es la tonalidad de piel y ahí es que traspasa la desigualdad.

Las personas de tez oscura en Puerto Rico tienen niveles de salud por debajo de las personas de tez clara con las mismas características”, señaló, evidenciando el impacto del racismo estructural.

Mayra Santos Febres, escritora e investigadora principal del Centro de Estudios de Afrodescendientes de la UPR, también reconoce avances. Aplaudió iniciativas como la guía educativa Sankofa y la creación de la concentración en Estudios Afrodescendientes en la UPR. No obstante, enfatizó en las barreras persistentes. 

“Eso está cambiando y está cambiando rápido”, afirmó, mencionando la Ley 24 del 2021, que reconoce el racismo sistémico y obliga a las agencias gubernamentales a crear programas para su erradicación. 

El racismo como problema estructural

A pesar de los avances legislativos y académicos en el reconocimiento de la afrodescendencia en Puerto Rico, las limitaciones en la aceptación de la identidad racial siguen siendo evidentes. Para Santos Febres, el problema no radica únicamente en el reconocimiento del racismo, sino en la falta de recursos concretos para la comunidad negra.

El racismo no es un problema moral, es un problema estructural. Yo no tengo problema con que alguien me grite por la calle ‘negra sucia’, eso duele, pero no es lo importante. El problema es que si quiero presentar una querella por acoso racial, no tengo a dónde ir”, denunció la investigadora.

No hay una oficina étnico-racial donde yo pueda presentar una querella por acoso racial. No hay un protocolo para eso”, lamentó.

Para Santos Febres, el racismo en Puerto Rico no es solo una cuestión de actitudes individuales, sino una estructura de exclusión histórica que aún persiste.

Mientras existen oficinas dedicadas a la protección de mujeres, niños, envejecientes y personas con discapacidad, no hay una estructura gubernamental que atienda específicamente los casos de discriminación racial, afirmó.

Santos Febres señaló que esta ausencia es una violación de derechos fundamentales. 

“Todos los ciudadanos deberían tener mecanismos de defensa ante la ley, pero en Puerto Rico la comunidad con tez negra no tiene un espacio donde denunciar discriminación. Eso perpetúa la idea de que el racismo no existe y que no hay víctimas que necesiten protección”, explicó.

Este vacío institucional evidencia lo que la investigadora describe como un “privilegio intocable de supremacía blanca”, que se mantiene no solo a través del color de piel, sino mediante el acceso a derechos básicos.

Los blancos pobres también existen, por eso digo que los blancos no existen como grupo homogéneo. Pero la blanquitud, ese estado de privilegio, es intocable. Y eso se refleja en quiénes pueden acceder a la justicia y quiénes no”, enfatizó.

Santos Febres indicó que, mientras no haya una estructura que garantice los derechos de los afrodescendientes, el discurso de que “no hay racismo en Puerto Rico” seguirá siendo una negación peligrosa de la realidad.

¿Cuáles son las perspectivas que arropan a la identidad racial en Puerto Rico?

Santos Febres abordó la identidad racial como un constructo histórico sin fundamento biológico.

“Los blancos no existen hasta que empieza la trata esclavista hacia las Américas”, explicó. Antes de eso, las clasificaciones se basaban en otros criterios, pero no en el color de piel. Con la colonización de las Américas, la racialización determinó quien podía gobernar, poseer tierras o acceder a ciertos trabajos.

En el caso de Puerto Rico, la identidad racial fue marcada por las potencias colonizadoras. Durante la colonización española, se impuso una visión que cristianizaba a los indígenas y los reducía a súbditos de la corona. Con la invasión estadounidense en 1898, la racialización cambió nuevamente.

“Nos racializan como negros. No como indígenas, como negros”,, señaló Santos Febres, enfatizando cómo el nuevo orden colonial catalogó a los puertorriqueños como “black and brown people”. Documentos de la época, como el libro «Our Island and Their People», evidencian esta clasificación. A partir de ahí, se aplicaron en la isla las mismas leyes segregacionistas que en Estados Unidos.

El discurso oficial en Puerto Rico ha perpetuado la idea de una nación homogénea, donde la mezcla de tres razas –taínos, africanos y españoles– define la identidad. Sin embargo, según Santos Febres, esta construcción es una forma de negación del racismo.

“Decir que: ‘Somos una mezcla, así que no hay racismo, pero todos somos blancos’ es una concepción racista, aunque sea en contra de la colonización gringa”, marcó.

Esta visión, promovida por las instituciones desde la década de 1930, buscaba consolidar una identidad nacional mientras ignoraba las desigualdades raciales existentes.

Desde la academia y los movimientos antirracistas, han surgido otras perspectivas que desafían esta narrativa. Santos Febres mencionó la visión de pensadores como Ramón Emeterio Betances y Waldo de Castro, quienes planteaban una nación donde la hermandad entre negros y blancos fuera la base de los pactos sociales.

Además, propone una identidad transnacional, en la que Puerto Rico se vincule con los pueblos afrocaribeños y afrodescendientes de América Latina, reconociendo la afrodescendencia más allá del color de piel. “Todo el pueblo puertorriqueño es afrodescendiente a niveles culturales, históricos y sociales”.

La construcción de la identidad racial en Puerto Rico a veces se ve desafiada cuando los puertorriqueños emigran a Estados Unidos, dijo Carballo Cueto.

“Allá ven todo el debate racial y empiezan a asumir postura: ‘No, yo soy hispano, soy negro, soy de otra raza’”, comentó Carballo Cueto. 

“En Puerto Rico, en el imaginario colectivo, básicamente hay una raza que es la mezcla de españoles, indios y taínos, pero en los últimos años ha habido un proceso de concientizar a la ciudadanía afrodescendiente y de reconocer que aquí hay desde personas bien blancas hasta personas bien oscuras, y que es más un espectro que una raza homogénea”, mantuvo.

Sin embargo, más allá de la identificación personal, el racismo sigue operando como un sistema de desigualdad.

Es una herencia del colonialismo, sobre todo español, que estableció aquí unas castas basadas en la tonalidad de piel. Los negros eran esclavos y objetos de sus dueños, los blancos eran los dueños, y los taínos ni siquiera merecían vivir, por eso los mataron”, expuso. 

“Esa jerarquía social basada en la piel y otros rasgos raciales creó un sistema racista en Puerto Rico donde las personas blancas tienen privilegios que no tienen las personas oscuras. Y aunque se abolió la esclavitud, esa mentalidad sigue percolando en nuestra sociedad”, destacó el experto.

En el ámbito académico, el estudio de la identidad racial en Puerto Rico ha sido profundo y diversos investigadores han abordado el tema desde distintos ángulos. Sin embargo, el reto sigue siendo cómo traducir este conocimiento en cambios concretos. «La pregunta es: ¿cuándo dejaremos de pensar en nuestra identidad racial como un mito homogéneo y empezaremos a reconocer las desigualdades que persisten?», se preguntó.

“No hemos logrado la tercera revolución antirracista”, dijo Santos Febres al tiempo que dijo que la lucha por el reconocimiento y la equidad sigue en curso, impulsada por movimientos internacionales y locales que buscan desmantelar siglos de exclusión racial en Puerto Rico.